Capítulo 3: Se quedará para siempre a mi lado

2245 Palabras
Un par de horas antes... Londres Alexander se levanta de una enorme cama del hotel más lujoso de Londres, pues acaba de tener sexo más que satisfactorio con aquella hermosa rubia, del restaurante. Mira la hora, son las 1:00 a.m. Llama a su fiel empleado Víctor, para que venga por él. Se cambia, y antes de salir, se acerca a la rubia, y le dice en tono coqueto: —Nos vemos preciosa. La rubia solo asiente con la cabeza, pues está realmente cansada, por la larga faena de sexo que tuvo con Alexander. Alexander sale, y baja el elevador, y recibe un mensaje de Víctor, que está afuera esperándolo. Sale del lujoso hotel. Y Víctor le dice: —¡Buenas noches, señor! —¡Buena noche, Víctor! Por favor vamos a la casa. —Si señor. 20 minutos más tarde llega a su hermoso Penthouse, y se va directamente a su recámara, y enseguida se mete al baño, prende la regadera, y espera hasta que este lleno de vapor, se mete, toma el jabón líquido, y se enjabona cada centímetro de su perfecto cuerpo, y por último lava, su bien dotado m*****o. Se termina de bañar, se enrolla una toalla en la cadera, y sale, algunas gotas de agua le escurren por su abdomen, va directamente a su vestidor, se seca y se pone su bóxer y se va a dormir. Y por primera vez en la semana duerme más de 5 horas seguidas. Se despierta, y va directamente a su enorme vestidor, se pone un traje n***o, y baja a desayunar. Para Alexander estar bien alimentado es muy importante. Baja y cómo siempre su amada de llaves la señora Cristina, tiene listo su desayuno. —¡Buen día, Señor! —¡Buen día, Cristina! Cómo bien sabes, hoy viajaré a Estados Unidos, y estaré ahí una temporada. Te doy 15 días de vacaciones, para que arregles tus cosas, y en cuanto estés lista viajes. Para a Alexander tener a sus empleados de confianza es de suma importancia, pues no le gustan los extrañamos. —Si señor—contesta Cristina. Ella no se puede negar, pues Alexander le paga los estudios a sus nietos. Alexander termina de desayunar, y se levanta, y le dice a Cristina: —Arréglame una maleta para una semana, y se la das a Víctor, y te depositaré para tu viaje, y en cuanto tengas la información de tu vuelo, se la envías a Víctor, para que te recoja. Nos vemos Cristina. Sale de su Penthouse, baja y ya lo está esperando Víctor, le abre la puerta de su carro, minutos más tarde llegan a mí a «Titán Enterprise». Alexander se baja imponente cómo siempre. Llega a su oficina, y de inmediato le habla a su secretaria. Ella entra despavorida. —Clara, quiero a todo el equipo, en la sala de juntas en 10 minutos, y tráeme los últimos reportes de los egresos. —Si señor—Clara sale, enseguida Alexander, prende su Mac, y revisa todos los pendientes que tiene, pues antes de irse necesita dejar todo en orden. Clara entra, y le informa: —Todos están en la sala de juntas, señor. Se levanta, acomoda su traje, y sale con dirección a la sala de juntas. Llega y todos se levantan, y lo saludan. Alexander no dice nada y se sienta, y comienza a hablar: —Están aquí para informarles que: Me iré de viaje, y estaré fuera una temporada, todo lo manejaremos por videoconferencia, y por correo. —Pero Alexander, apenas estamos desarrollando el nuevo proyecto de telecomunicaciones. ¡Necesitamos tu presencia! Para ver lo de los permisos, los sistemas, bueno todo. ¡No creo que sea un buen momento, para viajar! —¡Perdón Bárbara! No te estoy pidiendo tu permiso, por eso te pago una fortuna, para que tú soluciones ese tipo de cosas. Si no tienen más que decir, se pueden retirar. Todos salen, y Bárbara se queda, —¿Qué haces aquí Bárbara?, ¡¿No tienes trabajo?! —¿Por qué te vas así tan de repente?, ¿A dónde vas? Dime: Alexander. —A ver Bárbara, no tengo por qué darte explicaciones Bárbara se acerca, y trata de tocarlo, pero Alexander le toma las manos. —Alexander, solo quiero saber. —Bárbara, no porque hemos follado un par de veces, tienes derecho a pedirme explicaciones. —Pero…. —Nada Bárbara, así que déjame en paz, y ve hacer tu maldito trabajo que para eso te pago. Alexander, la suelta, y Bárbara sale indignada, y más furiosa. Se le salen un par de lágrimas de los ojos, y piensa: —Algún día me pagarás todas tus humillaciones Alexander Blair. Y si me entero de que tu viaje es por una mujer. ¡Juro por Dios que la mataré! —Señorita ¿Le pasa algo?