C5: Un sustituto.

1326 Palabras
Jueves otoñal por la mañana, aún con un viento fresco que trae consigo las hojas marchitadas de los árboles, llego al instituto. Mientras me acercaba al edificio, alguien da un salto y se carga sobre mi espalda, exclamando "¡DILA!".  Esa voz era imposible de no reconocer, era la de Soraya. —¡Oye! ¡¿Qué haces?! —refunfuño. —¡Estoy dándote una cálida bienvenida! —suelta unas risas. —¡Bájate, pesas! —sacudo mi cuerpo tratando de echarla de mi espalda.  —Olvídalo, llévame hasta el segundo piso —se sostiene rodeándome con sus brazos y piernas.  —¿Estás loca? ¡No lo haré! —me mantengo parada frente a la puerta del edificio sin dar un solo paso. —Aghk... ¡Aguafiestas! —dice, baja de mi espalda y sigue su camino. La mañana transcurre con normalidad, situándonos en el recreo. Aunque Paloma me invitó a comer con las demás, me quedé en el aula ordenando unos apuntes que había tomado de la clase, los cuales eran importantes para mí, ya que me ayudaría a una fácil comprensión a la hora de estudiar para los exámenes. Culmina el recreo y todas vuelven al aula. El maestro de música ingresa y comienza a dar las indicaciones de trabajo. Debíamos formar grupos para la elaboración de tareas y su presentación.  Paloma hace una señal para que me acerque y me una a su grupo, en el cual estábamos Marina, Micaela, una compañera de nombre Beatriz, ella y yo. El maestro se acerca a nosotras para entregarnos el material que utilizaríamos; sin embargo, nota que lo dejó en el salón de ateneo de música.  Pide amablemente a Paloma para que lo trajera, pero la presidenta pensó en una opción más interesante. —Profesor, ¿puede ir Dalila? —pregunta de repente. —¿Ehh? —me sorprendo inevitablemente, no tengo idea de dónde está el salón de música. —Dalila, ¿hazlo por mí, si? Mientras ordenamos los elementos que utilizaremos para la presentación de nuestro tema, tráenos el material de lectura, ¡por favor! —insiste juntando las manos y agachando la cabeza.  —No es que no quiera hacerlo, nunca fui al salón de música —agrego. —¡Oh! Solo debes ir al último piso! Encontrarás una puerta con un cartel en donde está escrito "Salón de música", no te perderás de ninguna manera —afirma. —Bien...—suspiro.  Subo resignada por las escaleras hasta llegar al último piso. Estando sobre el último escalón, veo un pasillo derecho y uno izquierdo. Hacia el pasillo derecho se encuentra una puerta sin ningún cartel, supuse que era la salida a la azotea; y en el pasillo izquierdo habían dos puertas, siendo la segunda adornada con un letrero. De repente, escucho una dulce melodia que provenía de un piano.  Es hora de clases, ¿quién estaría practicando ahora? Sin embargo, no lo hace nada mal.  Me acerco lentamente a la puerta, la abro despacio intentando no interrumpir a la persona que estaba tocando, pero fue en vano. Aquella persona se detiene y me observa. Mientras tanto, no pude controlar mis pensamientos y simplemente lo dejé salir.  Ray.  —Ray... —susurro.  Quien tocaba el piano era nada menos que mi paisaje preferido. —¿Disculpa? —dice, sacándome bruscamente de mi embobamiento. —¡Oh! Lo siento, ¡no era mi intención interrumpirte! —me mantengo en el umbral de la puerta.  —No te preocupes, estaba terminando de todas maneras —responde amigablemente.  —De verdad lo siento muchísimo, te veías tan concentrado y lo arruiné... Tenía la idea errónea de que me encontraría con una chica —digo avergonzada.  Suelta una risa cautivadora, atravesando los dedos de su mano a través de su rubio pelo.  —Es un edificio de chicas, es normal que hubieras pensado eso —agrega muy comprensivo.  