Abrebocas

3390 Palabras
De un momento a otro mi brazo se lanzó, me estaba desesperando por no hacer nada, miraba el lienzo en blanco y pensaba en cuando iba a hacer mi primer movimiento con la pintura, a veces lo pensaba y no lo hacía, me quedaba quieta y decía que debía moverme ya, pero ahí seguía, intentaba esperar a que mi cuerpo reaccionara sin que yo le ordene, y así pasó, mi brazo se estiró hacia la paleta que ya tenía todos los colores que me ofreció Ana, empecé a mezclar, a mezclar sin siquiera saber, mezclé colores oscuros que dieron como resultado un marrón verdoso por un lado y un metálico verdoso, parecía que estuviese haciendo una especie de estanque de residuos tóxicos en la paleta, así que con eso empecé, empecé a darle trazos bastante anchos a uno de los costados con el color metalizado, mientras que al otro lado con el color amaderado y casi mohoso del verde, empecé a dejarme fluir cada vez más, hasta encontrar una forma, mi cabeza empezó a dejar de pensar encontrarle una forma, solo la ejecutaba, la aplicaba, hacía trazos que en mi estado más sobrio no podría realizar, o pensaría que estoy a punto de tirarme el cuadro. La cabeza me tambaleaba de lado a lado hasta encontrarle un sentido, encontrar los mejores ángulos; el verde me tenían sulfurizados los ojos, me consumí entera hacia el cuadro, dejando a la izquierda unos claros tubos metalizados con verde, casi rellenos del agua podrida que sobran en las plantas de limpieza de agua de la ciudad, que iba siendo una pared de una casa, una casa con un a madera corroída por no solo esos desechos, sino también, y muy claramente el tiempo y la humedad, era una madera buena al parecer, porque tenía tallados en los bordes una ventana grande que ocupaba el centro del cuadro, un pequeño patrón de serpientes, todo muy verde al parecer, un tallado oscuro, como si lo hubieran hecho con la punta de un lápiz; a la derecha de la ventana estaba la pared en su peor estado, se veía ya como no soportaba la madera, veía pequeños ganchos de lo que podría ser ropa; mientras que bajo la ventana, se veía una mesa, una mesa vacía, quizá de la misma madera de la casa, pero que se ha preservado mejor, aunque sea se ve limpia, no la mejor; pero lo suficientemente contrastante en comparación de la ventana, que se veía podrida; inmediatamente me detuve, todo ese frenesí demencial que había tenido por un momento se disipó, se escapó por mis dedos, o quizá se diluía entre el agua que tenía para limpiar el pincel, el pincel estaba limpio, ansioso para sumergirse en el color, pero no pasó, al ventana era blanca, no sabía en dónde estaba esa horrorosa casa, ni sabía donde ponerlo, parecía que a ningún lugar podía encajar esa caja si no fuese porque la hice. Había creado cualquier abominación anti-natura, no sabía qué clase de lugar era este, nadie podría vivir en un sitio tan vuelto nada, por eso mismo no sabía en donde se podría uno encontrar un lugar así y no esté destruido, me sentía en blanco, me dió un pánico atroz; nunca me pasaba de dejar cuadros a medias, todos los acababa, pero este no, este me estaba matando, aparte la iluminación sobre la mesa daba a entender que algo la iluminaba; ¿Pero qué luz podría entrarle a este lugar? Parecía más acorde a ser una casa construida en una clase de alcantarilla, donde no habría luz proveniente de ninguna fuente. Me detuve, me sentía harta de encontrarle una razón a la ventana esa, aparte sabía que intentando ponerle razón al asunto, no iba a conseguir nada, no iba a estar acorde al orgasmo artístico que había sufrido hasta el punto de quiebre. Cansada, me quedé sentada en el taburete, revisé mi celular, observando la vida de las demás personas que no soy yo, veía sus vidas felices, algunas simplemente aburridas y otras esperando la emoción, como yo; o bueno, casi, porque yo ya estoy es buscándola, me estaba sintiendo estancada, la música de rock la empecé a escuchar proveniente del cuarto donde estaba Ana María, no sabía desde hace cuándo la había puesto, estaba muy sosegada por el lienzo. Miré mis contactos, me había escrito Jair, preguntaba si ya no iba a presentar mis pinturas en el Salón Central, le respondí que no, que trabajaba en otras cosas, no quería decirle nada de Versalles, es un buen amigo Jair, imprudente, terco y a veces muy crecido para mi gusto, pero no le quita que sea alguien agradable, Marina también me escribió, siempre con el máximo del respeto, me saludó, yo la saludé y dejé el chat hasta ahí, era una persona sumamente dulce, quizá demasiado para mi; pero sabía que en todas las relaciones que uno necesita con las personas, es bueno tener variedad, de ella