—Bueno, yo no hice la gran cosa tampoco, para que se vayan ateniendo—Siguió Ana María mientras mostraba su bloc, este bloc era grande, daba campo para fijarse en los detalles y retocarlos sin que ocupen una gran cantidad de espacio, parecía la vista desde el culo de una botella, como si todo se estuviera desplazando hacia el centro y cada vez se aumentase más la vista, pero se alcanzan a percibir varias cosas, en el fondo se veía una clase de estaca clavada al suelo, una estaca con formas y figuras de mujer, pero que no era muy claro, el rostro estaba totalmente carcomido por la humedad de la madera, donde alrededor había cemento, unos escalones, como cualquier monumento de la ciudad, pero este era bastante bajo, como si hubiese que tirarse en un hueco para poder observarlo; Ana María no es precisamente la mejor en labores de dibujo o pintura, pero eran bastantes claras sus ideas y proyecciones, era como si se estuviese derritiendo la base de la estatua en la tierra, o más aún esta se encuentre fundiendo el suelo, todo a una vista incómoda por la botella, que dejaba en claro lo que era, pero no quién era, ni los detalles, era una visión que acongojaba.
—Bueno, se ve raro el aro—dijo Jair
—No sé cómo dibujar bien desde esta perspectiva, parece que tuviera miopía—dijo riéndose de su propio trabajo Ana María
—Bueno a mi me gusta como quedó la estatua, parece tallada en madera muy fina—apunté
—Eso sí lo he trabajado en mis esculturas, me tocaba en su tiempo trabajar con diferentes materiales sólidos entonces tengo la idea de cómo son los patrones internos cuando los cortas, rompes o moldeas—respondió
—No es necesario que arregles tanto la vista de botella, si pones algo sólido, como el contorno de la propia botella le darás más forma, en vez de parecer una vista borrosa—dijo Marina
—Si, pero siento que le quita espacio a lo que quiero que se fije en el cuadro
—¿Y qué es?—preguntó Jair
—Quiero que se note bien la piedra traspasando la tierra, está complejo—anotó finalmente Ana María—pero bueno, ahora te toca a ti—dijo Ana María
Mostré mi bloc con muchas preocupaciones sobre lo que quería plasmar dentro de mi idea, aparte la pintura en papel es mucho más compleja para mi, me gusta pintar más en lienzo al ser un material mucho más sólido, y que permite correcciones, en cambio aquí si quieres corregir puedes dañar la hoja.
—Un desierto—dijo Jair, sin más—me gusta, está bien logrado
—Ya hablas como mi profesor—dije extrañada al comentario de Jair
—Bueno, digo que está bueno, tampoco es que el papel deje muchas posibilidades a veces
—Eso sí, me costó encontrar el color que quería para el desierto
—Yo opino que está muy bacano, me gusta como dejaste trazado el camino por donde iban las personas, está muy claro, aparte de las partículas de arena—dijo Marina
—Si, a mi me encanta, bueno, el de todos la verdad, esta no es mi área, soy fácilmente impresionable con estas cosas—complementó Ana María
Agradecí y cada uno se dispuso a acomodar y recoger sus cosas, no era que pasaremos mucho tiempo juntos después de pintar, tanto Jair como Marina tenían sus clases por la tarde, mientras que yo tendría que seguir en búsqueda de clientela para pintar, así que iría con Ana María a ver las exposiciones del centro en búsqueda de alguien para que compre.
Nos despedimos de Jair y Marina, esta última muy educada y dulce como siempre, al final era una niña bastante adorable, muy centrada en los estudios, de esas que no rompe ni un solo plato, pero hace parte de su carisma, siempre relaja las aguas, en especial cuando Jair se pone pesado, Ana María ya me había preguntado si pasaba algo con él, pero yo solo le digo que se debe a su incesantes ganas de sentirse superior, que hey, no está mal, cada uno debería tener su ego bien plantado, y darse sus golpecitos en la espalda para motivarse, pero Jair suele rozar con lo insoportable, Ana María cree que le gusto y quiere impresionarme, pero ni por el chiras me tiro con alguien así, parece que quisiera demostrar su hombría pareciendo mejor a todos, y aparte es de mi misma universidad, ¿La gente que dirá?, cada vez que alguien me propone el encuadre y lo rechazo, ni siquiera pensando que tan buena o mala persona sea, solo me imagino que pasaría si acaba y la universidad se entera, es algo que te amarra con ese grupo social académico, y no quiero. Personalmente prefiero relaciones fugaces, pero no quiero que piense usted que soy una cualquiera, o me la paso alternando entre ese y aquel, para nada; solo me gusta estar donde se siente buen ambiente, aparte tengo muchas cosas en la cabeza.
