Sábado por la mañana, Soraya me envía un mensaje al móvil preguntando sí estaré libre durante la tarde, a lo que le respondo que no tendré nada que hacer. Entonces realizamos algunos planes. Son las tres con veinte minutos pasado del mediodía cuando Soraya toca el timbre de la casa, la dejo pasar y vamos a mi habitación. Trae una mochila consigo, el cual la abre y extrae de ella una botella de vino. —Sora, tú sabes que yo no bebo —aclaro. —Tranquila nena, no voy a obligarte si no quieres beber; pero al menos, ¡pruébalo! Es mejor hacer tu primera degustación en tu propia casa, así no corres riesgos de ningún tipo —responde. Suelto un suspiro, resignada. Voy a la cocina a recoger un par de vasos, si me llevo las copas será sospechoso. Nos sentamos en el suelo y doy a Soraya ambos vaso

