🌕La caza comienza – Parte 1

801 Palabras
La tormenta llegó sin aviso. Truenos desgarraban el cielo de Valdheim, iluminando por breves segundos el bosque que rodeaba la vieja casa. Elena no dormía. Desde su pesadilla con la sombra en el espejo, algo en su interior se había quebrado… o tal vez había despertado. Encendió una vela y abrió el cuaderno de su madre una vez más. En la última página, escondido entre líneas aparentemente sin sentido, había un símbolo muy pequeño dibujado en el borde: dos serpientes enroscadas, mordiéndose la cola. No era uno que hubiese visto antes en la iglesia, ni entre los libros del santuario. Pero sí en un retrato viejo, guardado en la habitación cerrada de su madre. --- Elena entró al cuarto prohibido al amanecer. La cerradura ya estaba rota; alguien había entrado antes. Las cortinas olían a polvo y a madera antigua. El tocador estaba cubierto con un velo blanco, pero al levantarlo, encontró un portarretrato tallado a mano. Dos personas posaban en él: su madre, mucho más joven… y una mujer de cabello plateado, de ojos negros como tinta, vestida con ropas rituales. En el pecho, colgaba el mismo símbolo de las serpientes. Elena le dio la vuelta al retrato. > “Marina Kovac & Ysra Helbrecht — Juramento de sangre sellado el 3 de noviembre de 1985” —¿Quién eres tú, Ysra? —susurró. En el fondo del cajón encontró una carta, doblada muchas veces, escrita a mano con tinta escarlata: > “A Marina: el pacto nos une mientras vivamos. Pero si alguna vez una de nosotras lo rompe, que la sangre misma se alce y reclame justicia. Bajo el eclipse, el vínculo será probado. Si el juramento se corrompe… será Elena quien pague el precio.” Elena sintió el corazón detenerse. —¿Qué hiciste, mamá? --- Esa noche, volvió al bosque. No buscaba a Lucien esta vez. Buscaba el círculo de piedra donde se realizaban los pactos antiguos. Lo había leído en los márgenes del cuaderno: “Donde el eco no responde, ahí fue sellado.” Caminar sola entre la bruma, con la luna oculta tras nubes oscuras, fue un acto de locura o coraje. A veces eran lo mismo. Llegó al claro poco antes de medianoche. El lugar estaba marcado: doce piedras en círculo, cubiertas de líquenes y runas. Y en el centro… una figura esperaba de pie, como si supiera que Elena vendría. Vestía de n***o, con una capa larga. Su cabello era largo y blanco. Y sus ojos… —¿Ysra? —preguntó Elena, helada. La mujer asintió lentamente. —Te pareces a ella. Pero no tienes su fuerza. —¿Quién eres? ¿Por qué estás aquí? —Porque tu madre rompió el juramento. Ysra dio un paso adelante. Elena no se movió. —Marina selló un pacto conmigo. Íbamos a cerrar la g****a juntas. Pero cuando se enamoró… de él… eligió el amor antes que la sangre. Rompió el equilibrio. Y tú… tú eres el resultado de esa ruptura. —¿De qué hablas? —Tú no eres solo humana, Elena. Ni tampoco criatura de la noche. Eres ambas. Eres g****a. Eres puente. Eres lo que no debió existir. Elena retrocedió un paso. —No es cierto. —Lo es. Tu nacimiento fue el precio que el mundo pagó por la traición de tu madre. Un trueno rompió el silencio. Ysra alzó una mano y de sus dedos emergió un hilo rojo flotante: sangre condensada en energía pura. —El juramento fue quebrado. El pacto ha exigido justicia. El eclipse se acerca, y en él, o tú sellas la g****a… o serás usada para abrirla por completo. —¿Y tú qué quieres? Ysra la observó con una mezcla de tristeza y resignación. —Quiero redención. Pero también venganza. --- De pronto, un lobo surgió entre los árboles, sus ojos brillando como faroles dorados. Elena giró para enfrentarlo… pero Ysra ya no estaba. Solo su voz quedó flotando en el viento: > —Busca al guardián del segundo pacto. Él te revelará lo que queda de tu alma… si aún la conservas. --- Elena regresó al amanecer, temblando de pies a cabeza. Lucien la esperaba sentado en la entrada. —¿Fuiste al círculo? —Sí —murmuró—. Ysra está viva. Y el juramento se rompió hace años. Lucien asintió lentamente. Parecía haberlo sospechado. —¿Qué dijo? —Que yo soy el precio. Lucien se acercó. No había burla ni sorpresa en su mirada. Solo tristeza. —Entonces no queda tiempo. El Consejo lo sabrá. Y enviarán al primero de los Cuatro. —¿Quién? Lucien bajó la voz como si temiera que el bosque escuchara. —El traidor de las sombras. El que no envejece. El que tiene tu sangre en su boca. —Tu verdadero padre.
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