—Tranquilo —dije, tragando saliva. Para mi sorpresa, me abrazó. Fue un abrazo muy reconfortante. Refugió su cabeza en mi hombro, y no dije nada, también me sentí reconfortada. Después de algunos minutos de estar así, me separé de él, tomé su barbilla y lo besé. Fue un beso lleno de necesidad. Lo besé con fervor, y nos separamos por la falta de aire, además de que me sentía muy exaltada en ese instante. Entramos a una habitación toda gris y azul. En el centro había una cama king, muy elegante, y a los costados, lo primero que veías era una mesa de escritorio, y en el medio, una gran alfombra de color azul con algunos detalles dorados. —Esta habitación es enorme —comenté sorprendida. —Lo es, aunque también tengo bastante desorden en la parte de la computadora —dijo. —¿Eso es desorden?