viene el placer. Seguidamente ignoraba y rechazaba el resto de mensajes, de amigos que no me importaron de la universidad, de gente que se quiso acercar pero no ofrecía nada interesante a mi vida, era algo que no comprendía, la gente no tiene que ofrecerte nada físico para que esté ahí, pero no me ofrecían nada que yo quisiera, sabiendo que muchos lo hacían con intereses en su trasfondo; eso sí, sabía que esas personas que ignoraba quizá me habrían permitido lograr otras cosas, o conocer gente nueva o lo que sea que fuese que podrían desarrollar; quizá mi vida fuese mejor que ahora, pero seguiría en búsqueda de eso que me alimente el alma, seguramente. Inmediatamente decidí enviarle un mensaje a Nelson, lo saludé y le dije que habían otras formas de pedirme el número, que me parecía patético el hecho de meterle un papel al bolsillo a otra persona si realmente eso solo hace que la persona empiece a sospechar de sus habilidades en la cleptomanía para hacer semejantes movimientos. Me levanté, y empecé nuevamente con mi ronda de caminata por la sala de la casa de Ana, ya estaba el sol lo suficientemente bajo para prender las luces, le escribí por mensaje que si estaba bueno el show, ella respondió para mi sorpresa, demasiado rápido, dijo que iba bien que estaba charlando y que ni siquiera estaba desnuda, que estaba en ropa interior, me alegré bastante por ella, no quería que trabajase más de la cuenta, así que le dije que si podía ver, ella respondió afirmativamente, por lo que me dirigí a la luz que iba colándose por debajo de la puerta de Ana María, parecía que fuese un mundo totalmente surrealista el que escondiera detrás de ese rock suave que estaba colocando, abrí la puerta lo más despacio posible para no hacer ruido y los espectadores no supieran que alguien entró al show de la chica que veían, intento y esfuerzo que fue totalmente en vano porque Ana María volteó a mirarme directamente, lo que hacía evidente para cualquiera que veía a alguien. —Perdón gente, es que llegó una amiga—dijo con una amplia sonrisa mirando a la cámara del computador, la cual estaba enfocando a la cama, donde estaba ella, yo estaba paralelo al computador, lo que hacía que no me vieran, como si yo fuese una espectadora más —Y bueno chicos, ¿En qué íbamos?—dijo retomando el trabajo como toda una profesional Le escribí rápidamente por el celular, preguntándole si me pasaba la dirección web del show, para ver cómo era la plataforma, respondió y me lo mandó, la página tenía colores llamativos, la gente no paraba de escribir, haciendo altamente difícil poder leer un mensaje de más de tres palabras, muchas de las personas que escribían alababan el cuerpo y los atributos, especialmente los atributos, de Ana María, que ahora solo estaba con un conjunto de sostén y tanga en lencería junto con las piernas malladas que hacían ver sus piernas mucho más anchas al igual que sus caderas; veía cómo la gente iba dando donaciones en forma de tokens, lo cual rápidamente investigué, lo cual el precio era solo un poco mayor al precio del dólar, lo cual me hacía quedar perpleja al ver sujetos que de golpe le tiraban cincuenta o cien de esos, según el balance que decía en pantalla. —Aquí sigue mi amiga si—dijo riéndose con sus espectadores—y no, no muchachos no la voy a mostrar—replicó mientras agarraba el celular Me había escrito un mensaje diciendo que si le molestaba que preguntasen tanto por mi, les dije que no, que dijera que soy una webcamer más pero que no estoy presentable como para aparecer en cámara —Muchachos, es que ella también es webcamer, pero no no; anda además toda desarreglada, imagínese uno mostrarse así—dijo mientras movía su cuerpo sutilmente para presumir sus pechos ante la cámara Empecé a ver como los comentarios, ya sean en inglés o en español, reclamaban mi presencia ante la cámara, pensando por un momento que tan buena o mala idea sería sumarme, sé que para Ana María no sería ninguna clase de problema que lo hiciera, pero hablo más que nada en las repercusiones que eso me traería, así que rápidamente abandoné la idea traviesa que se me había cruzado. La gente estaba pidiéndome efusivamente, incluso me sentí avergonzada con Ana María por llegar a boicotear el show de esta manera, pero ella solo se reía, unos comentarios incluso muy ordinarios exigían el hecho de que me mostrase, pero no solo eso, sino que hiciéramos alguna clase de acto lésbico, siendo muy detallistas en lo que les gustaría que pasase entre nosotras, eso pareció levantar el lívido de muchos de los que allí estaban, haciendo que el dinero empezase a caer, veía como unos cuantos sujetos dejaban seguramente su sueldo en