Empecé desesperadamente a ponerle paisaje a ella, a Ana en mi pintura, ya no podía ver bien su silueta por mi llanto y la oscuridad que conspiraban en mi contra, las piernas de Ana María se veían mal hechas, las retoqué en un baño de raíces que la dejaban quieta en el suelo, tan estática como lo estaba yo antes de conocerla, ahora era mi momento de regresarle el favor, de sacarla de esa quietud, pero no podía hacer nada, Ana no volvería ser esa persona que desatornillaba a todo el mundo, no podía de dejar de pintarle raíces en las piernas, estaba siendo totalmente consumida por estas, era como si ahora la tierra se alimentara de ella; me estaba estresando, no podía dibujar el lugar, el entorno, no podía hacer nada, no veía nada solo pinté, pinté y pinté donde deberían ir las cosas, mis ojo
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