Capítulo II

2973 Palabras
Esperó mi respuesta unos segundos. Sin éxito. -Sé lo que quieres, lo que has deseado desde pequeña ¿Lo quieres a él no? –Intercambié una sonrisita nerviosa con Eddie si se enteraba que todavía me gustaba mi amor imposible seguro me mataría y estaría dos horas escuchando un sermón de “Como nunca lo conocería”. -¿A quién? –Pregunté intentando disimular. -Sabes perfectamente de quien hablo -Dijo con severidad –Solo te diré que en la mayoría de los casos solo es una fijación, no es amor real he tenido casos en los que solo tienen interés en el dinero, la fama, la belleza y lo emocional es lo último que les importa lo que hace que todo sea pasajero. -¿A qué se refiere con “Pasajero”? –Inquirió Eddie. -En casos como este, solo el amor verdadero perdurará y sin embargo todo tiene un precio                       -Respondió con oscuridad en su mirada –Pero seguramente terminará con a los de la mayoría. Como un simple recuerdo algo que no perduró. Algunos incluso terminaron en la cárcel por no saber hacer bien las cosas y es que claro ¿Quién no pondría una orden de restricción contra una persona que no para de tocarte la puerta todo el puto día? –Se rio para sus adentros –Otros incumplen las reglas… Y puf todo termina. -Disculpe pero no estamos entendiendo bien de lo que habla ¿Qué clase de reglas? –Mi curiosidad estaba al máximo. -Si quieres saberlo tendrás que pagar un precio. -¿Cuánto quiere? –Respondí exasperada -¿Lo quiere en efectivo? Quería respuestas y si me tenía que dejar el sueldo entero de medio mes para conseguir respuestas lo haría. -Wou, Espera Misa… Tómalo con calma –Tal vez Eddie tenía razón, pero para comenzar el me había traído aquí. La señora Prada me vio de arriba para abajo. -Por ahora… dame tu reloj… Solo por ahora –Dudé por un momento, el reloj que traía puesto era valioso me costó bastante comprarlo, recuerdo enamorarme de él a primera vista y a partir de ese día no me lo quito siento que me da buena suerte. Es como tener mi cámara y mi teléfono encima; muy indispensables. Tenía varias decoraciones de oro que lo hacían relucir con más fuerza. -No creo que sea necesario lo de reloj –Explico Eddie –Puedo darte el mío. -¿Quieres conocer a Steven Savarsky si o no? –Genial, el nombre de mi amor de toda la vida estaba en el aire, no quería mirar a Eddie. Sentía como el calor se apoderaba de mí. -No es posible –Se quejó Eddie -¿Aún con eso? Eres increíble.  Miré al piso de la vergüenza mientras me sacaba el reloj y lo ponía sobre la mesa. -¿Tomo eso como un sí? –Preguntó Prada. Afirmé. -Veo que estas decidida a continuar con esta obsesión entonces comencemos… -Se levantó y apagó todas las luces por un instante creí que me apuñalarían aquí mismo, prendió un velón de un color turquesa de lejos –Pero recuerda todo tiene su precio. -No me quedaré aquí para ver esto –Eddie se intentó levantar pero lo tomé por el brazo antes              –Por favor, tú me trajiste aquí, ahora terminemos esto juntos no me dejes aquí sola con esta señora. Eddie me hizo caso a regañadientes. Prada hizo círculos por toda la mesa tiritando una oración que me dio escalofríos. Pareció como si de pronto su voz cambiara. De pronto la vela se apagó y sentí un aire helado en mi cara como si estuviera frente de un aire acondicionado. Prada apareció frente a nosotros con la vela encendida haciendo que casi me caiga de la silla; oí la risa de Eddie él no estaba asustado ya había pasado por esto ayer seguramente. Pagaría por esto. -Hoy, caerás dormida en un profundo sueño, tan profundo que cuando despiertes pensarás que estás en tu cómodo cuarto; no habrás notado que realmente estas en otro lado. No sé realmente donde aparecerás podría ser en la calle de una plaza, en un banquito, tal vez dentro de algún apartamento y en ese caso tendrás que arreglártelas tu misma. Ya no eres Misa  “la que toma fotos por hobbie mientras espera tener un