Murmullos de la llanura.

1559 Palabras
Todos tomaron asiento dentro donde el frío no era tan abrazador. —Debes decirnos cómo es que llegaste aquí—le dice Einer pasándole una taza de sopa— es la única forma de ver cómo vas a regresar. Maeva se removió incómoda en su asiento mientras el anciano Einer la observaba con detenimiento. Su mente aún estaba nublada por el tiempo que había pasado inconsciente, pero sabía que debía hablar. —Yo… llegué aquí por accidente —dice en voz baja, sintiendo cómo todas las miradas en la cabaña se centraban en ella—. En mi mundo trabajaba limpiando la casa de un hombre llamado Benoit. Un día, mientras organizaba su estudio, encontré un libro antiguo. Apenas puse la mano sobre él para leerlo y…salió magia de él...luego desperté aquí. Einer entrecerró los ojos, con su expresión endureciéndose. —Ese libro debe haber sido el que fue robado hace años por un traidor —afirma con gravedad—. le permitía entrar y salir de nuestro reino sin ser detectado. Es un objeto peligroso en las manos equivocadas. Por eso el rey ordenó tenerlos en el palacio. —¿Por qué solo él? — Cuando se detecto la guerra entre humanos y Licán siglos atrás, ya era tarde, la madre de los gemelos Larsen y su padre habían muerto cuando invadieron el palacio o eso alguien hizo creer. ¿Donde dejaste ese libro? Maeva traga saliva. —El libro cayó al riachuelo cuando llegué…yo estaba fuera de si, muy débil y asustada (ella omite el hecho que lo pateó y cayó al agua). Se fue flotando y no pude recuperarlo. Yo...estaba muy debil, de verdad. No sé dónde está ahora, pero necesito encontrarlo si eso me va a sacar de aqui. Tengo dos hermanos en el otro mundo, deben estar preocupados por mí. El anciano asintió lentamente, no quiso regalarla pero de lejos se nota que miente totalmente o en parte. —Las reglas de este mundo son estrictas, niña —continua—. Nunca debes enfrentarte a un sangre real, como los hermanos Larsen. Sea que lo perdiste o no ese libro es muy valioso. Todos en esa familia son poderosos y no muestran piedad a los forasteros. El rey posee otros dos libros pero no creo que te deje marchar así por así. Pueden considerarte una espía que viene a recuperar información para hacer estallar otra guerra. Maeva asintió, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda. No tenía intención de enfrentarse a nadie, solo quería regresar a casa. Pero algo en la manera en que Einer lo decía le hacía pensar que no sería tan fácil. Acordaron buscar una manera de tratar de encontrar el libro, antes de que se den cuenta de su presencia. Pero lo que no saben es que el rey ya envío a algunos guardias a supervisar los alrededores porque una presencia una cruzó el portar. Él lo sabe por qué tiene poder más que cualquier lobo dentro del territorio. Poder que adquiere antes de hacerse rey. Los días pasaron, y aunque Maeva aún se sentía como una extraña, los niños licanos comenzaron a aceptarla en la cabaña. Un día, le entregaron unas botas hechas a mano, cálidas y resistentes, perfectas para soportar el frío. También la esposa de Einer le dió ropa gruesa, más adecuada para la gélida temperatura del reino de Norgaris. Y Einer le preparo una poción que debía tomar a diario para eliminar su aroma a humana. Un camuflaje para las narices licántropas. Luego de un delicioso baño, mientras se vestía, sus pensamientos volvían una y otra vez a sus hermanos. ¿Estarían buscándola? ¿La extrañarían? Un nudo de angustia se formó en su estómago. Sabe que no se fue de la mejor manera ni en buenos términos con su hermana mayor pero sabe que debe estar buscándola. Debía encontrar el libro, pero no tenía idea de por dónde empezar. Esa noche, la calma en la cabaña se rompió cuando Barkara llegó. Su presencia era imponente, y el aire parecía volverse más pesado con su entrada. Traía unas botellas de licor para su padre Einer, una canasta de vegetales y frutas para Lysandra y juguetes para sus tres hermanastros pequeños Bore, Bark y Bismal. Sin embargo, la mirada se posó en Maeva con curiosidad y cierto recelo. — Te veo más animada y menos asustadiza ¿Cómo sigues? —pregunta con una sonrisa ladeada. Maeva asintió, sin saber cómo responder. —Gracias por ayudarme. A su lado, Hugo cruzó los brazos, su desconfianza evidente. —No deberíamos tenerla aquí —murmura—. No sabemos de lo que es capaz. Si la guardia