Beatrice
Los fantasmas del pasado siempre te perseguirán, a menos que los hagas desaparecer para siempre.
Escobar … ese maldito apellido.
Tomé mi celular y le marqué a mi investigador privado, un hombre que me complace en todos los sentidos y es un amigo especial de la familia.
-- ¿Cómo está la reina del mundo? – sonreí complacida.
- Extrañándote – pasé mi mano por mi cuello y cerré los ojos emitiendo un suave gemido.
-- ¡Joder! No sabes como me pones con solo escuchar tu voz – volví a sonreír al tenerlo en la palma de mi mano.
- Necesito un pequeño favor, amor – miraba mis uñas mientras hablaba.
-- Lo que sea para mi reina.
- Hay alguien que deseo investigar, sabes que la seguridad de mi hijo es lo que más me importa y ahora hay una chica que lo ronda.
-- Dime su nombre.
- Celeste Escobar.
Sábado 2 de marzo de 2019
La efectividad de mi amante me dejaba sin palabras, el poder que posee para encontrar información de otras personas era simplemente inverosímil.
Le di una calada a mi cigarro de mentol mientras terminaba de leer los documentos. El hombre entre mis piernas se removió aferrándose más a mí, sonreí al recordar la pasión que nuestros cuerpos destilaron minutos antes y que estas sábanas fueron testigos.
Tenía el mejor esposo del mundo, amable, caritativo, buen padre, comprensivo y miles de atributos más, pero su trabajo como el dueño de los mejores bufets de Europa le quitaban tiempo y no me complacía como mujer como lo hacía este hombre, si bien es un poco más mayor que mi hijo tiene la madurez de un hombre adulto, y sabe como tratarme en la cama.
Apagué la colilla en el cenicero y le di vuelta a las hojas para seguir con la información, por ahora nada relevante, una chica común y pobre, nada que me indique que ella es …
Paré en seco y me senté bien desacomodando a Pablo el cual gimió al haberlo despertado.
- Mierda – me puse de pie sin importar mostrar mi desnudez – mierda, mierda, ¡mierda!
- ¿Qué pasa? – habló medio dormido con una voz ronca y sexy.
- Tengo que alejar a ese mosquita muerta de acá – hablé entre dientes.
- ¿Por qué? – bostezó restregando sus ojos – no leí nada relevante.
“Porque me puede traer problemas con mi herencia”.
- No importa – tiré los papeles a un lado – ya me ingeniaré la forma de tener todo en control como siempre – me acerqué a la cama – creo que me estrese – hice un puchero – quiero montarte – me subí y caminé como una gata.
- Ven acá – solté una risa al escucharlo rugir.
Disfrutaría de este hombre que me hace sentir joven, luego me ocuparía de esa piedra insignificante que se había cruzado en mi camino.
Bien dicen que los fantasmas del pasado en algún momento tocan tu puerta para fastidiar tu presente y querer hundir tu futuro, ya depende de nosotros si creemos en el karma y nos dejamos machacar o dominamos a esta.
Yo soy la reina de los Berlusconi, y nadie ni nada arruinará eso.
Christopher
Domingo 3 de marzo de 2019
- Algo no va bien – colgó por tercera vez su móvil – solo me contesta día por medio y cuelga lo más pronto posible.
- Tal vez se le dificultad hablar por móvil – negó.
- Algo va mal – masculló mirando a la nada – tengo un presentimiento nada bueno – suspiró.
Si le digo que a mi no me ha contestado ninguna llamada desde que me marché es capaz de dejar su trabajo tirado por asegurarse que Celeste está bien, tal vez me pasé con acercarme a ella de esa forma, tal vez no está preparada aún para todo esto, si Alessandro se entera que la agobié me mata.
- Christopher – levanté mi mirada y me lo encontré detallándome con los ojos entrecerrados – algo me ocultas – apreté mi mandíbula.
- Claro que no – me aclaré la garganta y me rasqué la ceja.
- ¡Oh claro que sí! – me señaló – te acabas de rascar la ceja.
- ¿Y?
- Que eso lo haces cuando estas nervioso – maldito – desembucha.
Resoplé.
En ocasiones odiaba que me conociera tan bien, pero podría jugar con esto y emocionar la loca mente de mi amigo.
- Le compré algo y no sé si le vaya a gustar – sonrío.
- Muéstrame - ¡Bingo!
Me puse de pie para traer la cajita, con mucho cuidado saqué el objeto de su interior y lo puse en la mesa de centro, sonreí de lado satisfecho de su reacción.
> ¡Está genial! Se va a morir cuando lo vea – lo miraba desde todos los lados emocionado – ahora entiendo porque tu nerviosismo, esto es casi una prueba de amor – solté una carcajada.
- No le vayas a decir eso – volví a guardar el objeto – quiero que ella misma se de cuenta poco a poco si siente algo o no, no porque otros la obliguen a sentir.
- Me siento tan orgullo de tenerte como amigo – puso su mano en mi hombro y se limpió una lágrima imaginaria.
- Payaso – guardé la cajita en la maleta.
- Bueno, mañana podrás darle ese obsequio, no veo la hora de volver a casa y comprobar que está bien.
- Esta bien – alzó las cejas – sabes que tengo seguridad en todo el apartamento, no he corrido contigo a Italia porque me he estado informando sobre ella.
- ¿Y apenas me cuentas? Egoísta de información – volví a reírme.
Solo espero que al volver no se comporte conmigo distante por el beso que le di.