—Pregunta Clara. —Que me va a pasar tonta. No estés de chismosa, y ponte a trabajar—Bárbara camina directamente a hacia su oficina. *** Alexander se queda un instante en la sala de juntas, camina hacia la ventana, y se queda viendo el paisaje, suspira; pues aunque lo quiera negar ir de nuevo a California, le provoca sentimos encontrados. Desde que sus padres murieron, no ha pisado Estados Unidos. Se queda un par de minutos, hasta que es interrumpido por Clara. —Perdón señor, pero la señora Antonella (su abuela), lo está esperando en su oficina. —Dile que voy enseguida. —Si señor—Clara sale, cierra la puerta. —¿Qué querrá mi abuela? Es mejor que no la haga esperar, porque se va a enojar. Alexander a la única persona en el mundo que respetaba es a su abuela, al fin de cuentas ella es la mujer que lo cuido por muchos años. Sale de la sala de juntas y va a ver a su abuela, entra a su oficina. Doña Antonella, se levanta de la silla, camina hacia Alexander, lo abraza y le da un par besos a su nieto. —Hijo ¿Cómo estás? —Bien abuela, y ¿Tú? —Bien, pero estaría mejor si nos viéramos más. Vengo a invitarte esta noche a una cena. Es el evento anual de mi asociación. —Abuela está noche no puedo, me voy hoy de viaje a Estados Unidos. —Alexander, ¿Qué vas a hacer a ese país? —Negocios Abuela, ¿Qué más podría ser haya? —Y…¿No puedes mandar a alguien más? —No, este negocio lo tengo que cerrar yo en persona. Doña Antonella mira a su nieto, pues algo le dice, que no le está diciendo la verdad. —Espero que sea verdad lo que me dices Alexander, y ¿Cuándo vuelves? —No lo sé. —Ok, Solo espero que no trates de buscar a ese hombre. —¡¿Qué hombre?! El causante de la muerte de mis padres. —Ese mismo Alexander. —No te preocupes, eso ya está enterrado y olvidado. A doña Antonella, le gustaría creer las palabras de su nieto, pero ella sabe: Que lo que pasó, aquella trágica noche, dejo un dolor tan profundo en Alexander, y con el paso de los años ese dolor, se convirtió en un odio inmenso hacia Roberto Villalobos. —Bueno te voy a creer, pero no tardes mucho. ¡Te quiero mucho hijo! Por favor cuídate, y habla seguido—Su abuela se despide, y sale de la oficina. Todo el resto del día Alexander se la pasa trabajando. Cuándo por fin llega la hora de irse, toma su saco se lo pone y sale de su oficina. Clara le dice: —¿Qué tenga buen viaje Señor? —Gracias—. Clara se sorprende por su respuesta, pues todo el tiempo que lleva trabajando con Alexander, nunca lo había escuchado decir «Gracias». Sale de su oficina, y cómo siempre Víctor lo está esperando, le abre la puerta, y se van directo al aeropuerto. Llega, y su vuelo chárter, está listo, se sube, junto con Víctor, y su corazón late tan rápido, las manos le sudan, él lo trata de disimular, pues odia no tener el control de sí mismo. Se sientan en sus asientos, y se abrochan sus cinturones de seguridad, y enseguida llega la azafata, para darles indicaciones y ofrecerles algo de tomar, o de comer. Alexander pide un coñac «Remy Martin», pues piensa: —Quizás un trago me calme. —En seguida se lo traigo señor—La azafata se va, y Alexander ve su trasero, y no puede negar que es muy guapa. Minutos más tarde, la azafata, llega con su coñac, y le da una sonrisa hermosa. Y él le corresponde pues se la piensa follar. Para Alexander el sexo siempre ha sido un escape de todo. Se toma su coñac lentamente, lo saborea, cuando termina, ya está más calmado; se levanta, y camina hacia la cabina