Veredicto
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"De todos los caminos, el destino y la muerte son los únicos de los que nadie puede escapar."
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Pov Alex
Ahogo mi cara en la almohada y grito lo más que puedo intentando descargar algo de mi frustración, enojo y repulsión, las últimas 24 horas han sido una comedia romántica y una de muy mal gusto.
Hace apenas unas cuantas horas me transforme por primera vez, mi loba es hermosa con pelaje rojizo y ojos amarrillos, corrimos un rato por el bosque disfrutando del pasto, la tierra y los nuevos olores que mi nariz era capaz de descubrir me sentía libre y feliz.
Para celebrar mi transformación mis padres realizaron una pequeña fiesta en la cual el alfa asistiría, y todo se fue al caño. Durante la fiesta me llego el olor más rico y delicioso de todos, era el olor de tierra mojada y madera de pino recién cortada.
Mi loba lyka, no paraba de gritar por encontrar a nuestro mate y adivinen quien resulto ser, el mismísimo alfa Dereck, quien tiene un cabello plateado y los ojos azules mas hermosos que nunca había visto junto a un cuerpo totalmente trabajado, mi loba solo ronroneo pensando en tocar esos músculos.
¡No! Basta cabeza recuerda el está casado e incluso tiene hijos, aunque pensara eso ahora todos en la manada saben que yo soy su mate y eso como paso bueno resulta que el lobo del alfa me reclamo frente a todos.
Ahora la cereza del pastel, hoy en la mañana llego la citación de los ancianos, hoy mismo tengo que presentarme para solucionar este problema, nunca pensé estar frente a los ancianos de la manda se supone que solo vas con ellos cuando has cometido algún crimen.
-¡Porque la diosa luna me odia!- grite con todas mis fuerzas en la almohada, me levanto y me dirijo al baño.
Me hecho agua fría en la cara pase toda la noche dando vueltas en mi cama y casi no pude dormir, los ancianos son prácticamente los jueces de la manada realizan el mismo papel que los jueces humanos, solo con una diferencia cada vez que eres acusado de un crimen se marca en tu cuerpo el símbolo de la manada, una vez juntas 3 estas en riesgo si vuelves a cometer otro crimen eres ejecutado en el acto sin ningún tipo de juicio, sin forma de comprobar si decías la verdad o no, es un destino terrorífico. Respiro hondo e intento calmarme, no por ir con los ancianos voy a ser condenada a muerte, ¿verdad?, supongo que los ancianos son espeluznantes al menos para mí.
Me pongo un pantalón de vestir n***o y una camisa, peino mi cabello n***o en una media cola y riso un poco las puntas, aunque no soy de maquillarme mucho hoy quiero lucir bonita, así que realizo un maquillaje sencillo me dispongo a salir de casa, subo a mi carro un hermoso Camaro rojo.
Enciendo el motor y avanzo dirigiéndome a la isla del juicio, vivo con mis padres al otro lado de la ciudad así que me tomara al menos 45 minutos en llegar, la isla del juicio es un lugar sagrado, con dos enormes estatuas de lobo en la entrada, cuando hay luna llena la estatua derecha brilla en un todo plateado con ojos dorados pero la izquierda brilla en un tono azulado con ojos dorados.
El camino se me hace una eternidad, lyka no ha dejado de dar vueltas en mi cabeza, ha estado enumerando las posibles situaciones, que si nos rechaza, que si nos acepta, que nos volvemos la amante e incluso si nos van a ejecutar.
Cruzo la entrada de los lobos y un aire pesado me recibe, en el medio esta Dereck y justo frente a él están los ancianos camino y me pongo en aun lado de Dereck una vez llego me inclino ligeramente, mostrando respeto, aunque mi corazón late con fuerza.
-Alex- dice el anciano en el centro, con una voz profunda—. Sabes por qué has sido llamada.
Asiento, tragando saliva. Mi voz tiembla un poco al responder.
—Sí, anciano Varek. Sé que mi vínculo con el Alfa… ha creado una situación complicada. -
Los otros dos ancianos intercambian una mirada significativa, y el anciano Varek prosigue:
—La diosa Luna ha unido sus almas, pero este vínculo no es bienvenido en nuestra comunidad. Es una amenaza para la estabilidad de la manada. -
Mi pecho se aprieta al oírlo. Cada palabra es como un golpe, y me esfuerzo por mantener la compostura. Siento a Lyka removiéndose en mi interior, enfadada y protectora, deseando salir y hacerles frente, pero logro contenerla.
—Aunque la opción mas lógica seria el rechazo como ya todos saben, los lobos nos volvemos más fuertes cuando encontramos a nuestro compañero. Es obligación de todo lobo aceptar este regalo otorgado por la diosa —declara Varek, y noto cómo su mirada se fija en mí un instante antes de continuar— Por eso, hemos decidido que tú, Alex y el Alfa Dereck deben cumplir con este vínculo. La diosa Luna los ha unido, y este lazo no puede ser ignorado. La única solución para preservar la armonía en la manada es que ambos se casen cumpliendo así con su destino.
—Solo es una simple loba —dice Dereck con desdén, sus palabras llenas de indiferencia—. Su padre puede ser mi beta, pero fuera de eso, no tiene nada de especial.
Lyka grita en mi cabeza sus palabras le dolieron y a mi también.
—La diosa Luna ha hablado —afirma Varek, dirigiendo su mirada primero a mí y luego a Dereck—. Este vínculo entre ustedes dos no puede romperse ni ignorarse. Rechazarlo no es opción.
—Esto es una locura —masculla Dereck, su mirada furiosa fija en Varek—. Tengo una esposa, hijos. No puedo simplemente…
—Sabemos lo que está en juego, Alfa —le interrumpe otro de los ancianos, su tono tranquilo y firme—. Pero el vínculo entre compañeros es sagrado. Casarse es el único modo de respetar la voluntad de la diosa. Si decide ignorar este vínculo, arriesga la estabilidad y el respeto de la manada. Esto es una orden.
Dereck cierra los ojos y respira profundo, claramente luchando con su enojo y resignación. En mi interior, Lyka ruge de satisfacción, como si nuestra unión finalmente se sellara. Sin embargo, una parte de mí aún siente el dolor y la tristeza de Dereck. Nunca imaginé que el destino me traería algo tan complejo y extraño.
Todo el lugar se queda en un incomodo silencio, solo puedo sentir que soy una basura como persona acabo de romper una familia. Tras unos breves momentos observo como los puños de Dereck se cierran, sus hombros se tensan, y sus ojos azules, usualmente firmes, ahora se desvían hacia el suelo con una mezcla de furia y derrota. Finalmente, con la voz llena de cansancio y amargura, Derek responde:
—Haré lo que la manada requiere de mí.