Me quedo en silencio durante unos segundos, contemplando como la luz que ingresaba por la ventana le daba en el rostro.  —¿Es tu novio? —pregunta repentinamente. —¿Eh? —lo miro confundida. —Dijiste "Ray", me preguntaba quién podría ser —rayos, tenía la esperanza de que no me hubiera escuchado, pero lo hizo. —¡Oh, no! N-no es mi novio ni nada como eso. Ray es... —piensa rápido, cualquier cosa —¡M-mi mascota! —¿Perdón? —levanta las cejas y tiene la expresión perpleja.  —T-tenía una mascota con el pelaje rubio como tu pelo y sus ojos eran azules como los tuyos... —me costaba creer el disparate que estaba diciendo. —¿Primero crees que soy una mujer y luego me confundes con un perro? Me siento agobiado —añade, jugando al ofendido. —No era un perro, sino un gato —no dejo de divagar. Ríe de nuevo y se incorpora en su asiento. —Que interesante. ¿Cómo te llamas? —parece estar divirtiéndose. —Dalila Rivas —contesto tímida. —¿Tú eres la chica nueva? ¿La extranjera? —pregunta curioso. —Así es... —Increíble. Cuando escuché sobre ti, imaginé a una persona más... simple —comenta intrigado, llevando la mano a su barbilla. No pude entender lo que quiso decir; sin embargo, decidí no preguntar. —No estudias aquí, ¿cierto? —Es verdad. Estudio en un instituto exclusivo de música, la Gran Academia Pianoforte —se levanta del asiento y se aproxima —quiero dedicarme al piano por el resto de mi vida. —Que bueno que tengas claro lo que deseas hacer en el futuro —me descoloca un poco verlo tan cerca —¿pero porqué practicas aquí y no en el edificio de chicos?  —Conozco a la directora de este edificio, llegamos a un acuerdo. Doné este piano con la condición de que me dejara practicar aquí, en donde vivo no puedo hacerlo —responde con desánimo. —Ahora lo entiendo. —No me tomes a mal pero, ¿no viniste aquí buscando algo? —pregunta. —¡Oh, las partituras! ¡Casi lo olvido! —recuerdo que debía llevarlas al aula. Se acerca al escritorio que se encuentra pegada a una pared, abre el cajón y saca unas partituras. Vuelve hacia mí y me las entrega. —Eres de primer año, ¿verdad? Estas son las partituras que les falta —agrega. Supongo que lo sabe porque Marina se lo habrá comentado. —Gracias. Debo irme, y una vez más, siento haberte interrumpido —tomo las partituras.  —Tranquila —sonríe, da media vuelta y regresa a su asiento. Camino a la puerta y antes de cruzar el umbral, me detengo. —Oye —sus ojos vuelven a mí —¿cómo te llamas en realidad? —pregunto ansiosa. —Puedes seguir llamándome Ray, en honor a tu gato —contesta con suavidad. Mi verdadera intención era acercarme a él para conocerlo y averiguar una posible conexión con Ray; sin embargo, después de escuchar lo que acababa de decir, dejó de tener importancia. En ese momento, mi ritmo cardíaco se aceleró y me invadió una sensación de desasosiego, sentí que podría caer irremediablemente por este chico, sin oportunidad de poder escapar.  —¡Espero volver a verte, Ray! —salgo del salón de música dando zancadas para llegar a las escaleras.  En el instante en que me dirigí a él con el nombre de Ray tan abiertamente, su viva imagen se iba formando en mi cabeza y pensé, de manera egoísta, que podría hablarle como si de verdad se tratara de él, y así poder llenar el vacío que dejó en mi corazón. Ray Russo está muerto y eso no cambiará, lo sé. En el fondo lo sé; sin embargo, luego de dos años, aún no logro asimilarlo.  Las comisuras de mis labios se estiran formando una sonrisa, una de satisfacción, pues había encontrado a quien podría ser una cura para esta herida. Un sustituto. 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR