Mónica Un portazo en mi habitación me hace saltar de la cama; en el acto termino destruyendo mi pequeño refugio de cobijas y almohadas para quedarme sentada en estado de shock. La oscuridad no me deja distinguir quién es esa persona que está perturbando mi día. Una parte de mí, quiere golpearla y arrastrarla por la habitación por su osadía; la otra parte, tiene miedo. Cualquier cosa puede pasar en la casa de un mafioso, ¿no? Tener miedo es lo normal… Sigo sumida en mi estupor cuando esa persona abre de golpe las cortinas, dejándome ciega por un momento. El sol está en todo su apogeo y parece listo para derretir mis retinas. Todo el rostro me arde… —¿Qué demonios?— digo molesta. Trato de cubrirme y hacerme un ovillo de nuevo, cuando esa maldita persona me arrebata las cobijas sin de

