No tuve que hacer fila a la hora del almuerzo para llenar mi plato en la cafetería del Blue Gold. De hecho, ni siquiera me cobraron por mi plato. —Si así es como me puedo ahorrar un dineral en almuerzos, entonces yo también me haré novio del jefe, si me lo compartes, claro —dijo Vlad, mientras nos sentábamos con Marcela en la misma mesa de siempre. —Ya deja las ilusiones, Vlad. El jefe no tiene cara de que le gusten los hombres —replicó Marcela, mirándome —. ¿O sí? Yo solo le di un sorbo a mi vaso de jugo. Si bien Fernando había dicho que no ocultaba su orientación, la verdad era que sí lo hacía, porque ¿entonces por qué no se lo había dicho a Carlos? Por supuesto que aún seguía en el clóset, solo que ni él mismo se aceptaba como era. Así que no me correspondía a mí sacarlo del cló