dónde se encuentra la azafata. —Señor ¿Qué hace aquí? No debería. Alexander le tapa la boca con un dedo, se acerca a ella, y le besa su cuello, la azafata se retuerce pues le encanta la sensación. —Señor… Me pueden despedir por esto —Tranquila Nena, ¡Soy el dueño de la aerolínea! Es más te subiré el sueldo. Ella no sabe que decir, y Alexander la sigue besando su cuello, y estampa sus labios, y la besa tan apasionadamente que parece que la está devorando, le desabrocha la camisa, y le baja su sostén, y se come a besos sus pechos, su m*****o está más que duró, así que la voltea, y le mete dos dedos en su zona íntima y nota que está más que lista, la azafata suelta un gemido. Alexander le rompe sus bragas, y se baja la cremallera de su pantalón, saca su enorme m*****o, y la embiste sin piedad. Ella gime, pues le encanta eso, pues nunca había tenido sexo tan lujurioso, la sigue embistiendo una y otra vez rápidamente, hasta que ambos llegan aún glorioso orgasmo. Alexander sale de ella, y se arregla, antes de salir de la cabina le dice: —Gracias por su servicio señorita, le puedo asegurar que lo volveré a contratar—, le guiña un ojo. Va al baño, y se asea y vuelve a su asiento, y se abrocha el cinturón, cierra los ojos, y se queda dormido. Se despierta porque tuvo ese maldito sueño otra vez, y nota que está en el avión. Víctor lo mira raro, y le pregunta: —¿Todo bien Señor? —Si, ¿Cuánto falta para que lleguemos? —Menos de 10 minutos, señor. —Ok. Pasan los 10 minutos, y el avión aterriza, y bajan y le dice a Víctor: —Pídele a la azafata su nombre, después llama a Ángela de recursos humanos de «New Line», y dile que le suba el sueldo al triple de lo que gana. —Si señor. Alexander camina, va de mal humor por el sueño que tuvo, camina hacia la salida va distraído en sus pensamientos, cuando de pronto choca con alguien. —¡Pero qué diablos! Cuándo ve con quién choco sé queda impactado, pues es una morena hermosa, tiene los ojos más bonitos que ha visto. Quiere preguntarle su nombre, pero en vez de eso le reclama, y para su sorpresa la joven hace lo mismo, y se va. Nunca en su vida, ninguna mujer le había hablado así, él está acostumbrado a que todas caigan a sus pies. —Pero… ¿Quién mierda se cree está? Espero nunca volver a toparme con ella. Alexander no puede negar que es una joven muy hermosa, pero él prefiere mil veces a las rubias, pues las morenas le recuerdan a su madre, y lo que más odia en el mundo es recordarla. *** —¿Dónde carajos esta Penélope?—pregunta Roberto Villalobos. —No lo sabemos señor—contesta un sirviente. —Anda ve a buscarla. —Si señor. —¡Esa niña me va a sacar canas verdes! En ese preciso momento se acerca, Abraham la mano derecha de Roberto, para darle una noticia nada grata. —Señor ¿Podemos hablar? —Ahora no. No ves que estamos en una fiesta familiar, y tú no deberías estar aquí. —Señor es muy importante. —Está bien vamos a mí, despacho. Caminan a su despacho, y entran —Ahora si dime: ¿Qué es están relevante? Según tú. —Señor un tal Alexander Blair ha comprado el 25% de las acciones de la empresa. —¡Qué! Pero… ¿Cómo diablos sucedió eso?, ¿Por qué no me había enterado de esto? —Señor no sabemos cómo sucedió, y apenas me acabo de enterar. —¡No puede ser!—le pega al escritorio—Investígame: ¿Quién es ese Alexander Blair? Quiero saber todo de él, a primera hora. —Si señor, ya tengo gente en eso, mañana sin falta tendrá el informe. —Ok, anda vete—Abraham sale del despacho dejando a Roberto Villalobos más que furioso, pues tener un socio al que no conocía, podría complicar muchas cosas. —¡Joder! Ahora tendré que casar a Penélope lo antes posible con el imbécil de Liam, para que ese maldito que se atrevió a comprar las acciones, no tenga voz, ni voto. Ya después de que se case Penélope con Liam, ya veré cómo deshago de él. Pues Penélope se quedará para siempre a mi lado.
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