ascenso” Serás una fotógrafa reconocida, tendrás tu propio apartamento y un buen trabajo –Rio por lo bajo –Créeme te gustará. Lo demás de ir por tu amor ya es cosa tuya. Eddie y yo reímos. Prada nos puso mirada desafiante, luego tomó con rapidez mi reloj de la mesa. -Creo que es mejor que nos devuelvas ese reloj –Propuso Eddie con amabilidad –Que puedas leer una que otra cosa esta bien pero de ahí a inventar semejante estupidez es otro nivel. -Será mejor que se vayan de mi negocio –Las luces empezaron a titilar y un gran estruendo del piso de arriba del almacén sonó, si pretendía que nos iba a asustar con esto estaba equivocada. -¿No se irán? -Denos el reloj y con mucho gusto nos vamos –Prada dio un largo silbido que atormentó mis oídos. Se escucharon pasos venir a lo lejos. Aparté el rostro de Prada y miré a lo lejos en el umbral habían unas cuantas personas… Personas que no me gustaría conocer. Observé a uno de ellos a lo lejos, no lograba ver bien sus facciones pero era lo bastante alto y robusto como para matarme de un solo golpe si le daba la gana. Tenía algo en la mano no lograba ver que era y realmente no quería averiguarlo. -De acuerdo nos iremos… No tiene que haber un problema aquí –Dijo Eddie con nerviosismo. Nos levantamos lentamente lo suficiente para ver que el objeto en su mano era un hacha. Al salir Prada pegó un grito. Nos apresuramos al carro y las personas del almacén salieron, tenían largas batas negras que les llegaban al piso, tenían mascarillas que les cubrían más que solo la boca uno de ellos me llamo bastante la atención por su marca en la cara. Era un chico como de mi edad, rubio y delgado, me pregunto cómo habrá terminado ahí. Empezaron a caminar hacia el carro. -Creo que deberías apresurarte… -Susurré a Eddie. -No arranca –El motor del auto se escuchaba como si estuviese atorado, las manos y la frente de Eddie estaban sudadas se solía poner así cuando estaba nervioso, -Eddie tienes que arrancar ahora –Intenté mantener la calma pero las personas no paraban de caminar hacia nosotros, atisbe a Prada en el umbral del almacén tenía una sonrisa torcida que me revolvió el estomago. -¡Lo estoy intentando! –Bajé la cabeza y solté un grito cuando una de las personas le pegó con palo de golf al vidrio derecho del carro en el asiento donde yo iba, mientras las otras estaban pegándole a los de atrás. Si el carro no arrancaba ahora nos rodearían. -Ponte el cinturón –Advirtió Eddie, el carro encendió y Eddie aceleró con velocidad chocando a una moto aparcada en la cera. -¡Hijo de puta! ¡Mi moto! –Provino de una de las personas que corrían hacia nosotros. Vi por el espejo retrovisor a Prada estaba moviendo su mano de un lado a otro despidiéndose de mí. Aparté la mirada rápidamente antes que vomitara. ***** Llegamos a mi casa Eddie aparcó el auto unas calles antes para asegúranos de que mis padres no lo vieran, no quería causar revuelo. Nos quedamos unos minutos observando el auto estaba destrozado. -¿Qué le diré a mi padre? –Eddie se toco su largo cabello marrón claro con desesperación haciendo que cayera en sus ojos. -La verdad –Me encogí de hombros tenía otras cosas en la cabeza. -Qué gran idea Misa –Sacudió sus brazos hacia mi –Sabes que la última vez que rayé el auto me advirtió con confiscármelo por un tiempo indefinido. Y ahora que está completamente destruido ¿Sabes lo que hará? -Que esperabas de estar a la media noche en un bar lleno de prosti… -No lo digas –Cerró los ojos. -Si querías sexo fácil podías ir a donde tú amiga Clarissa –Cuando estudiábamos en el instituto Clarissa era alguien muy “cariñosa” por así decirlo, pasó por medio equipo de futbol en ese entonces y siempre tuvo una especie de fijación en Eddie. No nos llevábamos bien, intentó muchas veces apartarme de Eddie sin éxito alguno. Sin embargo tenía contacto con Eddie lo invitaba a sus fiesta de orgias locas de las cuales claro que no estaba invitada; pero se le había olvidado que al ser su mejor amiga tenía influencia en Eddie y siempre lo convencía de no ir –Y te hubiera salido gratis. -Para la próxima pensaré en eso, Clarissa tiene unos muy buenos atributos. –Se cruzó de brazos, sabía cómo molestarme. -Sí, piensa en eso mientras te contagian con alguna enfermedad –Rodó los ojos –Lamento no poder acompañarte más tiempo pero debo ir a terminar de trabajar si es que no quieres que tu amiga sea despedida. -Eso es justo lo que quiero ¿Ya viste la hora? –Vi mi muñeca luego recordé que se lo había dejado a Prada la bruja –Cierto no puedes –Eddie bajo su manga y miro su reloj -¿Hasta qué hora dijiste que podías entregar ese trabajo? -Por la tarde -Déjame decirte que ya es la tarde, cariño -No es posible salimos de la casa temprano, déjame ver eso –Agarré su muñeca efectivamente eran las 4 de la tarde ¿Cómo era eso posible? –Tu reloj está dañado –Saqué mi teléfono, 4 en punto y 5 llamadas perdidas de mamá. --¿Tu teléfono también está dañado? –Pregunto con risa burlona –Creo que es algún efecto de la hechicera, a mi me pasó igual ayer y yo que creía que era la botella de agua que Theodoro me dio de beber –Se explico a si mismo mientras miraba al cielo con una boba sonrisa. -Eddie. -¿Si? -Eres consciente de que seguramente me despidieron ¿verdad? -Sí. -Y si es así es tu culpa. -Es posible –Ladeó su cabeza. Me volteé para irme a mi casa -¿Estas molesta conmigo? –Lo ignoré y seguí caminando –Ok, te llamo en la noche. Voy a llevar el carro al mecánico antes que mi papa me mate. Entre a mi casa y lo primero que vi, fue a Alicia en el umbral con los brazos cruzados y cara de pocos amigos. -¿Dónde estabas? -Con Eddie. Te lo dije. -¿Hasta tan tarde? Dijiste que vendrías temprano a terminar de trabajar. -Si eso dije pero el tiempo pasó como por arte de magia –Y lo decía muy enserio. -No respondiste mi pregunta ¿Dónde estabas como para que el tiempo se te pasara tan rápido sin que te dieras cuenta? –Su aptitud me pareció extraña no solía regañarme por este tipo de cosas. Con una bruja loca llamada Prada en un almacén oculto en algún sitio de la ciudad que no había visto, lleno de edificios abandonados  con gente extraña con batas largas de color n***o y objetos mortales en sus manos que seguramente eran algún tipo de secta que hacían rituales y que si no es porque el carro de Eddie arrancó ahorita seriamos parte de esos rituales y si no hubiera dado mi reloj. Ah claro y se me olvidaba la parte más importante que hoy cuando vaya a dormir desaparece y me encontraré con mi amor platónico de toda la vida. Carajo, sonaba peor ahora que lo pensaba. -A la iglesia –Dije sin pensar. -¿A la iglesia? –Alzó una ceja. -Si, había un evento en la iglesia ya sabes… Música, bailes y… Textos bíblicos. Debiste estar allí dieron comida. ¿En serio? ¿De todas las excusas que podía poner dije eso? -¿Por qué no me invitaste? -Es de mala educación sacar el teléfono en la iglesia mamá, todos lo sabemos. –Quito su cara de desconfianza. -Bueno, no estoy molesta por esa razón, se que Eddie es un buen chico y que sería un perfecto novio para ti si no estuvieras tan ciega pero bueno eso es otro tema –La mire confundida –Tu jefa llamó preguntando por ti –Clavé los ojos en ella sin parpadear, mi jefa nunca ha llamado y menos a mi casa. Debió estar realmente muy molesta. -Dijo que la habías dejado muy mal con el proyecto nuevo y que tuvo que cancelarlo por los momentos, también que estabas despedida porque no eres lo suficientemente apta para ese cargo ni para uno superior. Pero que por favor mandaras lo último que te pidió hacer y consideraría darte más liquidación. Me mordí una uña. Tanto tiempo aguantando a esa bruja para nada. -¿Y qué le dijiste? –Pregunté. -La llamé bruja y le colgué. ¿Cómo se atreve a tener tanto descaro como para despedirte y luego pedirte que termines el trabajo? Y de forma tan descarada. Igual siempre me pareció