esto, mientras que Ana María agradece fervorosamente. De repente Ana María sacó sus pechos, empezó a masajearlos, a jugar con la areola y la punta de sus pezones, mientras agradecía a los sujetos que hicieron las donaciones, cuando empezó a sonar un ruido de alarma, al parecer tenía un vibrador dentro de ella, de esos pequeños en forma de huevo, empezó a gemir, visiblemente sonrojada porque yo la estaba observando siguió con su juego, amasando su busto a la par que masajeaba su entrepierna por sobre la tela del conjunto. —¡Ay! Muchas gracias enserio a todos—dijo contenta y mordiendo uno de sus labios Le escribí si eso fue fingido o fue real, a lo que ella mientras yo la observaba leer el mensaje se empezó a reír, les dijo a los que la veían la pregunta que le había hecho, a lo que preguntó sugestivamente si creían que era real o falso cada gemido que había salido de su boca; esta chica parecía jugar mucho con esos tonos de voz, sabía cómo hablarle al cliente de lo que sea, pero manteniendo su lívido despierto, ya sea por el tono propio de la voz o usando su cuerpo. El resto del show fue más plática que otra cosa, eso sí, con algunas donaciones que hacían que ella apenas mostrara sus pechos un rato, sabía que no necesitaba esforzarse demasiado para sacar la plata. Yo me había sentado en la silla del escritorio del computador que había dejado a un lado, para estar más cómoda a la hora de verla. La vi empezar a despedirse mientras se vestía delante de los espectadores, que casi rogando con la poca humanidad y dignidad que les quedaba imploraban que se quedara un rato más, otros un poco más tranquilos, o con la eyaculación ya terminada, se despidieron y le desearon a Ana María una buena noche. Ana María seguía arrodillada en la cama, tenía a su lado un teclado inalámbrico de esos que te permiten manejar el ordenador sin la necesidad de estar cerca a este, sus piernas blancas estaban hermosamente contrastadas por su encaje n***o, humedecido por el néctar de mujer; se le notaba tranquila, incluso demasiado relajada, no en el sentido de climax alcanzado, sino por el hecho de encontrarse en una situación cómoda, no podía ni imaginar cuanto dinero había ganado únicamente en estas horas de transmisión, mientras que yo no había podido finiquitar mi obra en todo ese rato, sino por el contrario tuve que abandonar la idea de lo que hacía, me había encontrado en un bache. Ana María volteó a verme, yo únicamente la miré y le sonreí, como otro espectador, solo que uno que lo podía ver en su carne y hueso, le sonreír a manera casi que de aplaudir su función, casi que como agradecida por permitirme verla en ese estado, aunque para ella quizá solo sean horas laborales comunes y corrientes, sin ningún trasfondo. Me había preguntado a mi misma, ¿Será que Ana María ya habrá perdido el toque de la sensualidad? No soy alguien que conozca este mundo donde está metida ella, pero esto no perjudica la necesidad impetuosa del sexo, ¿O algo por el estilo? Me ahondaron esas dudas como unos martillazos directos a mi sien, como si cada bombeo de mi corazón se transformara en una hinchazón dolorosa para mi cerebro, creía de alguna forma que si, debe haber algo que apasione carnalmente a Ana María, pero ¿Cómo era manejable ese deseo? En un mundo plastificado para que trabajes con lo que debes guardar para tu intimidad, o bueno, por lo que la sociedad percibe como algo privado que no se ha de compartir, pero que ella parece incluso ver con buenos ojos y entretenerse en pleno voltaje s****l y una vorágine de autocomplacencia para sus espectadores, me parecía algo cruel, aunque supongo que eso igual variará entre cada persona que lo haga, quizá para Ana María sea fácil, puesto que es alguien muy abierta con este tema, pero por otra parte, están las personas que no quisieron esta vida y la tomaron porque era lo único que había, pero quizá eso sea lo mejor para ellas, aunque tengan que sacrificar ese yugo de deseo s****l y placer, quizá para muchas el deseo carnal ya no vuelva a ser lo de antes. —Lo hiciste bien—le dije a Ana María—bueno, aunque no lo sé realmente, no sé qué es una buena jornada en esto —Jaja, me fué bien—respondió Ana María—no hay día malo, aunque al inicio si era pesado cuando nadie te ve, nadie te conoce, entonces no ganas tanto. Habían veces en las que pasaba un buen rato y no es que no donen, es que ni había gente que la mirase a uno —Debe ser jarto—respondí —Pues, sé que a muchas otras chicas les da más duro, porque incluso piensan que son poco atractivas o que no tienen ni físico para ofrecer a alguien—explicó—cuando la verdad es que aquí no solo te sirve ser una cara y cuerpo bonito, debes ofrecer un buen show. Habían veces en mis inicios donde no recogía más que diez dólares, era una miseria, pero sabía que era entendible, me explicaron que al inicio comes mucha mierda. —¿Y qué hacías?