No quise decir gran cosa, tampoco quería subirle el ego hasta la estratósfera de la tierra, así que apenas atiné a responder un “se veían curiosas” para que no se sintiera adulado, mensaje que sirvió al parecer, porque su sonrisa siniestra se desdibujó de su rostro, pero lo que aún me molestaba e intrigaba de cierta manera era que no me quitaba la mirada de encima ni por un segundo, charlamos de las cosas más banales y sin importancia durante un rato, Ana María, Isabella, Nelson y yo, pero yo no estaba ahí, yo me sentía atacada por una par de flechas invisibles que salían de sus ojos directamente hacia mi; incluso me cuestioné si hice algo de más aquella noche, si es que el perico o los tragos me jugaron una mala pasada y la cagué en algún momento de la noche, intentaba rearmar la noche, c

