Serenade – Franz Schubert

1820 Palabras
Celeste - ¡Alessandro! – llamé su atención. Al girar hacia nosotros sus ojos se clavaron con los míos e inmediatamente sonrío, luego fue a Christopher y bajo lentamente deteniéndose unos segundos en mi cintura y borrando su sonrisa. - Disculpe – lo escuché decirles a las personas con las que estaba charlando para acercarse a nosotros. - ¡Te tengo una noticia! – no podía borrar mi sonrisa. Aunque no era una sonrisa, era una sonrisota. - ¿Por qué todo lo tiene que saber él? – miré a Christopher sin entender su punto. - Porque soy su hermano de otra … - se quedó callado y me miro sonriendo. Estaba tan eufórica que no tenía cabeza para su conversación, lo único que tenía en mente es lo que me acaba de pasar. - ¡Me darán una beca! – Alessandro abrió sus ojos. - ¿Una beca? – asentí. - Hablé con los reyes y les mencioné algo de la ayuda que recibí – ahora sí, Alessandro sonrío. Con mucha delicadeza me tomo del brazo y me separó de Chris para abrazarme. Rodee su torso con mis brazos sintiéndome pequeña y llenándome de su perfume. - ¡Wow! – me meneo en el abrazo - ¡Celeste te felicito! – nos separamos – ahora si podrás darle competencia a éste – golpeo juguetón el pecho de Christopher. - Éste tiene nombre pendejo – se masajeo la zona golpeada. - Y uno muy lindo – Alessandro le guiñó el ojo. Me reí. Me estaba acostumbrando a la amistad de estos dos hombres, me estaba acostumbrando a sonreír más a menudo e incluso a reír en voz alta, me estaba acostumbrando a sentirme querida al escuchar a alguien nombrarme como alguien de su familia. Me estaba acostumbrando, y aunque eso me hace sentir muy feliz tenía que romper esta rutina. Cuanto te habitúas a algo y luego eso se va es más fuerte el sentimiento de dolor y desolación que la felicidad que una vez sentiste. Y yo no quiero romperme … no de nuevo … no después de mi nuevo inicio. > Esto hay que celebrarlo – me volvió a la realidad - ¿Qué tal si nos escapamos? – Christopher estaba asintiendo pero su plan no planeado fue interceptado. - Señor Watson – una vocecilla a sus espaldas llamó nuestra atención. - Princesa Eléonore – Alessandro me hizo espacio para posicionarme entre ambos – quiero presentarte a alguien muy especial – Christopher me señaló pero fue la princesa la que habló. - ¡Ya mi madre me contó! – juntó sus manitos, sus mejillas sonrojadas eran bastante notorias por su pálida piel y sus ojos brillaban alegres – nunca he estado en una boda y sería muy feliz si me dejan ir a la vuestra – pasó su mirada de Christopher a mí y viceversa. - ¡¿Boda?! – exclamó Alessandro llamando la atención de varios a nuestro alrededor - ¿Christopher qué no te enseñaron pedir primero el consentimiento a la familia? ¿Dónde está la dote? – apretó sus labios para contener una risa – me niego a dejar que Celeste se case contigo – abrí mi boca sin saber que decir. Miré a Christopher y tenía exactamente la misma expresión de desconcierto que yo. > Me niego rotundamente a esta boda – me tomó del brazo poniéndome a su espalda y enfrentándose a Chris, que seguía igual de confuso. - ¡No sea malo! – reprocho la pequeña – si dos personas se aman deben estar juntos – agrandé más mis ojos ante esas inocentes palabras – la dote no importa – se cruzó de brazos viéndose aún más tierna – el dinero no importa en temas de amor, y si usted es su hermano mayor tiene que apoyarla y no … - cerró su boquita al escuchar su nombre. - ¡Eléonore! – levantamos la mirada para ver a una reina enojada y apenada – te he dicho que no te metas en conversaciones de adultos – levantó su barbilla y la princesa hizo un puchero. - Pero es que no la quiere dejar casar y yo quiero asistir a una boda – la reina nos miró. - Pero yo ni sabía y se supone que hago de su hermano – Alessandro acarició su pequeña cabeza. - ¡¿Qué mierdas está pasando acá?! – Christopher salió del trance y pasó la mirada por todos nosotros. - ¡Esa boca delante de la reina! – lo reprendió Alessandro. Mathilde solo se río de una forma tan delicada que la hizo ver como una escultura de la más fina porcelana. - Recuerda hija no decir esa palabrota – ella asintió aún con el puchero. - Princesa – Christopher llamó la atención de ella - ¿Quién se va a casar? – Eléonore me miró a mí y luego de nuevo a él sin saber que pasaba - ¡¿Celeste y yo?! – me señaló y luego a él. La pequeña se aferró a su madre mirándola en una especie de SOS, buscaba ayuda al sentirse perdida. - ¿Es que no se van a casar? – preguntó la reina con sus ojos muy abiertos. - No – Chris negó y yo moví mi cabeza apoyando su negativa. - Pero viven juntos – Alessandro no soportó más y se río. - Porque soy su empleada – hable por fin durante todo este rato – Christopher es solo mi jefe y yo su mucama – la reina subió su mano para tapar sus labios. - Ay no, creo que cometí un grave error, hija – se dirigió a la princesita – ve y dile a tu padre que necesitamos hablar – ella asintió y se fue – señores, señorita me disculpo de ante mano – nos miramos entre todos. - ¿Qué pasa? – preguntó Chris con su entrecejo fruncido. - Bueno … es que – suspiró – le dije a la prensa que … bueno – nos señaló – que ustedes se iban a casar – Christopher y yo nos miramos. - Ay no – fue lo único que escuche de Alessandro antes de sentir como una neurona se desconectó – llamaré a tu manager – se alejó tecleando en su móvil. - De verdad que lo siento, tu dijiste que viven junto y malinterpreté todo – bajó sus hombros abatida. - No se preocupe su majestad – lo vi apretar la mandíbula y tragar grueso – por favor hable con el rey para intentar borrar toda clase de noticia – la reina asintió – nosotros nos marchamos – me ofreció el brazo y yo lo tomé. - Con permiso – ambas asentimos. Mientras caminábamos todas las miradas estaban puestas en nosotros, alcanzábamos a escuchar los murmullos “disimulados” pero aun así Christopher mantenía su postura rígida. - Esto te afectara ¿Verdad? – paré de caminar cuando salimos del salón – un compromiso con tu sirvienta te puede perjudicar a ti, tu carrera, tu familia, a tu … - me calló. - Basta – se rascó la ceja suspirando – dejemos que los reyes, mis manager y Alessandro se ocupen de esto. No me pienso estresar por los chismes de una vieja que no tiene nada más que hacer – se traqueó el cuello. - Si te escuchan te pueden colgar – me miró y río de lado. - ¿No te importa? – arrugue mi entrecejo sin entender – que te relacionen conmigo ¿No te importa? – me reí un poco. - Creo que debería ser yo la que haga esa pregunta – alcé los hombres restándole importancia – al fin y al cabo no soy nadie – me abracé suspirando y bajando la mirada. - Una cosa es que no tengas fama – empezó a desabrochar los botones de su saco – que no tengas una estrella en El Paseo de la Fama o tu cuenta verificada en r************* – quitó su saco y lo puso encima de mis hombros acercándome a él – y otra muy distinta es no ser persona – miró mis labios por breves segundos poniéndome nerviosa – tu, Celeste, eres la mujer con más habilidades y cualidades que he conocido en mi vida – pasó un mechón de mi cabello detrás de mi oreja – no esperas nada a cambio, no buscas relacionarte con nosotros por dinero y aunque tienes el talento que tienes no eres egocéntrica ni narcisista – tomó mi barbilla acariciándola con su pulgar – y si sigo alabándote nunca terminaré porque también eres hermosa, tienes una belleza exótica que me vuelve loco – abrí mis ojos y mis labios ante sus últimas palabras. - ¿De verdad que no se van a casar? – pestañee y tragué saliva dando un paso hacia atrás y la espalda a ambos. - Tu siempre apareces en el peor momento – Alessandro se río. Respiré profundo sin que lo notaran, sentía el corazón en los oídos y mis manos estaban tan frías y sudorosas que parecía que estuviera muriendo, pero aun así tenía calor en el resto de mi cuerpo. Dios mío bendito, no recuerdo desde que momento me puse nerviosa, pero me sentía abstraída en cada una de sus palabras, y si a eso le combinamos un par de iris azules con pintas verdes y una voz gruesa y varonil … Virgen María intercede por mí. ¿Esto que siento en el inicio de mi estómago qué es? Aparte de todos estos problemas parece que también me voy a enfermar. - Celeste – me giré para mirarlo - ¿Estas bien? – “ay no, ¿Se me nota mi nerviosismo por el hombre a mi lado?” – porque que te relacionen con alguien que no es capaz de pedir tu mano como la costumbre manda debe ser caótico – reí un poco al escuchar sus palabras. - Ya quisieras tú que te dieran una dote – pasó su brazo sobre mis hombros y sobó con su mano mi brazo para darme calor. - Deberíamos pedírsela a los reyes – miró el cielo - ¿Entramos o nos escapamos? – miré a Christopher. - Nos vamos, posiblemente mañana esto esté llenó de paparazzi y es lo menos que deseo ahora – Alessandro asintió. - ¿Qué tal París? – abrí mis ojos de par en par – no está lejos – Chris asintió. - Prepara todo – volví a mirar a Alessandro. - Ya lo hice – alzó sus hombros con suficiencia. - ¿Conoces París? – negué, ya me estaba mareando de pasar mi vista de una al otro – te llevaré a uno de mis teatros favoritos, sé que te va a gustar – sonrío de lado. Y volví a mi estado anterior, Christopher Watson me absorbía con cada movimiento de sus músculos, cada palabra y cada nota creada.
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