Preliminares

1926 Palabras
La mujer venía con una apariencia bastante formal pero a la vez callejera, un semiformal en toda regla, venía con un jean azul oscuro, muy oscuro; acompañada de una blusa amarilla con flores que tenía una sola manga, dejando ver su hombro y parte superior de su pecho al desnudo. Una cara bien arreglada, un pelo crespo, bien churco como suelen decir, con unas ondulaciones que parecían garabatos sacados del pelo de Mafalda, unos aretes color plata que se bamboleaban de lado a lado junto con su carismática melena, todo eso acompañado de un arreglado perfecto de su rostro en cuestión de maquillaje —Hola mi Isa, ¿Todo bien?—dijo saludando de beso en la mejilla—vinimos muy arregladas hoy eh —Un poquito nada más, si fuese por mí, vendría con una chaqueta porque está haciendo un frío de mierda—dijo seguido de una risa muy aguda—¿Y tú quién eres? —¡Upa! Que pena, ella es Gabriela, es una amiga, es pintora —Uy qué bien, ¿Qué te trae por acá? —La invité para que viera un poco el lugar, a ver si le interesa—dijo esto último con cierto tono pullante para recalcar lo que le había dicho antes de la interrupción —Si….—dije entrecerrando los ojos y sonriéndole a la mujer—un placer —Fresca, no hay de qué, espero puedas ver todo lo que te guste, mi nombre es Isabella, para lo que quieras—dijo devolviendo el gesto de la sonrisa—oye mira que va a venir alguien precisamente hoy a ver tu escultura Anita. —¿A qué horas?—preguntó —No debe de tardar, me imagino que el trancón lo demoró—respondió—Pues me dijiste que intentase vender tus obras si no estabas, pero creo que va a ser más probable la venta si haces toda la verborrea tu. —Si, mejor—dijo pensándolo—ven te enseño la obra—dijo rápidamente y moviendo su cabeza apuntando en dirección a un pasillo. Todo estaba muy bien iluminado, parecía bastante logrado, y pese a lo alejado que está esta exposición con respecto a las grandes exposiciones del  centro, tenía una cantidad de gente considerable. Eso sí, las edades de los visitantes eran mucho menores en comparación a lo que venía acostumbrada a observar en este tipo de eventos, parecían rondar entre los veinticinco y cuarenta años; pero tenía concordancia con las características del sitio, mientras que en el pabellón del centro había una atmósfera mucho más muerta, como si estuviese prohibido pronunciar palabra, visitaban señores que parecían estar en sus últimos años de vida, aquí el ambiente estaba mucho más orientado a quizá una era de arte mucho más nueva, lo cual tiene sus ventajas y desventajas como podrá observar. Mientras que un pabellón o exposición de arte que está regulada por el estado y posee toda su financiación puede ser muy sorprendente a la vista, a la hora de entrar a esta no es mucho más que las obras de unos matados que están intentando vender lo poco que hacen, pero eso sí a una cantidad de dinero muy alta, es como cuando alguien se compra una ropa muy lujosa, puede ser muy buena, pero si el que la usa no se ve bien, de nada sirve; lo mismo sucede con las obras, pueden ser muy buenas, pero si el lugar no apoya, estás jodido, eso es precisamente lo que ha sepultado a muchas ideas de exhibiciones independientes, porque no poseen un establecimiento óptimo para la venta de las pinturas o esculturas; muchas de ellas ni siquiera tienen punto físico, algunas solo venden por medio digital, lo que da mucha más dificultad. Pero retomando a esta exhibición de Versalles, pueden no contar con un respaldo gubernamental para vender sus obras a un precio exorbitante, ni mucho menos tener la visibilidad mediática que podría tener uno de esos lugares, pero si tiene el suficiente carácter como para ser sustentable, aparte si el lugar está tan arreglado y adecuado, es porque les va bien, quiero suponer. Ana María me fue guiando por el lugar, por dentro tenía un salón amplio, que tenía un tragaluz que permitía ver desde este los tres pisos superiores, inmediatamente por este eje central habían unas escaleras en espiral que llevaban a cada uno de los pisos, fuimos hasta el segundo, donde en toda la entrada se podía ver una escultura de aproximadamente dos metros, incluso más, hecha de mármol. —Y esta es, dime qué te parece—me dijo Ana María —¡Es impresionante parce!—le respondí anonadada por la figura que ella había creado, era un trabajo exquisito; algunas veces he podido ir a ver las presentaciones plásticas del salón del centro, pero no se igualan en ningún momento con lo que ha hecho Ana María, ella no le gusta presentarlos allí pese a que le he dicho que podría ganar muchas veces más que lo que podría ganar en otro sitio. Había esculpido la figura de una mujer embarazada, parecía en la misma pose que tenía Venus de Sandro Botticelli, pero con un cabello evidentemente mucho más indio, más tirado hacia abajo, obedeciendo las verdaderas leyes de la física, estaba sosteniendo con una de sus manos su barriga preñada, mientras que con la otra cubría sus pezones, se podía ver claramente el hundimiento de sus brazos y dedos en la piel de su vientre, estaba de pie sobre una pirámide aplanada, los ojos miraban hacia el frente, a ningún lugar parecía estar prestando atención la forma de la mujer, como en otras obras donde se le