Por la tarde del mismo día, me encuentro de vuelta en el instituto para decidir a qué ateneo pertenecería, es decir, debía informarlo al centro de estudiantes luego de hablar con los integrantes de dicho ateneo. Al parecer, había llegado muy temprano pues la segunda cancha estaba vacía. Camino sin prisa dirigiéndome a los vestuarios, cuando de repente, un par de manos cálidas me alcanzan por detrás y me tapan los ojos, haciendo que me detenga.
—Hola Dila —dice muy cerca de mi oído. Reconozco la voz, es la de Soraya.
Saca sus manos y deja que gire hacia ella, la veo con su sonrisa juguetona tan característica.
—Hola Soraya, ¿qué te trae por aquí? ¿Eres del ateneo de vóleibol? —pregunto.
—No es así, solo te vi entrando hace un momento, aproveché para saludarte. ¿Te uniste a este ateneo? —levanta una ceja.
—Aún no, pero lo haré.
—¿Estás bromeando? Deberías unirte al de balonmano, ¡estoy allí! —coloca un brazo sobre su cintura.
—Tengo entendido que están al tope. Además, no soy buena en el balonmano —comento.
—¡Un grupo numeroso es incluso más divertido! Oh, vamos. ¡Piénsalo mejor! —cada palabra iba acompañada de mucha energía y ademanes. Soraya tenía el hábito de mover las manos con frecuencia cada vez que hablaba.
Doy un suspiro, arrugo la frente y sonrío con suavidad.
—Lo siento, pero ya lo decidí —digo de manera amable.
—Bien, como quieras —responde resignada y aparta la mirada. Luego de unos segundos, sus ojos se abren como si algo se le hubiera ocurrido, y vuelve a fijarlos en mí.
—Oye Dila —se aproxima y se inclina levemente hacia mí—nunca has visto a un hombre desnudo, ¿cierto? —pregunta sin tapujos.
Mis mejillas se tornan en un rojo claro y aprieto los labios. Me congelé.
—Está claro que no. Si es verdad que nunca besaste a uno, la probabilidad de que hayas visto a un chico sin ropa es aún menor —afirma.
—P-pude haberlos visto en revistas o en internet —refuto.
—No es lo mismo en absoluto. Además, el hecho de sonrojarte con una pregunta tan simple... La repuesta a ello es muy obvia —puedo notar un resplandor en su mirada, no tenía idea de qué podría estar pensando—. Mientras llegan las otras chicas, ¿me acompañarías a un lugar?
—¿A dónde? —pregunto intrigada.
—Solo será un momento, ven conmigo —coloca el brazo sobre mis hombros y me dejo llevar por ello, salimos de la cancha y nos dirigimos al patio. Camino sin preguntar hasta que, de pronto, nos encontramos en el área masculina, detrás del edificio de los chicos. Me libero del brazo de Soraya que me rodeaba el hombro y tomo un poco de distancia.
—¿Qué hacemos aquí? —la miro confundida.
—Solo ven, ¡confía en mí! —dice sin responder a mi pregunta. Se acerca y me toma de la muñeca para llevarme al edificio. Ingresamos por una puerta trasera, caminamos un poco más para encontrar la entrada a un delgado pasillo. Se introduce por allí y sigue andando hacia delante sin soltarme, hasta llegar a una puerta.
—¿Qué hay aquí, Soraya? —entro en suspenso.
—Solo llámame Sora —responde, guiñando el ojo—ahora abre la puerta, muy despacio —me instiga.
Con algunas dudas, coloco mi mano sobre el picaporte y la abro con lentitud. De repente, Soraya se pone detrás de mí y me empuja, lanzándome hacia adentro. Caigo sobre mis rodillas y apoyo ambas manos sobre el suelo. Al levantar la mirada, veo a unos chicos tomando una ducha, quienes me observan desconcertados.
—¿Una chica? ¿Cómo llegó aquí? —se escuchan murmuros. Volteo la cabeza hacia la puerta, Soraya ya no se encontraba allí.
