Celeste
Lunes 4 de marzo de 2019
- Listo – suspiré llevando mis manos a mi cintura – aseo listo, comida lista – limpié el sudor de mi rostro – más que listo – me giré con intención de ir a asearme y un sabor amargo se incrustó en mi garganta.
Hace una semana que no toco, ni siquiera una triste melodía llega a mí, simple, no tengo inspiración.
Hoy volverían y tras horas y horas de reflexión había tomado una decisión. No podía mezclar mi mundo con el de personas que gobiernan a seres como yo.
Un último suspiro y caminé a mi habitación dejando atrás el inmenso piano de Christopher.
Apreté mi pecho, el solo pensamiento de su nombre, imaginar sus ojos zafiros, como me hablo el día que partió y el beso que me dio me genera una opresión en el pecho que me resulta bastante molesta, no quiero más esta sensación y me frustra que según internet no tenga tratamiento médico.
Con ropa casual y cómoda me miré al espejo, un Jogger oversize, camiseta básica y tennis, en eso consistía mi uniforme de trabajo desde que llegué acá, sin mostrar nada de piel que no deba mostrar, sencilla y adecuada para el empleo. Mientras recogía mi cabello en una coleta alta el ruido que se instaló en la sala principal me indicó de su llegada.
- Bien Celeste – le hablé a mi reflejo – tienes que ser fuerte, tienes que poner límites – recordé el desdén de la madre de Alessandro.
Tragué saliva apretando mi dentadura para no llorar. Si esa mujer se llega a enterar que su hijo me trata como familia es capaz de sacarme de acá, y por ahora no tengo la suficiente experiencia para pedir empleo en otro lugar de un país desconocido para mí.
Un suspiro más del día y salí para darles la bienvenida.
- Buenas tardes – hablé un tanto retirada y en la sala solo se encontraba Alessandro.
- ¡Celeste! – abrió sus brazos con una enorme sonrisa y a medida que dio dos pasos yo me alejé los mismos - ¡ay vamos! – bajó sus manos a sus costados – juro que si me bañé a pesar del frío atroz de Canadá – volvió alzar sus brazos – ¿No le darás un abrazo a tu hermanito? – hizo pucheros y la risa de Christopher impidió que contestara y me dejó clavada dónde me encontraba.
- Chivo Alessandro hace su aparición como hermano mayor – volvió a reír empujando juguetón a su amigo.
Me permití admirarlo por unos segundos, su fina barba, su blanca dentadura, sus ojos brillando de alegría los cuales al posarse en mí derrumbó las capas protectoras que había puesto en el transcurso de estos días.
- Celeste – bajé la mirada al escuchar mi nombre en su voz - ¿Estas bien? Estás pálida – dio un paso hacia mí pero volví a alejarme.
- ¿Podemos … - aclaré mi garganta – emm … tener una relación jefe – empleada y ya? – subí mi mirada para ver que expresión tenían.
Ambos se estaban mirando, ambos se tensaron y ambos arrugaron su cejo para mirarme con una ceja alzada.
- ¿Jefe – empleada y ya? – recalcó Christopher a lo que solo pude asentir.
- Y … – juguetee con mi manos para evitar mostrarles mi temblor – también … - miré a Alessandro - ¿Podrías dejarme de decir hermana? – abrió sus ojos de par en par y balbuceo sin saber qué decir.
Christopher soltó aire por la nariz y rascó su ceja para luego cruzarse de brazos.
- ¿Qué pasó? – preguntó con una mirada dura - ¿Fue por mi culpa? – negué - ¿Entonces? ¿Fue por el beso?
- ¡¿Beso?! – Alessandro pasó su mirada de mi a Christopher parando en este último – te voy a matar.
- ¡No la bese! Yo – me empecé a asustar al verlos ahora alegar.
- ¡Un beso pero no la besaste!
- ¡Déjame explicar!
- ¡Te dije que no la sofocaras!
- ¡Yo no la … - los corté.
- ¡Basta! – ambos me miraron con sus par de ojos bien abiertos, y aunque tenía miedo, mucho miedo, debía poner límites – solo soy una mucama, solo soy tu empleada – miré a Christopher y terminé con mi voz temblorosa – por favor no insistan – aparté mis ojos de ellos al sentirme tan vulnerable que las lágrimas cristalizaron mi vista – llevaré su maleta a la habitación señor – pasé por su lado sintiendo mi alma desfallecer.
- Celeste – me tomó del brazo deteniéndome.
- No – sollocé y una lágrima se resbaló por mi mejilla.
- Déjala – intervino Alessandro – hablaremos cuando estemos más calmados – soltó la mano de Chris y sin pensarlo tomé su valija y me apresuré a salir de la vista de ambos.
“Duele, duele como el infierno”.
Ahogué con mi mano otro sollozo y limpié con premura mi rostro. El recuerdo de la señora Beatrice evocó mi decisión, clases sociales, élites, niveles, yo estaba en lo más bajo y ellos en lo más alto, ellos tenían dinero y yo, bueno, tenía salud gracias a Dios … al menos.
