Penélope está curando las heridas de Alexander, está nerviosa, pues su mirada es intensa. Alexander lo único que quiere es follar con ella, y perderse en el exquisito cuerpo de su mujer, la respiración de ambos es irregular, ya que ambos quieren lo mismo, tienen un sinfín de problemas pero el deseo, que sienten el uno por el otro es muy grande. —Déjame de mirar así—dice la morena, con un tono nervioso. —¿Cómo? —Como si fuera un pedazo de carne, al que te quieres comer. —Lo que quiero es follarte, y sé que tú también te mueres por qué me hunda en ti. —¡Eres un engreído! No me volverás a tocar—. Alexander le sostiene su mano, y le levanta su cara, se acerca a ella, y le da un beso, lento, y sensual, primero le muerde el labio inferior, le chupa el otro, introduce su lengua lentamente, q

