Los asientos eran tan cómodos, desde mi lugar podía ver a todo el que subía, había sido una buena idea intercambiar mi asiento con el par de ancianitos. Sería un largo viaje, pero las doce horas de camino eran las necesarias para descansar todo lo que no hice estos dieciocho años. Pasaría la mayor parte del tiempo dormida, además que tenía toda la hilera del fondo para mi sola. Me recosté en los asientos abarcando casi la mayoría de estos. El camión se movía lento haciendo paradas una que otra vez en la carretera. Volví a cerrar los ojos y no es que no tuviera sueño si no que los ligeros movimientos que hacia el autobús me arrullaban como una madre a su bebé; así que me fue imposible no quedarme dormida... de nuevo. Me sacudí cuando pasamos un bache, me reusaba a abrir los ojos pero la

