—¿No has podido vender las últimas?—dijo rompiendo el hielo
—No, la verdad ahorita está compleja la vaina, aparte está lloviendo bastante por estas fechas, ¿A quién le darían ganas de ir a una exposición con tremendo aguacero?
—Es cierto
—¿Y tú? ¿Si has podido?
—Pues tengo pocas en venta, como las figuras plásticas toman más tiempo en hacerse se hacen reuniones cada mucho rato, y mientras acabo la que estoy haciendo estoy pintando un poco para ganarme los pesos
—Pero ya tienes mucho talento, además me dijiste que tu eras becada
—Si, pero eso no aseguró nada
—Si te haces a un master fuera del país la haces, con vender un par de obras te puedes pegar el viaje
Ella se limitó a no responder, simplemente titubeó con la idea que le dije, como dándole rueda dentro de su cabeza
—Igual de momento te está yendo bien—dije para no dejarla callada
—Si, he tenido suerte con las ventas de eso este último año, voy a ver si puedo sacar eso, pero ya sabes, está todo muy guerreado, hay mucho artista
Seguimos caminando, e íbamos ya por la calle de los cuadros, como solía llamarle yo, allí habían muchas personas, de claramente estar en la inmunda, vendiendo cuadros, pinturas, dibujos, retratos, lo que sea para subsistir, mi papá pensaba que así iba a terminar yo, muy escéptico como siempre. La verdad habían unas obras muy malas, con talento de dibujante, pero no para ser artista, en cambio habían unos pocos que parecían contar con un talento innato, lo cual me ponía a pensar la diferencia entre ese sujeto y yo, realmente estamos en las mismas, solo que él no tuvo esa oportunidad, era como el camino de mi sueño anterior, donde cada uno de ellos se caía y la gente se reía, se conglomeran sobre él, riéndose desde su posición de beneficiario de la gente que los rodeaba, pero uno seguía ahí, estancado, en el barro, pero con la única opción de intentar levantarse, pero ya nada iba a ser igual, aunque siguiéramos caminando en el mismo plano con esas otras personas, no íbamos a ser las mismas, ya estaba manchado con el barro del suelo, y lo que yo tenía para ofrecer hacia ellos era algo como una pleitesía, no un verdadero aporte a un mundo donde podría llegar a pertenecer, pero no, no era posible llegar a tal punto de lucidez. Me empecé a ahogar con el humo del cigarro, había recuperado el sentimiento del sueño, había vuelto a sentir a flor de piel lo que me había transmitido la noche anterior, sentía como la piel se me erizaba, y se levantaba como el cuerpo desnuo sin púas de un puercoespín, de repente empecé a toser ante la mirada de Ana María, riéndose por la ahogada que me había pegado.
—¿Está bien china?—me preguntó
—Si, nada raro—le dije tranquila—¿Tu no crees que ellos son iguales a nosotros?—le dije mientras indicaba mi rostro hacia los vendedores artísticos ambulantes
—Pues….—dijo seguido de un suspiro—creo que en cierta medida sí, pero uno nunca sabe que los llevó a este lugar, puede que incluso antes de esta situación no hayan tenido ningún contacto con el arte, con la pinturas, y esta situación de mendigo los llevó a volverse artistas—indicó
—Entonces eso significa que lo que fueron sus inspiraciones no es un valor realmente artístico, entonces no sería arte, ¿No? Porque el arte es algo que se transmite en son de querer representar algo, en cambio aquí lo hacen por necesidad—apunté
—Pues no necesariamente, no todo el arte nace de algo que te impulsa o una pasión, a veces puede ser la única salida de algo, que ellos lo vean como una herramienta para salir de su lamentable situación no quita que no sea arte
—No sé, no podría llamar arte a replicar hacer retratos de la gente que camina por aquí y le da el capricho de que uno de estos sujetos le haga un dibujo de su cara caricaturizada, eso ni es arte, es un desespero, es una impresión, como si fuese una máquina expendedora de dibujos, más no algo que piensa y quiere representar una obra propia
—Hmm tienes razón, pero mira—dijo mientras señalaba al otro extremo de la calle a un sujeto que vendía obras propias, eran reales impresiones de él—ese sujeto no hace retratos, en comparación a la gran mayoría de los que están aquí. Yo creo que es tan merecedor de que le llamen artista como a nosotras, ¿No crees?
—No lo sé Anita, no lo sé—dije intentando dejar el tema—no es como si alguien fuese a darle un mérito, una placa o una medalla que le haga reconocedor de su arte, eso hace que sea algo importante el como lo reconocen?