pude ver con la vista al cielo, a la tierra, o a alguno de sus lados. —Te digo que podrías ganar mucho más si vendes esto en el centro parce—le dije totalmente sincera mientras le daba vueltas a la escultura —Bueno, quien sabe—me dijo subiendo sus hombros casi a la altura de sus orejas —Está hermoso Ana, seguramente te irá muy bien con esta, a mi me encanta —Eso quisiera, pero es más difícil vender una escultura que una pintura, una pintura ocupa muy poco espacio, y si bien los que compran ambas son personas con plata y evidentemente una casa con mucho espacio, sigue siendo estorbosa una escultura en la mitad de la sala supongo yo—dijo riéndose— esto no cabía ni en mi casa, tuve que hacerlo aquí todo el rato, tuve que pasar noches esculpiendo aquí porque en la casa iba a perder tiempo en los viajes y además no iba a poder trabajar allí cuando me den los arrancones de creatividad. —Anita nunca falla—dijo Isabella volviendo con nosotros—es de nuestras mejores vendedoras Ana María sonrió como nunca la había visto sonreír, parecía alguien sumamente diferente, parecía como si le hubiese dado un consejo una especie de padre, madre o inclusive un propio Dios, se le veía totalmente realizada. —¿Tú nunca has tratado con artes plásticas Gabriela?—me preguntó Isabella —No la verdad es que lo he practicado muy poco, y las pocas veces que lo he hecho me frustro bastante, es algo de tener mucha paciencia, cosa que yo no tengo —Jajaja, igual me gustaría ver tus pinturas —Son muy buenas Isa, créeme, tiene una atención al detalle casi enfermiza con cada cosa que hace—dijo Ana María casi presumiendo —Bueno, se hace lo que se puede—dije ante la llovizna de halagos—¿Tienes algo aquí o trabajas aquí?—pregunté curiosa a Isabella, lo que desembocó en un aire tenso que se sintió por unos segundos en el ambiente, Ana María e Isabella intercambiaron miradas y esperaron a que una de las dos dijese algo.  —No, yo no soy artista, o por lo menos no por ahora; pero si trabajo aquí, se podría decir—decía Isabella con respuestas no muy claras—Eso sí Gabriela, te puedo decir que próximamente vamos a abrir un sector para pinturas, por si te llega a interesar —¡Pero Isa!.....—alcanzó a decir Ana María en tono de descontento con respecto a la sugerencia de Isabella —¿Sucede algo?—Pregunté tajante para exigir claridad —No, no pasa nada...—dijo Ana María resignada—solo que es un pabellón muy nuevo, puede que no vendas mucho —Para nada Anita, aquí ya se ha hecho la gerencia para tener contactos de primera mano en búsqueda de pinturas que les puedan interesar, y créeme, la paga será muy buena—anotó Isabella —¿De cuánto estaríamos hablando?—dije para tantear el terreno —Pues ya sabes, eso oscila entre pinturas y compradores, pero el promedio estaría entre el millón quinientos de pesos para las amateur Mi cuerpo quedó helado, era una suma de dinero bastante alta para las pinturas de artistas que recién estaban comenzando, y con suerte hacerse un nombre en este lugar sería mucho más sencillo que en el salón del centro (que evidentemente para crecer allí se necesita rosca). —¿Y cuánto ganaría alguien con su familia?—pregunté entre coqueta y curiosa por la cantidad de dinero —No lo tenemos del todo claro, puesto que no tenemos contemplado hasta cuanto puede llegar a incrementar, pero suponemos que podría llegar a los dos millones doscientos o tres millones, al menos como promedio, ya luego tendrías tus picos—aclaró —Me parece interesante, pero ahora mismo no tengo ninguna completada, la única que tengo terminada ya está en exhibición —¿En dónde? —En el salón central, cerca a jardines —Bueno, créeme que aquí te irá mejor, ya hemos tenido compañeros que han vendido allí, aunque se arriesga menos porque normalmente ganas lo mismo, es muy difícil crecer allí adentro—dijo reflexiva—¿Cuántas has vendido allí? —Casi treinta pinturas—respondía mientras volteaba a ver a Ana María, quien se quedó totalmente muda ante nuestra conversación, en su rostro se reflejaba que estaba pensando algo, que algo la había dejado totalmente pensativa, e incluso preocupada, como si estuviese en presencia de una decisión mortal entre nosotras dos. —¡Epale! Pues yo creo que cuentas con la experiencia necesaria para poner aquí tus pinturas, si pasaste el filtro que hacen ellos, creo que la puedes hacer aquí muy bien—dijo contenta mientras agarraba mi hombro—¿Cómo lograste vender allí? Los cupos son muy limitados —Un profesor de la universidad me recomendó, me dejó allí a la suerte y ahí me quedé —¿Has logrado buenas ventas?—preguntó incisiva— —Como dijiste tú, son estables, pero no crecen casi nada, a veces tengo mis picos de venta—dije sincerando mi situación —¿Vives sola o tienes deudas? —No, vivo con mis padres, aunque a veces me quedo largos ratos viviendo con una amiga de la universidad—refiriéndome a Marina—que vive sola, a veces solo para relajarme un poco de mi situación en el hogar —¿Es tan mala? —No, no lo es. Solo que a veces me siento enajenada del lugar, es como si fuese una inquilina, más que una hija; sé que mi madre me quiere demasiado, pero realmente muchas veces no parece estar ahí. —Entiendo, es algo complicado, les pasa a muchos
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