Cierro la puerta retumbando toda la cancha,salgo corriendo de allí sin mirar atrás hasta llegar a donde se encuentra Soraya. Al ver que no llevó nada, pone una expresión confusa. —Oye, Dila, ¡olvidaste mis cosas! —exclama. —Lo buscaremos mañana —respondo tomándola del brazo y jalándola hacia la salida. Al principio protesta pero luego termina cediendo. Llegamos a mi casa, tomo una ducha y después lo hace Soraya. Nos tumbamos en la cama, agotadas. —¿Cómo está tu nariz? —pregunta. —Mejor de lo que aparenta, en realidad no fue grave —replico. —¿Sucedió algo en el vestuario? —definitivamente lo percibió luego de verme tan agitada. —Nada en particular —digo con seguridad, pero no la convence. —Está bien, si no quieres contarme... —se queda en silencio durante varios minutos, como espera

