Las clases terminan con normalidad. Ámbar me espera en la entrada mientas voy saliendo del edificio. De repente, Soraya me toma del brazo. —Oye, aún tienes cosas que contarme —protesta. —Sí, sí, no lo olvido, pero le prometí a Ámbar que hablaríamos un poco más después de clases. No te enfades. Es más, te esperaré después del ateneo para ir a casa y platicar —intento convencerla. Parece satisfecha, así que suelta mi brazo y me deja ir. Llego hasta donde se encuentra Ámbar. —¿Hacia dónde vives? —pregunto. —Hacia la misma dirección de tu casa —su respuesta me sorprende. —¿Sabes dónde vivo? —digo con intriga. —Vives cerca de mi casa, Dalila. Nos hemos cruzado muchas veces —asegura. Los ojos se me abren como platos, ¿estará hablando en serio? ¿Cómo es posible que me haya cruzado con esta

