CELESTE Cuando la vi entrar, me quedé sin aire. Isayana ahí parada. Se sentó al borde de mi cama como si nada. —¿Qué haces aquí? Me dijo que había encontrado la manera de conseguir la bendita aprobación de papá, mientras dejaba un folder en mis piernas. Por un segundo, sentí que se me iluminaban los ojos, que por fin había una luz entre tanto desastre. Pero luego bajé la vista a ese folder. —¿Qué es esto? —pregunté con desconfianza. —Ábrelo, vas a entender —dijo. Lo abrí. Eran fotos de parejas, con sus datos, sus trabajos, cuánto tiempo llevaban casados, sus vidas perfectas escritas en papel. Todo muy ordenado. —Estos son los perfiles de familias que podrían adoptar a tu bebé... —dijo. Levanté la vista, aturdida. —¿Qué? —pregunté, aunque ya sabía qué quería decir. —Celeste, est