Caminé con cicla en mano al lado de Ana María, que es alguien pese a lo directa, muy callada cuando nadie le da cuerda, por lo que decidí dejarla en la estación de transmi, si alguien no me habla me aburro fácilmente, así que le dije que nos veríamos allá; en ella se vio una cara como de desolación. “Y no vas conmigo en el transmi?”, fue lo que me dijo, yo le dije que prefería andar en la bici, aparte que no cargaba con efectivo para recargar, lo tenía todo en la cuenta. Así que me fui yendo, rápidamente me encarame en mi cicla, una libre de esas para dejarse llevar luego de un par de pedaladas, era de un color gris con rojo, me iba por toda una zona verde que era bastante solitaria y no habían muchas calles donde parar entonces era muy rápido llegar, iban a ser apenas las cuatro de la tarde, no faltaba mucho y el estómago empezó a resonar mi cuerpo, como una varilla al ser golpeada, así que paré en un restaurante cercano, siempre comía ahí, y aparte me dejaban pagar por digital, así que perfecto.
Ya sentada me ponía a pensar sobre el que hacer, sabía que tenía que seguir vendiendo pinturas, pero últimamente no estoy vendiendo demasiadas y necesito el dinero aparte para comprar los materiales para las nuevas pinturas, por lo que cada puñado de pinturas son una apuesta ya que si nadie los compra voy a necesitar rebuscar el venderlas y eso toma a veces tiempo. Estaba comiendo ya desganada, ahogada por mi mismo pesimismo, veía mucha gente pasar, un reguero de gente, la gente que estaba a pocas horas al parecer de acabar su turno de trabajo, gente en traje, vestido, en corbata o tacones y con cara de oficinistas, corruptos, secretarias que se acuestan con sus jefes, porque de cada diez mujeres que veía, nueve parecían sacada de participar en Miss Colombia. Por lo menos yo trabajaba en el arte, no necesitaba ceñirme a un vestido que marcara mi figura, pero a veces me preguntaba si yo hubiese agarrado ese camino que hubiese sido de mi, pero bueno realmente uno se pone a pensar que estaría aburrido, ya que no está centrado o haciendo algo en función de lo que le apasionaba, pero somos personas que cambian, sí me apasiona el arte, no significa que si hubiera estudiado o ejercido en algo como oficinista, abogada, secretaria o cosas por el estilo no fuese feliz, creo estaría incluso en una mejor situación económica, hasta con marido, quien sabe, mi madre estaría contenta por eso último, y mi padre por el trabajo que tendría, el es un sujeto muy tradicional por lo que se ve.
—Sabía que ibas a estar aquí—me dijo en tono de saludo nuevamente Ana María
—Si, ya me estaba torciendo del hambre—dije riéndome—pero ya casi acabo, para que vayamos caminando hasta la exposición
—Hágale—dijo mientras se sentaba frente a mi
—¿No va a comer?—le pregunté
—Comí bien antes de salir, soy de apetito nocturno—dijo ella
—Me parece increíble, con todo lo que ganas y no comprarte una buena comida—dije descarada, puesto que siempre carga con mucho dinero—incluso es peligroso andar tan cargada
—Prefiero llevarme la plata conmigo, ya sabes, plata en mano y culo en tierra—dijo riéndose
—Pero no en Bogotá, aquí le quitan la plata y el culo facilito—dije mientras sorbía lo que me quedaba de sopa
—Y en el centro—dijo haciendo un gesto sobre el lugar donde estábamos
—Ay china, usted hará que la atraquen por andar así dando papaya
Pagué la cuenta de mi comida y salimos del restaurante, estaba satisfecha por fin, pero ya con esa mala costumbre de somnolienta después de comer, así que caminamos lento hacia la exposición, aparte íbamos con tiempo, no tenemos reunión sino hasta las cinco y media.
—Espera—me dijo Ana María deteniéndose en una pequeña sombrilla donde una señora muy mayor estaba sentada vendiendo dulces, paquetería y cigarros—¿Quieres uno?
—Si, ya está empezando a pegar el frío, aguanta peche ahora si
—Deme un peche y uno mentolado
—¿Usted no tenía ya otro?—le pregunté
—Si, pero tengo ganas de uno mentoladito, más con este frío para que entre suave
—Gracias veci—dije agradeciendo por las dos a la señora mientras tomaba el cigarro
La señora nos ofreció el encendedor, cada una encendió y seguimos caminando, realmente estaba muy concentrada en mi cigarro, pero no por ser una viciosa, sino más bien porque no sabía de qué hablar con Ana, no hablábamos de algo que no fuese las pinturas.