Una punzada en mi cien me hizo entender que con llorar no iba a solucionar nada, algo que aprendí a lo largo de mi vida; por más que llorara no me adoptaban, por más que llorara las obligaciones no se iban, y la verdad me tenía que felicitar por tomar el valor que tuve hoy y poner los puntos sobre las íes.
- Celeste – brinqué encontrándome a Christopher en el marco de la puerta con sus manos en sus bolsillos.
- Les prepararé té – bajé la mirada y caminé hacia la puerta pero se cruzó en mi camino tapando la salida.
- Alessandro ya se marchó, no hay necesidad de eso.
- ¿Desea algo de comer? – silencio – emm – jugué con mis manos.
- Si me miras sabrás la respuesta – ¡Dios! Parece un zorro astuto – Celeste deja de mirar hacia abajo – suspiré y subí mi mirada.
- ¿Desea algo de comer? – negó – si me necesita estaré en mi – no me dejó terminar.
- Me disculpo si pasé los límites, pero no te alejes de nosotros, ¿Sabes qué eres importante para Alessandro? – no respondí – ni a mí me llama hermano – mordí mi labio inferior y bajé de nuevo mi mirada – no eres una simple mucama, pronto te llegará la beca y podrás ser lo que siempre has querido – ay no, la beca – no volveré a besarte ni tocarte si no lo quieres pero no te alejes.
- No es por eso.
- ¿Entonces? – subió mi mentón con su mano – háblame, por favor.
- Solo recordé mi lugar – tensó su mandíbula.
- ¿Tu lugar? – asentí.
- Solo estoy acá para asear tu hogar, preparar tu comida saludable y – dejé de hablar cuando se acercó lo suficiente que podía sentir su respiración alborotar algunos cabellos.
- Vi las grabaciones – con su otra mano y sin soltarme la barbilla acarició mi mejilla, lo que provocó que inconsciente cerrara los ojos – no las detallé pero estoy seguro de que mi madre y Beatrice te dijeron algo – abrí los ojos de golpe y me maldije por no tener coherencia en lo que deseo hacer y como mi cuerpo responde a él
- No – me alejé abrazándome al sentir frío por separarme – no me dijeron nada.
- Si no fue mi indiscreción fueron ellas – negué – no quiero tratarte como mi empleada – mi corazón se desbocó – Celeste desde que te vi tocar te convertiste en algo más, alguien más que “una simple mucama” como dices tú, ¿Recuerdas el nombre de la canción que compusimos? – asentí dudosa – dilo – demandó y esperó.
- Il … Il tuo riflesso nella luna – sonrió de lado.
- Así te conocí – sacó una cajita de su saco – y así después de mucho tiempo y de haber perdido la esperanza encontré a mi musa – abrí los labios para respirar mejor – no voy a tratarte como mi empleada – me ofreció la cajita pero no la tomé – Alessandro – sonrío mientras negaba – me enseñó que las clases sociales no importan, todos somos personas y valemos por igual, quiero que tu también aprendas eso, que trabajes para mí no significa que seas menos que yo – se acercó tomó mi mano y puso la cajita en mi palma – cuando lo vi inmediatamente pensé en ti – se alejó esperando.
Con mi mano temblorosa abrí la cajita de color verde esmeralda, tenía mi mente en blanco, estaba abrumada y asustada, mareada, sudorosa y fría.
Cuando saqué el objeto que estaba en su interior dejé de respirar y de inmediato volví a tener ganas de llorar. Un pequeño piano de cristal con tonalidades lavandas me hicieron sonreír, no medía más de 13 centímetros y en su interior se notaba un tambor dorado, era fino, delicado y precioso.
- Es … - tomé una respiración profunda para encontrar mis palabras – es hermoso – subí mi mirada sin dejar de sonreír.
- También trae su banquito – miré dentro de la caja y allí estaba, tan diminuto que tenía miedo de quebrarlo – y si alzas su tapa habrá magia – ladee mi cabeza confundida – ven, te ayudo – se acercó y acomodó el soporte de la tapa.
Automáticamente el objeto en mis manos comenzó a emitir el sonido más hermoso que había escuchado, cerré mis ojos para concentrarme y disfrutarlo, las suaves melodías que compuso Yiruma en 2003 llenó mi corazón, “Kiss the Rain”, una mezcla de tonalidades alegres, románticas y tristes me hicieron llorar abiertamente, tanto que mis hombros temblaron.
- Esto es nuevo para mí – hablé entre llanto.
- Lo sé – se acercó y limpió mi rostro con sus pulgares.
La canción seguía sonando y yo seguía llorando, por primera vez en mi últimos diez años de vida estoy llorando como una pequeña delante de otra persona.
- Estas sensaciones, no las conozco.
- Lo sé.
- Tengo miedo.
- Lo sé – tomó mi rostro entre sus manos – y no importa si tengo que esperar 5 vidas, pero aguardaré a que te aceptes a ti misma como la persona valiosa que eres y me aceptes a mí, como el arrogante que soy – besó mi coronilla.
La canción terminó pero ahí estaba yo … una nueva yo experimentando cosas nuevas y con el mejor regalo que me pueden dar.