- Tu misión –le mira con seriedad– es evitar que la decimonovena hija de Luxfero, se convierta en una recolectora. - Lo acepto con gusto, gran Michael –hace una leve reverencia, sabía que no sería fácil, pero si se lo habían confiado, era por algo. - Has crecido muy rápido, mi buen Mikell –coloca la mano en el hombro del joven ángel. - Eso es, porque usted es un buen mentor –dice con respeto, le sonríe. - También un buen padre –dice una melodiosa voz, interrumpiendo. - Liere, que gusto –dice el mayor mirando a la preciosa ángel. - Un placer verla –dice el menor haciendo una reverencia. - Nada de formalismos –dice negando con la cabeza–, ¿me prometes que vas a tener cuidado? - Claro, seré cuidadoso –dice antes de que ella lo engulla en un gran abrazo, besa ambas mejillas. - Aún rec

