🌕El pacto roto – Parte 2

763 Palabras
La noche cayó sobre el santuario con una lentitud inquietante. La neblina descendía desde los árboles como si algo más —algo invisible— estuviera exhalando desde el corazón mismo de la tierra. Las raíces a sus pies parecían pulsar, vivas. El mundo natural respondía… o advertía. Lucien encendió una lámpara de aceite con una chispa mágica que pareció nacer de sus dedos. La luz danzó sobre las paredes del santuario, revelando más símbolos ocultos bajo la sombra. Algunos estaban grabados a sangre, otros… parecían escritos con fuego. —¿Cuántos han intentado el ritual antes que mi madre? —preguntó Elena. Lucien caminó hacia un viejo pedestal cubierto de hiedra. Lo limpió y dejó al descubierto una lista de nombres grabados en piedra. —Siete. Y solo uno sobrevivió… lo suficiente para dejar un mapa. —¿Dónde está ese mapa? —No es un mapa de lugares. Es un mapa de memorias. Elena frunció el ceño. No entendía. —¿Memorias? Lucien se giró. Sus ojos brillaban con un matiz plateado. —Tu madre transfirió fragmentos de su alma en objetos, lugares, incluso personas. Lo hizo con magia de sangre. Ella sabía que no sobreviviría, así que escondió las respuestas. Elena apretó el cuaderno. Lo sintió vibrar. —Aquí hay algo más —murmuró, hojeando de nuevo las páginas. Casi al final, encontró una nota escrita con otra tinta: más rojiza, más espesa… sangre seca. > “Elena, si alguna vez llegas aquí, significa que el ritual falló. No confíes en los que te dicen estar de tu lado. Uno de ellos me traicionó. Uno de ellos vendrá por ti.” > “Busca la segunda Marca. No en tu piel, sino en tu alma. Cuando la despiertes… sabrás quién eres en realidad.” Elena sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Lucien se acercó despacio. —¿Qué dice? —Que hay una segunda marca. Oculta… y que alguien de mi círculo me traicionará. Lucien desvió la mirada. —Ese es el precio del poder. Todos los portadores enfrentan una traición. La tuya… aún está por venir. --- Fuera del santuario, la noche era un susurro. No había grillos. No había viento. Solo un sonido lejano, irregular, como uñas arrastrándose por piedra húmeda. Elena y Lucien avanzaron por un sendero oculto que él conocía bien. No hablaban. El aire estaba cargado de tensión. Cuando llegaron a la linde del bosque, un ciervo muerto colgaba de un árbol. Estaba abierto en canal, y en sus entrañas había una palabra escrita con precisión inhumana: > "SANGRE" Lucien frunció el ceño. —Este es un mensaje. No para nosotros. Para ti. —Lo sé —dijo Elena—. Me están diciendo que ya empezó. —¿Qué? —La caza. --- Horas después, de regreso en la cabaña, Adrian la esperaba sentado en la escalera del porche, con una copa de vino en la mano. No sonreía. —¿A dónde fuiste? —A ver lo que queda del ritual de mi madre —respondió Elena, firme. Adrian frunció los labios. —No deberías haber ido sola. —No estaba sola —contestó ella sin mirarlo—. Estaba con alguien que no me dejó atrás. Adrian bajó la copa. Su rostro se tensó. —¿A qué te refieres? Elena lo encaró. El cuaderno apretado contra el pecho, la marca aún palpitando bajo su piel. —¿Qué hiciste esa noche, Adrian? ¿Por qué te fuiste? Él no respondió de inmediato. Sus ojos se oscurecieron. —Yo… no creí que Marina pudiera hacerlo. El Consejo había puesto precio a su cabeza. Yo… traté de protegerla. —¿Protegiéndola con abandono? —No entiendes lo que me pidieron que hiciera —replicó, con un brillo triste en la voz. —Tal vez no. Pero entiendo lo que hiciste: la dejaste sola. Y ahora, me estás dejando sola a mí. —No —dijo él, acercándose—. Esta vez no. Pero Elena ya había decidido. Cruzó el umbral de la casa, sin dejar de mirarlo. —La próxima vez que me digas que es por mi bien, asegúrate de no estar obedeciendo órdenes. Y cerró la puerta. --- Esa noche, soñó con la segunda Marca. No estaba en su piel. No estaba en su sangre. Estaba en su reflejo. Un espejo en el sueño le devolvía una imagen distinta: ojos dorados, colmillos marcados, y detrás de ella… una silueta oscura. Una sombra que tenía su misma forma, pero no era ella. La sombra sonrió. Y murmuró: > —El sacrificio ya comenzó.
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