Mónica La cena con mi tía, Massino y Carlo, pasa en un silencio sepulcral. Estos últimos están molestos y no dejan de ver con furia a mi tía, quien parece muy feliz, casi como si hubiera ganado la lotería o hubiera salido a una cita con el jefe de cardiología de su trabajo. Es que ella babeaba por ese hombre. No puedo evitar reírme un poco por su actitud. No les tiene miedo, no se sorprende de nada… parece que este siempre fue su lugar. Es extraño y, seguramente, hay una explicación lógica para esto, pero me resisto a saber todo de golpe, por lo menos en unos días. En esta semana he tratado de convivir, de hacerme a la idea de la presencia de Massino, de que estamos en Italia, que esta es la casa en la que nací… Un paso a la vez, dice mi tía. Pero sé que tengo que procesarlo todo en