real se da cuenta estaremos en problemas podemos perder nuestro bar y terminan encarcelados acusados de traición y de ocultar una humana. Lysandra suspira. —No es una amenaza, Hugo. Solo quiere regresar a casa. Es una niña perdida que busca regresar. Maeva apretó los puños. No le gustaba sentirse una carga, pero sabía que sin la ayuda de los licántropos, no tenía posibilidades de encontrar el libro. Debía probarles que podía valerse por sí misma, pero ¿cómo? Dos días más pasaron, y Maeva comenzó a adaptarse al ritmo de su entorno. Observaba atentamente cómo cazaban, cómo trabajaban la madera, y como cocinaban. Ayudaba en la limpieza, además de aprender cómo sobrevivían en un mundo tan distinto al suyo y cien veces más frio. A pesar de la frialdad de Hugo, empezó a notar que Barkara la miraba con cierta curiosidad. ¿Tal vez podría convencerlo de ayudarla a encontrar el libro? Aún no tenía todas las respuestas, pero una cosa era segura: estaba dispuesta a hacer lo que fuera necesario para regresar con su familia… incluso si eso significaba enfrentarse a los secretos oscuros del reino de Norgaris. El aire en el reino de Norgaris es más frío de lo que Maeva esperaba. A pesar de las gruesas botas y la ropa abrigada que los niños licán hicieron para ella, el invierno cala sus huesos. Einer la observa en silencio mientras termina de ajustar el cinturón de su abrigo. Sus ojos dorados reflejan la luz de la chimenea, y su porte imponente le recuerda que está en un mundo donde la fuerza y el linaje definen la jerarquía. —Más vale que no pierdas el tiempo —dice con voz firme—. Mañana partirás al Bosque del Amor. Maeva frunce el ceño. —¿Bosque del Amor? Einer se reclina en su silla, cruzando los brazos sobre su pecho. —Es un lugar antiguo. Ahora mismo es muy helado porque la luna roja no ha aparecido. Es donde los ríos del reino desembocan en un lago oculto en su corazón. Si tu libro cayó al riachuelo, es probable que termine allí. Es una llanura de cedros y pinos. Y también la llanura donde se permite cazar porque creeme las bestias más feroces están allí, y... además es el lugar designado para aparearse cuando es el tiempo de la luna roja. Tienes tres días antes que la luna roja aparezca por ahora la llanura difícilmente está habitada. —¿Luna roja? —Es el día que los predestinados se encuentran, si no encuentras a tu predestinado antes que salga el sol el licántropo o licántropo deberá esperar otro año Maeva asiente lentamente. Era su única esperanza de regresar a su mundo y a sus hermanos. —No irás sola. Sybi Nolan te acompañará —continúa Einer—. Es domadora y criadora de lobos de clase 1. Conoce el bosque antes de la llanura mejor que nadie. Hugo gruñe en un rincón de la cabaña. —Es una pérdida de tiempo. Esa humana no debería estar aquí. Solo traerá problemas si la capturan y suelta la lengua que nos conoce. —Cállate, Hugo —interviene Barkara, quien acaba de entrar con un saco de arroz —. Si el libro está en el bosque, hay que encontrarlo. —No los traicionaré. Hugo la fulmina con la mirada, pero no dice nada más. A la mañana siguiente, Maeva se encuentra con Sybi Nolan en los límites de la montaña. La mujer es alta, de cabellera negra y ojos plateados. A su lado hay dos lobos enormes, de pelaje hermoso, que la observan con interés. —Así que tú eres la humana perdida —dice Sybi, cruzándose de brazos—. Espero que puedas mantener el ritmo. No me gusta perder el tiempo. Maeva asiente, decidida. —Haré lo que sea necesario para encontrar el libro. Sybi sonríe levemente y chasquea los dedos. Los lobos avanzan primero, adentándose en el denso bosque cubierto de nieve. Maeva los sigue de cerca, sintiendo el crujido del hielo bajo sus botas. El bosque del Amor es majestuoso. Los árboles son altos y sus hojas, de un verde oscuro, parecen susurrar con el viento. Aunque ahora está todo cubierto de nieve. Se puede apreciar la belleza. A medida que avanzan, Maeva siente que algo en el aire cambia. Hay una energía extraña, un murmullo en la brisa que la pone en alerta. —No escuches las voces —advierte Sybi sin girarse—. Son los ecos del bosque. Pueden confundirte. Creo que se avecina una tormenta. Maeva traga saliva y sigue adelante, no sabe porqué su cuerpo se extremece. Cómo si pudiera sentir alguna presencia muy familiar.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR