Canon en re mayor – Johann Pachelbel

2220 Palabras
Celeste Me sentía en “La Noche Estrellada” de Van Gogh. El olor del perfume de Christopher más la vista nocturna de parís era la combinación y el significado de la palabra “perfección”. Una leve sonrisa se dibujaba en mis labios mientras me abrazaba más con el saco y me acomodaba en el asiento para aterrizar en un aeropuerto con la pista iluminada. Suspiré. Me sentía una cenicienta con dos príncipes que escapaba de un castillo literalmente. - No puedo creerlo – escuchaba por partes la conversación que tenían ambos. - Je ne pense pas que dans un orphelinat, ils vous apprendre à parler une autre langue – arrugué mi entrecejo al no entender nada y voltee a mirar al hombre a mi lado. Christopher tenía sus par de zafiros clavados en mí, una sonrisa ladina cruzo por sus labios y se la devolví por inercia. Alessandro se encontraba sentado justo enfrente de nosotros, separados por una mesa con copas de champagne que ambos habían tomado. Ninguno tenía su saco, únicamente su camisa cubierta por un chaleco de vestir donde sus músculos salían a relucir gracias a sus camisas apretadas en sus brazos y pecho. - Mais ... il n'y a aucune preuve documentée d'un cas chez l'adulte – Alessandro pasaba su vista de mí a Christopher. - ¿Qué idioma es? – tragué saliva. Siento que me estoy volviendo muy atrevida con ellos. - Francés – respondió Christopher con calma. - ¿Qué idiomas hablas? – la curiosidad en Alessandro era casi palpable. - Español, italiano y aprendí Neerlandés para este viaje – ambos abrieron sus ojos. - ¿Aprendiste un nuevo idioma en casi dos días? – asentí. Alessandro jadeó llevando su espalda al asiento del avión sin dejar de mirarme. - Te lo dije – comentó Christopher acabando su champagne. Abrí mis labios para preguntar qué era exactamente de lo que hablaban pero me aguanté, debía recordar mi lugar y si era un tema que me incumbe me incluirían en la conversación. > Llevaré a Celeste a un lugar – se acercó para desabrochar mi cinturón y luego se puso de pie tendiéndome la mano – una reserva para dos – alargó la última palabra - ¿Podrías esperarnos en el hotel? – Alessandro se puso de pie poniendo una mano en el hombro de Chris. - ¿Qué más podría hacer si me dejaron por fuera? – ambos sonrieron falsamente – Celeste – llamó mi atención – si te hace algo – señaló al hombre que aún sostenía mi mano – llama al 112 – solté una risa contagiándosela a ambos. Al comenzar jalé la mano que tenía presa para acomodar mi vestido y bajar las escalas de jet, no era experta en manejar vestidos largos, mejor dicho, era mi primera vez usando un vestido largo, así que todo era complicado. Christopher riéndose un poco de mi torpeza me soltó, pero no para que pudiera bajar, no, no, me soltó para llevar una mano a mi espalda y la otra pasarla por detrás de mis muslos y levantarme en sus brazos. Por instinto grité y me sostuve de lo primero que encontré, unos hombros anchos y cálidos - Yo te sostengo princesa – habló tan cerca de mi oído que mis vellos se erizaron y mis piernas se apretaron. - Pero yo … - iba a protestar pero me silenció el grito de Alessandro. - ¡Ya cásense! – su auto arrancó mientras gritaba un ¡Wuju! Christopher terminó de bajar sin soltarme, me sostenía como si fuese a quebrarme, y lo que fueron apenas segundos para mí se sintió como minutos eternos, una eternidad que calentó mi pecho y terminó por acelerar mis latidos. Tenía su perfil tan cerca que podía incluso apreciar la suavidad de sus labios. Mis manos picaron por acariciar su barba y mis dedos ansiaron pasar desde el puente de su nariz hasta el arco de cupido. Pestañee rápidamente y tragué saliva al notar como delicadamente me ponía en el piso, abrió la puerta del auto que tenía a mi lado e ingresé sin dudarlo. Ya acomodada respiré profundamente para calmar mi acelerado corazón, y disimulé lo mejor que pude al escuchar la puerta contraria abrirse. - Théâtre des Champs-Elysées, s'il vous plaît – se dirigió al chofer el cual asintió y se puso en marcha – Celeste – se acercó para abrochar mi cinturón - ¿Confías en mí? – sentía que su mirada podía traspasar todas y cada una de mis capas. “Estoy a solas con usted en un auto en un lugar desconocido para mí, si eso no es confianza no sé lo que es”. Y aunque pensara demasiado simplemente asentí. > Bien – empezó a desanudar su corbata y al levantar subió también el cuello de su camisa haciéndolo ver aún más sexy con un toque rebelde – tenía miedo de que dijeras que no – sonrío un poco. - Si me pasa algo Alessandro me buscará – no me perdía ninguno de sus movimiento pero al bajar sus manos pesadamente en sus muslos subí mi mirada a sus ojos. - Alessandro – susurró mirándome y apretando su mandíbula – ese idiota – resopló – cierra los ojos – pasé la mirada de él a sus manos que ahora estaban elevadas - ¿Has visto Cincuenta Sombras? – negué confundida – me alegro – soltó una carcajada – cierra los ojos Celeste – suspiré y le hice caso – ahora gira a tu ventanilla sin abrir tus ojos – lo hice y pegué un brinquito al sentir la tela contra mis ojos – tranquila, es solo la corbata – llevé mis dedos para palparla. Relajé mis hombros al sentir sus carias en mi cuello. Intenté pasar el nudo de nerviosismo que se acumulaba en mi garganta y oré porque mis latidos no fueran escuchados por él. - ¿Qué … – aclaré mi garganta al escucharse nerviosa – qué pasa? - No te preocupes, no te pienso secuestrar – su voz un tanto burlona en vez de relajarme me ponía aún más nerviosa. Al tener mis ojos vendados mis demás sentidos se alteraron, ahora podía apreciar con claridad lo gruesa y malditamente seductora que es su voz. Mi cuerpo reaccionaba a él y esas reacciones se sentían tan bien y diferentes que parecía en esas montañas rusas que se muestran en las películas. Cuando toca y pasa sus dedos de una tecla a otra me da una sensación de calma y paz, el azul de sus ojos hacen que me sienta transparente o que mirara hasta lo profundo de mi alma, el calor que emana enloquece mi pequeño corazón y su voz hace que apreté los muslos. Son tan nuevos estos efectos de su sola presencia que he pensado que tal vez hay algo mal en mí. - No es secuestro si doy mi permiso – río un poco. - Eso es verdad - ¡Pum! Otra nueva sensación. Mi respiración se descontroló cuando retiró mi cabello de mi rostro y pasó uno de sus dedos por mi mejilla. Sus caricias suaves y delicadas continuaron hasta que la voz del conductor nos interrumpió. Malvado conductor. - Nous sommes arrivés Monsieur – me puse alerta al escuchar como bajaba del auto y por un momento me sentí sola y perdida en medio de la oscuridad. - Muy bien – pegue un pequeño brinquito y llevé mis manos a las suyas al sentirlas cerca de mi abdomen bajo – te quitaré el cinturón pequeña, tranquila – pe … pe … ¿Pequeña? – ya está, ven – tomó mis manos y me ayudó a salir del auto. - ¿Puedo quitar ya la venda? – me abracé al sentir el frío de la noche. - No – puso de nuevo su enorme saco sobre mí – caminarás guiada por mi melodiosa voz – reí. Si bien era cierto aún no me acostumbraba a su lado narcisista, su amor propio sobrepasaba a todo y me sorprendía, tal vez debería ser como él … ¡No! Mejo no. No despegó sus manos de las mías, no dejó de guiarme y aunque no podía ver presentía que su sonrisa es tan o igual de genuina que la mía. > Espérame aquí – me soltó por unos segundos, luego de escuchar un sonido tras otro comprendí lo que estaba haciendo – ¡Y se hizo la luz! – “pero aún no veo nada” – unos pasos más y ya estará – caminamos sobre cables y subimos escaleras, mis tacones empezaron a repiquetear sobre lo que supuse que era madera – muy bien – nos detuvimos y me giró un poco para luego sentirlo detrás de mí - ¿Preparada? – asentí expectante – te presento mi lugar favorito – y soltó el nudo de su corbata. Subí mi mano para cubrir mis ojos y acostumbrarme a la luz, luego de pestañear rápidamente abrí mi boca y dejé caer mi mano que cubría mis oscuros ojos. - ¡Wow! – mascullé asombrada. Di unos cuantos pasos hacia adelante y quedé asombrada por lo que mis ojos estaban presenciando. Miles de asientos de tonalidad rojiza al frente y a los lados de estos cubrían el primer piso, los tres pisos siguientes estaban divididos en diferentes palcos con más asientos, algo me decía que había puesto para mínimo mil personas. El color dorado recalcaban en los diseños modernistas de las columnas y barandas de cada piso. En el centro del techo había una lámpara gigante con una forma parecida a la de una flor que iluminaba todo el lugar y alrededor de ésta, una obra que no conocía pintada dándole un toque mucho más sofisticado. Me giré hacia Christopher el cual permaneció a mi espalda durante todo el tiempo que detalle cada una de las esquinas de este lugar. - El primer lugar donde me presenté – caminó con sus manos en sus bolsillos y mirando hacia al frente con aura nostálgica – el Teatro de los Campos Elíseos – suspiró llegando a mi lado – tenía 14 años y me sentí completamente eufórico cuando acabé de tocar y todos los presentes se pusieron de pie para aplaudirme – sonreí sin dejar de verlo, sus ojos brillaban más que nunca – mi teatro favorito – giró y nuestras miradas se encontraron – mi lugar favorito – ambos sonreímos. - Me encanta – volví a mirar todo el lugar – siempre soñé con venir a un lugar como este, siempre – me giré de nuevo a él – soñé con verte tocar. - Creo que ya debes estar aburrida de escucharme todos los días – rascó su ceja sin dejar de sonreír. - Creo que jamás me aburriría de ti – me miró un tanto sorprendido. - Apuesto a que no sabes lo que esas palabras me causan – suspiró y yo arrugué mi entrecejo – ven – caminó hacia adelante y se sentó en el borde del escenario. Yo lo seguí acomodando el largo vestido y teniendo mucho cuidado de no dañarlo. - No sabía que podías sentarte en el suelo – aguanté una risa – tienen demasiadas bacterias y … - me silenció. - ¡Shh! – hizo una cara de asco – no me hagas arrepentirme de bajar la guardia un poco – ahora sí me reí con ganas – me gusta – lo miré aun riéndome – me gusta el sonido de tu risa y me gusta que sea por mí – y como si fuera un interruptor dejé de reír. - Em … yo … - “¡Habla Celeste!”, “¡Di algo!” – quería agradecerte – pareció defraudado pero me prestó toda su atención – por la beca – apreté mis manos sudorosas en mi regazo - Te lo mereces, no tienes que agradecerme nada … de hecho … – miró al frente y luego a mi nuevamente - ¿Qué tal si hacemos un trato? – ladee mi cabeza - ¿Quieres de verdad mostrarme tu agradecimiento por ayudarte con la beca? – asentí – entonces … cuando termines el estudio deberás tocar algo conmigo acá – abrí mis ojos de par en par – en este mismo teatro ¿Qué dices? - ¡OH por Dios! “Estoy soñando”. “Celeste responde no es un sueño”. “Me está pidiendo que toque con él, Christopher Watson, mi ídolo me está pidiendo que toque con él”. “¡Responde!”. - Ok – sonrío de oreja a oreja y yo lo acompañé. En uno de los teatros más importantes para él, una noche que decidimos escapar de la farándula, la misma noche que conseguí una beca, la misma que recibí las palabras más hermosa de él, esa misma noche estrellada en París y sentados en un escenario nos hicimos una promesa, una promesa con un simple “ok” como respuesta, una promesa que … el destino se encargaría de hacerla cumplir … o tal vez no. No importa que me depare el futuro, lo que importa en este momento es vivir el presente, vivir lo que empezó como una admiración y ahora tal vez sea … amor.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR