Las chicas caminaban por los pasillos de la institución aproximándose al ala de medicina para tratar las heridas de la pequeña Furukawa. Natsumi miraba detenidamente a Kai, mientras que Minori acariciaba la cabeza de la pequeña Nanami. Pronto llegaron al lugar y al entrar, vieron a todas las demás bailarinas en las camas siendo tratadas por los jóvenes del grupo de medicina de la institución.
— ¿Nuevo paciente? Déjenla por aquí niñas —Comento Kokomi mientras la castaña la dejaba en la camilla asignada.
— ¿Se salvara? No estoy preparada para llorar todavía —Pregunto Natsumi bajando la cabeza.
— ¡Ni siquiera estoy en riesgo de muerte! —Exclamo Nana, levantándose un poco. Kai y Minori hicieron todo lo posible para contener su risa.
—Estará bien yo me encargare de ella... Y por mí me refiero a ¡Kensuke! —Grito llamando la atención del joven, volviendo a jugar en la tablet.
— ¡Voy! ¡Voy! —Exclamo al otro lado del ala y llego corriendo para ver a la jovencita —Veamos pequeña...
Mientras el habilidoso chico la revisaba la pelirroja se puso a ayudar a la doctora en su juego, las otras dos chicas se sentaron juntas.
— ¿Me vas a pagar los audífonos? —Pregunto la rubia.
—Cuando tu busto se haga pequeño —Burlo la castaña.
Tras decir eso, la pianista comenzó a darle golpes en la cabeza a la jugadora de vóley, Hamada por su parte, respondía a esa perturbación haciéndole cosquillas.
— ¡Detente! —Gritaba Takahashi muriendo de risa —Por favor... Prefiero que me golpees
—No puedo golpearte, tú me ayudaste, pero igual puedo hacerte daño —Respondió sin detenerse la mujer.
—A chicas... —Kensuke murmuro un poco haciendo que ambas se detuvieran —Vengan, Nanami está perfectamente —Dijo sonriendo el muchacho.
—Caramelo rojo hacia la izquierda —Susurro Natsumi al oído de la doctora.
— ¿Segura? Me quedan cinco movimiento y todavía muchas piezas... Es mi última vida de hoy —Respondió Kokomi.
—Confía... —Finalizo la pelirroja poniéndose de pie y caminando hacia donde estaba recostada su amiga.
En cuanto movió las piezas todo en el nivel exploto y sin darse cuenta había ganado, parecía extraño, pero la actitud confiada y relajada de esa extravagante muchacha despertaba gran curiosidad en todos los que la observaban.
—Esa chica es especial —Pensó la mujer celebrando la victoria.
Cuando todos se acercaron la pequeña estaba levantada y sin ningún problema aparente, solo con unas cuantas vendas puestas sobre uno de sus brazos.
— ¿Que le había ocurrido? —Pregunto Minori acercándose a la niña — ¡Tan tiernita y esas locas fueron tan malas contigo! —Exclamo abrazándola.
—Nada simplemente tuvo un traumatismo en el brazo, le puse anti-inflamatorios estará bien en unos días —Respondió el muchacho.
—Gracias Kensuke... Nuevamente te has ganado el favor de la diosa Natsumi —Comento la pelirroja dándole un panecillo.
—Todos son tan amables conmigo —Agradeció la bailarina — ¿Pero qué hay de ellas? ¿Estarán bien? —Pregunto la enana.
—Ellas te lastimaron Nana... Ni siquiera deberían estar siendo tratadas —Dijo la rubia con rabia.
—Puede ser... Pero soy fiel a mi juramente hipocrático, no importa quién sea mi paciente debo ayudarlo —Hablo de forma cool el doctor —Además, no debes preocuparte, con tratamiento todas estarán como nuevas, yo le temería más a los castigos que el director les ponga —Contesto riendo un poco.
—Bastante fiel a su trabajo... Un gran chico y muy amable... Que hombre tan extraño —Pensó con un leve sonrojo —Gracias por todo, creo que es hora de irnos —Termino Kai retirándose junto a sus nuevas compañeras.
— ¡Momento! ¿Puedo verte un momento a ti? —Pregunto el hombre señalando a la castaña.
— ¿Disculpa? Yo no estoy lastimada —Respondió Hamada un poco nerviosa.
—Tu rodilla... La llevo viendo desde que llegaste, creo que tienes algo en ella —Señalo con gran precisión, era un instinto prácticamente natural.
—Estarás equivocado o algo, mi pierna está perfectamente —Comento la jugadora de vóley, ignorando el dolor que había tenido en la mañana.
—Deberías hacerle caso, Kensuke es conocido por su talento para encontrar problemas en los demás —Dijo Kokomi —Hacerte el chequeo no te matara
—Estaré bien... Si tengo cualquier problema no dudare en venir —Finalizo la muchacha retirándose del sitio.
—De acuerdo... Por favor cuídate. —Hablo con gentileza el joven antes de que se marcharan.
— ¡Gracias! —Exclamaron las muchachas al irse del lugar.
Al separarse un poco del ala de enfermería, la pequeña niña les hablo a todas ellas, estaba temblando de la emoción y esto era lógico, paso de sentirse sola triste y abandonada a estar rodeada de compañeras increíbles.
—En serio les agradezco lo que hicieron —Respondió Nanami caminando con calma — ¡Eres mi heroína Kai! —Celebro la enana.
—Gracias por el cumplido pequeñita. Lo volvería a hacer, no soporto las injusticias —Respondió amablemente y con sinceridad la castaña —Y detesto a la gente que se aprovecha de otros
—Yo también te ayudaría cuando lo necesitaras, la gente tierna e inocente como tu debe de protegerse —Dijo Minori abrazando a la pequeñita.
—Mino tiene razón... Así que debes alejarte de ella —Hablo la pelirroja dándole golpesitos a la rubia —Pues es mala
—Cielos Natsu gracias —Regreso con una expresión de molestia Takahashi.
—De nada —Contesto totalmente en serio ante el sarcasmo de su amiga.
—Ustedes son raras... Pero me caen bien —Susurro Hamada.
— ¿Que dijiste? ¿Señor monstruo asesino se nos puso sentimental? —Pregunto Minori con risillas.
— ¡Me refería a Natsumi y Nanami no a ti! —Negó volteando.
—Luego dicen que yo soy la tsundere. —Completo apartando su pelo y cruzando los brazos la rubia.
—Puede que Kai sea un monstruo... Pero ¡Es el monstruo más bonito del mundo! —Hablo inflando sus cachetes Furukawa.
Ante el comentario las chicas se rieron un montón por lo tierna que era su amiga. Después de un largo día de esfuerzo, todos por fin se iban a dormir, aquel pequeño grupo de señoritas habían sido unidas por pura casualidad del destino. Pero así es como las más largas amistades nacen, con pequeños acontecimiento que marcan a las personas para siempre y en aquel lugar tan frio donde solo el talento importaba, la amistad era más necesaria de lo que se pudiera creer.