Desperté y me alisté para un nuevo día de trabajo, sabiendo que ya las cosas no serían iguales en la firma. Ya me imaginaba a todos mirándome y rindiéndome pleitesía por ser la novia del CEO. Algo que yo todavía no terminaba de procesar. Anoche, cuando me despedí de Fernando, me abrazó con tanto cariño y pasión a la vez, que yo en serio pensé en cuánto tiempo duraría eso de mantener un noviazgo “puro y sano”, sin tener sexo. Y, para colmo, cuando me fui a despedir de Carlos —que tuvo su vuelo de regreso a Bogotá casi a la media noche—, me dio un beso en la mejilla un poco más largo de lo que debería ser entre dos cuñados normales, y mientras lo hacía, pasó su mano por mi espalda en una leve pero muy impropia caricia, y eso no pareció molestarle a Fernando, porque después miró a su he

