—No, apenas si podía cargar con lo que había en mi maleta—dije mientras veía como Ana María sacaba un cigarro de su chaqueta de jean, eran de esos que no traían filtro, los que hacían que toda la nicotina entrara a tu cuerpo, los piel roja, los peche de barrio medio
—Ah parce, y estos que no fuman—dijo mientras volvía a guardar su cigarro en el bolsillo del pecho
Empezaron a salir y a rotarse las pinturas, pinceles y herramientas de trabajo como si en medio de todos nosotros hubiese un parque y estos fuesen niños corriendo de lado a lado, Jair se concentró y dejaba salir bocanadas de aire a cada instante, su pulso era tembloroso y le costaba iniciar los trazos. Para cada artista es a veces compleja esa parte, para otros no tanto, encontrar un punto de fuga para que partan todas las ideas es algo tedioso; eso sí, para mi no, a mi se me dificulta terminar algo, veo posibles cambios que hacer, hasta que pueda llegar a ese punto de perfección que deseo, pero a veces es imposible obtenerlo.
—¿Ustedes acaso nunca pintan?—les pregunté a Ana María y a Marina
—Realmente poco, lo que más me gusta hacer es dibujar, al menos en lo que refiere a lienzos, ya sabes, soy un poco más plástica—dijo Ana María mientras hacía figuras con sus manos; era alguien muy talentosa para las cosas físicas en tres dimensiones, mientras que para planos rígidos era mucho más simple, quizá solo haciendo bocetos para próximas creaciones
—Yo pues….—dijo Marina con una suave voz, casi como pidiendo permiso para inferir su postura, era alguien bastante reservada y nerviosa—Cuando estoy afuera no pinto, pinto muy lento, y me sirve que la pintura esté fresca la mayor cantidad de tiempo posible, por lo que el viento hace que se seque mucho más rápido, es como una carrera la cual no puedo ganarle
—Por eso prefiero tomarme mi tiempo para pintar, para hacer una buena pintura y empezar con toda y no parar sino hasta terminar—dijo Ana María
—Si, aunque yo me tomo el tiempo es porque no tengo ni idea que pintar—replicó Jair
Cada uno tenía sus propias artimañas como para “agarrar” inspiración, por lo que era bastante difícil encontrar algo que hacer y que no se haya hecho antes, o por lo menos encontrar nuevos estilos de arte. Jair daba vueltas con su pincel como si se tratase de una baqueta de batería, Marina se notaba muy fiel a su personalidad, algo más ansiosa, con movimientos erráticos en sus dedos, como trazando algo dentro de su mente, mientras que la propia Ana María se movía, le daba unas vueltas a algunos árboles, los miraba, miraba desde varios puntos de vista, como si el árbol fuese su obra y ella lo moldease.
El tiempo fue pasando, realmente no hablábamos mucho más que Ana María y yo, Jair y Marina se concentraban mucho en sus obras y no queríamos perturbarlos, empezábamos a hablar de los trazos que hacíamos, darnos pistas de lo que cada una de nosotras estaba haciendo, pero sin llegar a ser lo demasiadamente explícitas para delatarnos. Era alguien con quien se sentía bastante rico el hablar, como con no muchas personas encuentran hacerlo, no la conozco más que de las veces que hemos pintado juntas, que no han sido muchas, y las veces que iba a las ventas de pinturas donde también coincidía ella, fuera de eso, nada.
Mi pintura se fue tornando muy amarillenta, demasiado para mi gusto para ser sincera, porque la verdadera contracción de lo que había soñado ya no era clara para mí, había pasado tiempo y el sueño pese a recordar la base, había perdido los detalles, ¿Hasta qué tan amarilla era la tierra?, ¿Hasta dónde se podía ver en el horizonte aparte de los granos de arena volando?, Primeramente ¿Era arena? Todo eso me tenía en duda y algo extasiada, recordaba únicamente mi cara contra el barro, sentir el agua tapando uno de mis ojos y llegando casi hasta el lagrimal del otro, recuerdo sentir frío, pero no humedad, era como si hubiese perdido muchos de los sentidos que estaba teniendo en aquel entonces.