Ana María se me quedó mirando, quizá muy confundida por la faceta que acababa de ver de mi, cruda y sincera. No es que sean estúpidas o banales las labores o pasiones del sujeto, o bueno para el, propiamente hablando; pero la verdadera razón es que no importaba si hacías tal cosa, sino que la gente lo reconociera, que la gente supiera que estás ahí, hacés algo y la gente lo quiere.
—Aún así—dije queriendo aclarar—como puedes ver de todas estas personas, los que más venden son los que hacen los retratos, los que hacen solo los que hacen replicaciones una y otra vez de un cartoon, entonces eso hace que ya estén en una posición mucho mejor a la del artista, el propio artista.
—Es cierto—dijo desanimada Ana María ante mi extrañeza por tal reacción
Llegamos al sitio de la exposición, aún era muy temprano así que entramos y nos pusimos a ver las obras de otra exposición, una de mucho más caché en comparación a la que íbamos a estar nosotras, eran obras pintadas por algunos de los mejores estudiantes e incluso los mejores maestros de arte de la ciudad, reconocidos a nivel internacional. Había pinturas con un gran detalle técnico y artístico, pero nada realmente conmovedor, era como estar en un funeral, una especie de panteón tétrico. Vi una pintura de un corsel n***o cabalgando en dirección recta, totalmente transversal a la vista del espectador, no se sabía con exactitud si el caballo iba o venía, estaba solo, sin jinete, pero se veía en el los adornos de una especie de silla y las mancuernas, como si el jinete se hubiese caido, caminaba sobre un cesped marchito, como quemado por el sol, o el poco de hojas sobrevivientes a un incendio, para ver que a los costados del caballo se encontraban casas de un pequeño pueblo, apenas esculpidas con barro y con la teja que parecía ser dada a todos los pobladores por igual, estaba muy bien hecha la estructura del pueblo, pero el caballo dejaba mucho que desear, volvía a cuestionarme ahora, ¿Qué importa el entorno, si el personaje principal está totalmente difuminado? Era como si se quitara peso e importancia hacia ese ente central sobre el que deberían estar puestas todas las miradas.
Me rendí en intentar entender el razonamiento lógico de los artistas de estas pinturas, que parecían, pese a ser una exhibición, no venir a ver la presentación de sus propias obras de arte, era algo como lo que habíamos hablado con Ana María, no estaban haciendo arte, estaban replicando cosas, y como a los vendedores callejeros, su fama está en hacer retratos absurdos de las personas que desean comprar ese servicio, estos ricachones y conocidísimos pintores parecía lo único que les encendía la llama de motivación era la venta de esos productos, tanto como a los vendedores ambulantes.
Finalmente había pasado un rato, Ana María si se dió una vuelta completa por toda la exhibición, mientras yo me senté en una de las bancas que había dentro, me pareció haber empezado a escuchar el ruido de una multitud pequeña de gente, debía ser mi exposición, a ella van todos a mostrar sus obras, al final son personas que todavía no despegan o no logran una fama mayor en comparación a las demás exposiciones, como una competición amateur. Habían claramente estudiantes, me imagino que de varias universidades, a algunos los distinguía de haberlos visto en mi campus, me saludan moviendo su cabeza hacia atrás, yo apenas levantaba la mano en un saludo tímido a la distancia.
—Bueno muchachos y muchachas—decía Antonio, el señor encargado siempre de la sección de novatos para las exposiciones—vamos a mostrar sus obras, ustedes ya saben como es esto, atiendan las dudas de los espectadores y con suerte podrán vender sus piezas
Yo tenía dos obras allí, una que me parecía perfecta, era la composición de la luz, donde había un centro elevado de un sol, un sol radiante que dejaba reposar sus rayos sobre una ciudad destrozada, pero no como si hubiese pasado un cataclismo, sino más bien como si los habitantes lo hubieran querido así, como si estuviese corroída y estuviese acorde a la gente que allí residía, mientras que en la parte inferior un viejo, un viejo sentado con la mano arrugada, el pellejo colgando como la quijada de un pavo, la luz dejaba ver sus ojos telarañosos por la edad que apenas podían abrirse paso entre sus párpados. Por otra parte la otra obra era la bestia de esta presentación, era malísima a mi parecer, la presenté porque me había comprometido a presentar dos plazas, pero no tuve mucho tiempo y pinté en muy pocos días esta abominación, un aborto total, incluso con la elección de colores en rojo, era como ver desde adentro de un útero, con la vista hacia afuera, veía un pasillo rojo, con parche un poco más coaguladas, se veían puntos desagradables donde se dejaba entrever la velocidad y poco tiempo de preparación de la pintura, era algo asombrosamente mediocre.