Amanecer

873 Palabras
El movimiento compulsivo que tenía mi cuerpo al hundirme se volvió quietud, como un sedimento que se iba posando en el fondo del mar; cuando toqué ese fondo pude sentir como la tierra me iba comiendo rápidamente, era como si los años que le toma la tierra para hundir las cosas, me hubieran permitido ya de entrada hacer parte de ellos. Era algo maravilloso. Justo cuando me estaba sintiendo más de ellos, desperté, Ana María seguía dormida, ya eran como las ocho de la mañana o las nueve aproximadamente; de repente se quitó esa película que tenía en los ojos, en la vista, tacto y olfato que tenía de la noche anterior, se podía oler fácilmente el aroma a alcohol inundando la pieza; Ana María estaba profunda, ya durmiendo boca arriba, como un cadáver, con las manos en el vientre; parecía lista para llevar a un carro fúnebre hacia su sepultura, yo mientras tanto me sentía agotada, supongo que es la resaca del perico, te hace gastar todas las energías y luego el cuerpo no tiene con qué responder para hacer las labores del día siguiente; me levanté lo más despacio que pude para no despertar a Ana María, mis piernas estaban más blancas que de costumbre, podía ver cada por como si estuviera observando los puntos en la playa, veía mis venas que corrían como río del Amazonas, eran unas piernas de buen tamaño, pero se veían cansadas, molidas, agotadas; donde al fondo de la visión pude ver mis pies, mis dedos moverse agotados, con las puntitas rojas, coloradas, casi que afiebradas y enfermas, que hacían remarcar con su movimiento los tendones de mis pies, casi esqueléticos; me moví por el cuarto, miré mi ropa apeñuscada en un rincón, que al parecer había tirado la noche anterior y ni lo recordaba, en realidad sentiría mucha pena por el aspecto que seguramente tendría y cómo llegué de lamentablemente a la casa de Ana María, pero menos mal ella estaba también bastante consumida por la fiesta de anoche, lo que hace que la pena se me desvaneciera totalmente; salí del cuarto de Ana para ver un tocador y poder contemplarme en todo mi degenerado esplendor, aunque permanecía viéndome hermosa, seguramente una de esas mujeres que el pelo desorganizado se les ve bien, porque aunque sea lo mantengo limpio. Fui a la cocina, el hambre me estaba matando, no había comido bien últimamente, tomé prestada la cocina de Ana para preparar el desayuno, al menos tenía que pagarle la hospitalidad de alguna manera, hice unos huevos con salchicha, hice chocolate y agarré unas galletas de sal que encontré en uno de los muebles; cuando entré al cuarto Ana María estaba ya despierta, parece esperando como una reina a que le llevase su comida a la cama. —¿Estuviste todo este tiempo despierta?—pregunté —Lo suficiente, escuché cuando estabas rompiendo los huevos—dijo estirándose para sentarse en la cama—haces mucho ruido para partirlos —Para nada, eso es puro guayabo y malestar suyo mami—le dije entregando el plato a sus piernas —¿Qué tal? Oigan a ésta—dijo en alegato—pero como es de injusta la cosa, tú hiciste más cosas y pareces como nueva —Bueno, moverse ayuda a sudar todo ese trago —Eso si, no soy mucho de bailar, me gusta hablar mierda—dijo sincera—para eso Isabella es experta —¿Y ellos?—pregunté —Ah, ellos están en su casa seguramente Las dos nos pusimos a comer en su cama, la pesadez del cuerpo se fué convirtiendo en ligereza gracias a la comida, parece como si hubieras derretido ese grumo pesado que tenías desde la cabeza hasta el estómago. Me sentía aún así acelerada, parece que hubiera parado todo menos mi cabeza, había encontrado en la noche anterior no una, sino decenas de ventanas a las cuales moverme —¿Y ahora qué harás como representante de toda esa vaina?—pregunté —La verdad es que no me toca hacer gran cosa, lo que cambia es que ahora puede tenga más clientes que quieran mis obras—dijo Ana María—lo que significa que pues puedo ahogarme si durante un tiempo en trabajo, pero con esas ganancias puedo descansar a su vez más rato, es como cambiar horarios a unos más intensos, sean para trabajar como para quietud —¿Y estás feliz con eso?—pregunté —La verdad es que si estoy feliz, no precisamente por eso pero si, son buenas noticias al fin y al cabo—me dijo —Pensé que ibas a estar más emocionada —Bueno, yo sé que es un motivo para estar alegre, creo los más contentos con la noticia son Isabella y Emanuel, saben que puedo darle mucho nombre a la galería y al proyecto que tenemos con Guillermo y Juan —Parece que los respetabas mucho —Especialmente a Guillermo, Juan me abrió las puertas a lo de ser webcamer, pero Guillermo evitó que yo me vendiera a precio de huevo, aparte fue quien convenció a Juan de quedarme a vivir allí en el estudio, pese a que a algunas de las muchachas parecía molestarle
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