—¿Dalila, qué te hace tardar tanto? —Micaela entra a la cocina por más soda. Agarro la botella, me dirijo a la puerta estirándola del brazo y nos vamos a la sala. La amé. Fue mi salvadora en ese momento. Diego sale de la cocina y toma asiento en el sofá uniéndose a la conversación, como si nada hubiera sucedido. Son las ocho de la noche cuando me despido de todas; intentan convencerme de quedarme un poco más pero en realidad ya no puedo soportar la incomodidad, quiero ir a casa y hacer berrinches por haber metido la pata. Paloma me acompaña hasta la puerta e insiste en llevarme, le digo que no se preocupe, que ya llamé a un taxi. De pronto, Santiago y Diego se aproximan. —¿Porqué no dejas que Santiago te acompañe? —pregunta Diego, luego voltea el rostro hacia Santiago como hablándole