Luego, un chico que terminaba de vestirse se aproxima para tomarme de los brazos y me ayuda a levantarme. Coloca una mano sobre mi espalda y me lleva para afuera, cerrando la puerta.
—¿Quién eres? ¿Cómo llegaste aquí? —pregunta con postura firme, pero en un tono suave. No parecía estar molesto, más bien, tenía una expresión preocupada pues estaba estrictamente prohibido que las chicas ingresaran a las duchas masculinas y viceversa.
—M-me llamo Dalila Rivas, n-no sé qué hago aquí... —no tengo ni la menor idea de qué decir, ni cómo salir de esta incómoda situación.
—¿Dalila? ¿La estudiante de intercambio? —su rostro expresa total asombro. Asiento con la cabeza.
—Es imposible que hayas llegado hasta aquí tú sola, debió haberte traído alguien que conoce el edificio —afirma. A pesar de las circunstancias, podia sentir un aura amable y gentil a su alrededor; sin embargo, eso no haría que se quedara de brazos cruzados. Definitivamente no era alguien que simplemente dejaría todo esto sin una explicación.
De un momento a otro, me encuentro sentada frente a la mesa de la directora en su oficina, con el chico de pie a mi lado.
—Esto fue muy inesperado, señorita Rivas. Sobre todo, porque apenas llegaste hace unos días, aún no se cumple una semana de tu estadía y ya tenemos un problema. Necesito una explicación, y quiero la verdad de los hechos —dice de modo que me intimida. En realidad, no se me ocurría una razón creíble, no hubiera llegado allí de no ser por Soraya. Sumando a eso, la directora se mostraba imponente, así que era difícil hablar.
—Tengo la certeza de que una persona te llevó hasta allí, no hubieras podido llegar por ti misma, me resulta difícil de creer que conozcas todo el recinto en tan poco tiempo. Por otro lado, estás aquí con una beca, estoy segura de que no te arriesgarías a perderla. No te haré firmar el libro de disciplina por esta vez si me dices el nombre de la persona que te guió hasta allá —agrega. Buscaba la manera de sacarme información, pero no mencionaria a Soraya pasara lo que pasara. De repente, da un suspiro.
—Rivas, en esta institución no toleramos el acoso. Tanto el chico que está a tu lado como yo, pensamos que quizás estás pasando por una etapa de bullying. Si es el caso, tienes que hablar sobre ello para tomar cartas en el asunto.
¿Acoso? ¿Bullying? No lo había visto de ese modo en ningún momento. ¿Podría ser que Soraya busca molestarme y hacer de mis días un infierno? ¿Está celosa por haberme acercado a sus amigas? ¿Es eso? Empezaba a agradarme así que no quiero creerlo, sería ridículo. ¿Esa sonrisa resultó ser falsa? Su interés hacia mí, ¿todo fue mentira? Sería una locura.
—Rivas —dice la directora quien se está poniendo impaciente —no perdamos tiempo.
—La verdad es que... y-yo tenia curiosidad y pedí que me llevaran hasta allá, es todo... —juego con los dedos. No se oye para nada convincente, pero es lo único que puedo decir bajo tanta presión.
La directora coloca sus dedos sobre la sien y me observa.
—Bien, si así lo quieres —se levanta, toma el libro y un bolígrafo —firmarás por haber cometido una falta grave, y debido a tal gravedad, no tienes oportunidad de perdón en una siguiente vez. Una falta más y serás expulsada inmediatamente, ¿queda claro? Firma y retírate —el tono de su voz denotaba decepción y se veía molesta. Tomo el bolígrafo y firmo en el libro, me levanto y salgo de la oficina, con el chico detrás de mí.
—¿Estás segura de lo que acabas de hacer? —pregunta intranquilo.
—Todo está bien, no es nada —intento despejar el ambiente tensionado.
—Nadie me saca de la cabeza que hay alguien más detrás de todo esto, no deberías encubrirlo —pone su mano sobre mi hombro y luego se marcha.
Una tarde nefasta.
Ah, cielos. El chico se fue, y no le pregunté su nombre....