Christopher
Lunes 25 de febrero de 2019
- Madre no es cierto – suspiré blanqueando los ojos – madre – seguía hablando y no me escuchaba - ¡Madre! – Alessandro paró de hablar por teléfono para dedicarme una sonrisa de burla – no me voy a casar con nadie, párale ya, solo son chismes.
-- Claro – me respondió igual de histérica que yo – me vas a decir que a la reina Mathilde se le va a dar por inventar chismes – cerré los ojos y respire despacio para no perder la calma – dime algo Christopher Watson ¿Qué hacía esa chica allá? – mierda.
- Estaba … fue porque … - “¿Y ahora qué digo?”
-- Aja, estoy esperando una respuesta.
- Porque no tenían suficiente personal de limpieza en el castillo – escuché la carcajada de Alessandro y al voltear le hice morisquetas para que se callara.
-- Hijo – habló con derrota – eres igual de malo para mentir que tu padre, solo espero que no te estés involucrando demasiado con ella, no es de nuestro nivel – me mordí la lengua al escucharla decir eso – y dile lo mismo a Alessandro, si su madre se llega a enterar que tienen una relación con alguien como ella tendrá demasiados problemas – suspiré.
- No te preocupes mamá – colgué.
- Si adivino lo que te dijo me debes €250.
- ¿Cómo por qué te daría dinero por … - no me dejó terminar.
- Bien es un trato – suspiré llevando mis manos a mis bolsillos – “esa no es de nuestro nivel y categoría” – habló intentando imitar la voz de una mujer y déjenme decirle que le salió fatal – “si Beatrice se entera matará a Alessandro” – solté una carcajada.
- Quebrarías como actor – seguí riéndome llevando mis manos a mi abdomen.
- ¿Qué dices? Si lo he hecho genial – acompañó mis carcajadas – te sabes mi número de cuenta así que paga – saqué mi móvil y le pasé la cantidad apostada.
Una típica apuesta forzada.
Seguimos hablando mientras esperábamos a Celeste en el living del hotel. Alessandro con ayuda de Carlo Berlusconi, su padre, se encargaron de cada uno de los paparazzi que recibieron la noticia como primera plana de los labios de la reina, además de darles una pequeña advertencia a periódicos y todo tipo de empresas dedicadas a la farándula.
Ninguna medida pudo evitar que la noticia llegara a oídos de mi madre, es una mujer abierta y de buen corazón pero su amistad con ciertas personas con mentalidad del siglo XV hacen que tome costumbres categóricas y que crea que es superior a otras con empleos más humildes, y sí, esa amistad es justo con la madre de Alessandro, una mujer egocéntrica y altiva.
- ¿Cuánto tardará? – nos sentamos y miré mi reloj corroborando la hora.
Iríamos a desayunar y nos encargaríamos de mostrarle la ciudad a Celeste.
- Las chicas se estaban quejando porque Celeste no quería usar nada por el precio – lo miré alzando una ceja – decía que era muy costoso y que no pensaba gastar más de nuestro dinero – voltee los ojos.
- Pero si enviamos a Chanel porque es más común y económica las prendas – mi amigo me miró con obviedad.
- Para ti pendejo, ella es una chica que no le importa usar ropa de segunda mano – negué.
- Ya no tiene que usar.
- No la agobies Christopher, ella no quiere nuestro dinero como las típicas mujeres que se nos acercan, así que no le impongas usar accesorios o cambiar su forma de ser solo porque estas acostumbrado a los lujos y a las chicas vanidosas – recostó sus codos en el final de sus muslos acercándose a mí – ella no es como Carina – tomé la misma posición que él.
- ¿Podrías dejar de recordarme la desgracia de mi vida? – le advertí apretando mi mandíbula – y lo sé, Celeste es … - fui interrumpido por una voz que ya podía reconocer no importa donde esté.
- Creo que no me alcanzará la vida para trabajar y poder pagar todo esto – suspiró acomodando su boina.
- Hermosa – terminé lo que estaba diciendo aunque no fuera exactamente eso lo que iba a decir.
Su pequeña figura se amoldaba a ese pantalón a cuadros resaltando sus muslos y trasero, un buso blanco la daba cierto toque de pureza y mostraba solo una diminuta franja de piel de su abdomen plano, su estatura incrementó solo un poco gracias a una botas que combinaban con su boina negra y desde mi posición llegaba un olor exquisito, ese olor que ella emanaba de piña dulce. Tragué saliva al imaginarme saciar mi paladar y comprobar si era tan deliciosa y placentera como lo fantaseaba.