que se aprovechaba de ti. -Entonces ¿Podrías explicarme el por qué estas molesta? -Se que no estuviste en la iglesia -Uh… Alicia se echó a reír de una manera muy escandalosa. -No no es enserio, tu no me mentirías con esas cosas, eres muy mala mintiendo. Estoy molesta porque dejaste tu cama hecha un desastre esta mañana y ni siquiera llevaste a tu hermano al colegio. Ahora que no tienes trabajo tienes que colaborar un poco más en la casa. -Jajaja –Reí falsamente, pensé por un momento que había visto el carro de Eddie. Alicia era muy amiga de la mamá de Eddie seguro le iría con el chisme más rápido que cuando los vecinos ven que traigo un chico a la casa. Odio a mis vecinos. Sobre todo a la señora Martina solía inventar cosas que no eran ciertas. Como una vez que me vio abrazando a Eddie y se inventó que éramos algo Ilusionó a Alicia que por fin creía que su hija iba a tener novio ¡Já! Y así muchas cosas más. Suerte que Alicia sabia la clase de hija que tenía. -Lo acomodaré después de almorzar –Mi estomago rugía desde hace rato. No solo eso, me sentía realmente cansada como esas veces que salía de educación física en el instituto con el sol pegándome en toda la frente llena de granos (En ese momento) Luego gracias a Dios se quitaron. No sé si la bruja habrá hecho algo para que me diera sueño o me sintiera cansada, tal vez solo era algo mental. Le preguntaría a Edddie si no estuviera molesta con él. Después de comer me tiré en la cama disfrutando de mi libertad. No era tan malo después de todo. Siempre hay otras oportunidades. -Tienes sueño ¿Tan temprano? –Entra a mi habitación Adam, mi hermano menor –Es muy temprano para dormir Misa –Me agarró el brazo intentando levantarme –Me rindo, me voy. Mi mama hará una torta.  Caí en un sueño tan profundo que quise dormir hasta la siguiente semana mínimo. No quería levantarme y Alicia no me había despertado lo que era muy extraño, ni Alicia ni Gustavo me dejarían sin cenar. O incluso Adam me despertaba. Sentía que habían pasado bastantes horas, mi cama se sentía más cómoda de lo usual. Incluso la sentía más grande. Abracé fuertemente la almohada, me estiré y revolqué por toda la cama hasta que abrí los ojos. Lo primero que vi fue varias almohadas en mi cama que lucían nuevas, Alicia debió comprar unas nuevas las anteriores estaban muy viejas. Las contemplé por un largo rato su color esmeralda me encantaba, ya que es mi color favorito. Pero había algo que no estaba bien, un momento… ¡Esta no es mi cama! Me caí de la cama dándome un golpe contra una mesita que estaba cerca de una ventana. -¡Auch! ¡¿Desde cuándo tengo una mesita de noche al lado de mi cama?!... Es más ¿Desde cuándo tengo una ventana? –Mi cuarto era pequeño y encerrado, el cuarto de mis padres era el más grande de toda la casa y el único que tenia ventanas. Nunca me gustó, los vecinos hacían demasiado ruido y se escuchaba hasta la más mínima conversación que tenían. Una vez escuche que Martina al parecer tenía algo con el jardinero y no me sorprendía, se la pasaba llevándole comida, café y agua cada 5 minutos. Un recuerdo vino a mi mente de un día que salí a hacer unos mandados. Martina tenía un jardín muy grande en la parte izquierda de su casa, no era privado así que cualquiera podía ver. Estaba muy cariñosa con él y le estaba tocando el cuello de una manera muy sugerente. -¿Quisiera algo mas Señor Francisco? –Dijo Martina que al verme se apartó de él y me miro muy mal. -Buenas tardes –Fue lo único que me limité a decir, pero ninguno me contestó. Ella no intentaba disimular si quiera. Y lo peor tenía esposo. … Volví a mi realidad… Ladeé mi cabeza percatándome de los costosos muebles blancos que decoraban la habitación y la alfombra marrón debajo de la cama que seguro era más que mi sueldo de un año. -¡Esta ni siquiera es mi habitación!... Pensé un momento. -¡Me han secuestrado!
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