—Se me fue la paloma—dije para mi misma
—Es una mierda cuando pasa parce, pero bueno, intente darle forma a lo que haga—dijo Ana María
—¿Qué haces cuándo se te va la idea?—le pregunté
—Realmente no sabría que decirte, ya sabes… plásticas—dijo alzando los hombros—pero algo sí sé y es que si perdiste el hilo de tu idea, improvisa, no podemos replicar muchas cosas que tenemos anteriormente pensadas
Volví a mi bloc, y dejé los trazos con lápiz que estaba intentando hacer funcionar como amortiguador y bases para intentar recuperar mi idea, y me dirigí hacia la pintura directamente, agarré unas pinturas que tenía para papel que casi nunca uso y ya tienen sus años para empezar a mezclar; me había comprado recientemente una paleta para combinar rectangular, no me gustaban las paletas normales en forma de gota, se me hacían bastante estorbosas, en cambio esta podía dejarla en vertical u horizontal para mi comodidad. Agarré varios tonos de amarillos y marrones para buscar el tono perfecto de amarillo sucio, casi inundado como el de una playa mugrienta, como si estuviese buscando contaminar los dorados rizos de una muñeca, y me detuve, me detuve otra vez sin saber hacia donde dirigirme, así que fácilmente tomé el consejo de Ana María y me dejé improvisar, sobre el desierto pinté unas pequeñas personas, apenas unas figuras negras para que se pudiera interpretar, donde había ligeramente una más chica que las demás, parecía incluso a veces una figura religiosa, como si se tratase de Moisés guiando a ese montón de gente por el desierto, bueno, alguna historia así era. Se me iban enrojeciendo los dedos, por la cantidad de fuerza que aplicaba sobre el pincel, dejándolos doblados hacia dentro, adoloridos. La pintura se iba haciendo cada vez un poco más clara, más concisa y con un fin mucho más claro. Detrás de los caminantes había una especie de sombra horizontal, como una clase de aurora boreal pero al nivel del suelo, apenas dejando entrever unas formaciones rocosas, como si estuviésemos saliendo de una misma cueva, como si estuviéramos partiendo después de un largo letargo de hibernación. No encontré más que hacer, no me atreví a hacer un cielo, porque era de lo que menos segura estaba, sabía que era oscuro, pero no sé si por la tormenta de arena o por la oscuridad, sentía que debía dejar el cielo en blanco, como la nada misma debería de ser un blanco total, pero también aplicaría un n***o tenebroso, no había forma de interpretar la nada en el cielo, así que frustrada me detuve en mi labor.
—¿Terminaste ya?—Le pregunté a Marina muy amablemente, era como alguien a quien te nace tratar con dulzura
—Si, aunque titubeé bastante en lo que quería hacer, quería hacer un campo de rosas y una silla de esas que tienen como un respaldo inmenso—decía mientras intentaba hacerme entender su idea
—Si, como muy feudal, ¿no?—pregunté buscando claridad
—Más o menos—dijo alegre—aunque no sé qué formas darle a los ventanales de el respaldo, ni que rosas hacer para que tengan peso de color hacia la base; eso sí, la silla será blanca
—¿Como una silla rimax?—dije entre risas
—Sin ser tan ordinario—dijo riéndose—quiero darle una forma mucho más sólida, como si fuese una silla de mármol
—Pero entonces las patas se verían mal, ¿Nó?—indiqué—normalmente esa clase de sillas en mármol, o bueno, mejor dicho asientos son de base sólida, en bloque
—Cierto—dijo aún más dubitativa—pero quiero darle un sentido más rígido que algo que parezca plástico
—¿Y si intentas con madera clara? ¿Lo más blanca posible?—le dije buscando aliviar sus dudas
—Bueno, puede ser
—Ya con la silla y el material tendrás fácil el hacerle la forma del respaldo, quizás algo cómico pero con punta, como el culo de una bellota—dije mientras trazaba con mi índice sobre la hoja—le da un toque bonito
—Gracias Carola—dijo amablemente, aunque con mi segundo nombre, muy educada la niña esta
—Pues yo ya acabé—dijo Jair mientras sacaba el lienzo de su caballete y nos lo mostraba a todos, hizo la figura de un hombre bañado en llamas, pero no consumiéndose, sino como controlándolas, se veía vigoroso y poderoso, habían muchos colores, algo muy típico de lo que suele hacer Jair, que está lleno de explosiones de ego en sus pinturas
—Está bacano, siempre con la técnica de relieve esa rara que haces—dijo Ana María
—Es mi toque, mi pequeña insignia—dijo totalmente lleno de ego, entrecerrando los ojos
—Pues sí, pues sí, pero si se vuelve costumbre no vas a generar tanto impacto con tus futuras obras—dijo burlándose—aunque eso sí, te queda muy bien el trazado de relieve
Y era cierto, se veía un mar de llamas totalmente vivo, parecía incluso lava con pequeñas piedras uniéndose a ella, lo que hacía que el relieve del n***o de esta roca se sintiera y se pudiera ver a simple vista, en vez de ser un cuadro totalmente plano, aunque parecía haber gastado una gran cantidad de pintura para mantenerlo constantemente húmedo.
—Bueno, siempre hay cositas que retocar por allí, por allá—dijo excusándose Jair mientras Marina se reía del golpe en el orgullo que le acababan de propinar