- Te ves tan linda – Alessandro me sacó de mi ensoñación - ¡Dios! Me das tanta ternura – terminó por acomodar su boina y apretó sus cachetes.
Ese acto hizo que mis cejas se arrugaran y apretara las facciones de mi rostro. Un nuevo lado sobreprotector salió a la luz cuando tomé de la muñeca a Celeste y la alejé de mi amigo, ambos me miraron abriendo sus ojos de par en par, Celeste con la duda sin entender que pasaba y Alessandro divertido ya que según él el interés que tengo por esta chica está sobrepasando lo que una vez sentí por esa persona que me rompió en dos.
> No puedes estar celoso de su hermano, recuerda que para tratarla así – señaló el agarre – tienes que pedir primero permiso a la familia – se señaló él – y luego darme la dote – sonrío de oreja a oreja.
No estoy celoso, simplemente que esa relación de “hermano mayor” no me gusta, él es un hombre y ella una mujer, ambos hechos y derechos, no están unidos por sangre y aunque confío hasta mi vida en él me sigue pareciendo … umm … poco correcta.
Si es eso, no estoy celoso ni nada.
- Je ne suis pas jaloux – le aclaré.
- Puéril – jadee.
“¿Infantil yo? Si claro”.
- Basta – solté la muñeca de Celeste para tomar bien su mano y sacarla de allí – tengo hambre, vamos – empecé a caminar rápidamente.
Al percatarme de los rápidos pasos de la chica a mi lado y que iba casi corriendo para seguir mi ritmo bajé la velocidad. Alessandro tiene razón, siempre la tiene, es demasiado tierna sin querer serlo, es tan inteligente e ingenua que con solo mirarla te dan ganas de sonreír y protegerla, llevarla a conocer el mundo y seguir alimentando esa ansia de conocimiento que su cerebro tiene.
Y lo más importante, he soñado con pasar mis noches con ella, explorar ese cuerpo y trazar un mapa con mis manos, escucharla gemir mi nombre y sacarle esa personalidad pasiva que tanto la caracteriza.
- ¿A dónde vamos? – curioseo sacándome del planeta de las feromonas – si … puedo saber – terminó mirando el piso mientras caminábamos.
- Desayunaremos en la Torre Eiffel – respondió Alessandro a su otro lado pasándole unas gafas oscuras.
- ¡¿De verdad?! – sonrío emocionada y pegó un pequeño brinquito poniendo sus gafas y cubriendo sus oscuros ojos.
- Hace poco se posicionó como chef en jefe un amigo y sé que se enojaría si no pasamos a saludar – le informé a Celeste.
- ¡Ah es cierto! Fréderic ¿No? – asentí a mi amigo hermano - ¡wuju! – frotó sus manos en el aire – no comeré nada que no sea preparado por él – sonreí.
- Hoy pequeña probarás la comida de un chef con una estrella Michelin – subió su mirada y aunque no podía ver sus hermosos ojos la duda estaba inscrita en la forma en que apretó sus carnosos labios – es una forma de calificar restaurantes y chefs por la calidad, creatividad y otras variantes en sus platos – asintió curveando sus labios.
- Entiendo – apreté un poco más mi agarre en su mano.
Me encantaba tenerla así, sentirla a mi lado y percibir que depende de mí.
- Hemos llegado – comentó Alessandro mirando hacia arriba.
Ambos seguimos su mirada y la exclamación de esta chica que llegó a revolucionar mi mundo me hizo mirarla con una sonrisa pegada en mis labios.
- ¡Wow! – quitó sus gafas para mirarla mejor.
La torre Eiffel se posicionaba atrayente y enorme frente a nosotros, las personas nos miraban ya que sin quererlo llamábamos la atención de los transeúntes. Alessandro con su típica pose de hombre adinerado y relajado, Celeste emocionada mirando todo alrededor, y yo mirándola a ella, solo a ella.
Por su memoria fotográfica sé que jamás olvidará esto, los momentos que esta pasando con nosotros, la información y datos nuevos que está recibiendo. Sé que jamás olvidará mi rostro, mis palabras y sé que algún día la tendré para mí y jamás olvidará mis manos en su piel.