—pregunté —No es que hiciera una gran cosa para llamar la atención, toca ahorrar para comprarse sus jugueticos—dijo mientras apuntaba con la mirada hacia un escritorio lleno de vibradores, dildos y juguetes sexuales—en mejorar el lugar donde grabas, la calidad del video, y pues poco a poco la gente llega, solo que pues aunque te sientas frustrada con que la gente no llega, pues hay que mantener el ánimo, porque eso lo notan los espectadores. —¿Y entonces si te fué bien?—pregunté —Si, me fué bastante bien, ya he logrado tener un promedio de espectadores y un mínimo de ganancias por show, la cosa es seguir aumentando —Oh ya—dije apenas sin saber sobre ese mundo y sin saber que aportar a eso que no entiendo —Pero no le intentes dar muchas vueltas—dijo Ana María—me va bien y es lo que importa. Por otro lado, ¿Qué tal tú? ¿Pudiste pintar?—dijo mientras se levantaba de la cama y se dirigía a la puerta, seguida de mis pasos —No realmente como esperaba —¿El lugar no era cómodo?—preguntó —No, no es eso parce, solo que no sé qué me pasó, iba perfectamente bien hasta que no supe qué hacer en el centro—le dije mientras nos acercábamos a la pintura —Te ahogas en un vaso de agua mi Gaby—dijo Ana María —Quizá, sé que podría hacer cualquier cosa y funcionaría con el resto de la pintura, pero necesito algo que sea perfecto que calque lo que quiero sentir al ver la pintura, que encaje sin que sea forzado, sin que haga fricción —Hmmm—titubeó Ana María—no te rayes con eso, más bien ¿Qué hora es? —Son como las siete ya —¿Quieres salir por algo de comer y vamos hasta Versalles?—preguntó —Dale—dije sin más —Listo, entonces me tienes que esperar porque me voy a bañar —Me avisas—dije mientras me recostaba en el sofá y veía como la silueta de Ana María se iba a buscar ropa a su cuarto para luego ir al baño Ana María se encerró y yo me quedé recostada un rato, me dolía la espalda, el taburete no era de mis asientos más cómodos ya que solía encorvar la espalda bastante, así que luego tenía un dolor tenaz, dolor que se iba apaciguando casi que a la fuerza a razón del sofá rígido que tenía Ana María en la sala, era oscuro y yo chillaba en él como una mancha de pintura en el cielo oscuro. Me volteé a medio lado para poder observar la pintura, quizá desde otro ángulo lograse descubrir la solución ante su enigma, me concentré hasta que me harté de la pintura, mi mejilla izquierda estaba rebozada, amontonada contra mi ojo, el sofá me apretaba la mejilla contra mi cráneo y me hacía sentir presionada nuevamente, no solo físicamente, sino como en un estado de sumisión absoluta frente al caballete que se aparecía imponente con su pintura incompleta, casi que como una ventana al cielo, pero que no tenía para nada coherencia con la mohosidad del interior de lo que era ese lugar. Me parecía irritante, incluso como si mi yo del pasado se riese de mi al tener una obra que presentarme ahora tan incompleta, como tan cortadora con todo lo que sentía, como el clímax que nunca pudo llegar a ser, como si hubieran borrado cada impulso que tenía dentro de mis tejidos. Me sentía cansada, incluso prefería que Ana María se tomase la mayor cantidad de tiempo posible en la ducha, yo me sentía rendida, había sentido que no había más que hacer, no podía encontrar el punto, una parte de mi me decía que eso seguro que lo encontraba en algún momento, en algún instante, sea tarde o temprano llegaría ese momento y lo gozaría como se debe. Pero de repente empecé a sentir como otra parte de mi comenzaba a adueñarse de mi mente, como me decía que no era el camino, que solo debía descansar, y descansar y nuevamente descansar, sin hacer nada más, que no tenía que moverme, me sentía intranquila, me encanta conocer nuevas partes de estos lugares que exploro, estos nuevos horizontes, que me llenan momentáneamente, pero cuando vuelvo a estar frente a frente con mi pintura no hago nada, no estoy llena, solamente me estoy distrayendo, me pregunto si es que no debería involucrarme tanto en esos nuevos horizontes y solo debería enfocarme en lo que tengo al frente, este lienzo en blanco que me agobia y me carcome la cabeza; me sentía ya rendida, con la toalla tirada en la lona, no quería pintar más, quería quedarme en un sitio fresco como este, la dureza del sofá se había vuelto la calidez más grande del planeta y yo estaba sobre ella, descansando, dejándome respirar y ser.
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