CELESTE Estoy estacionada frente a esa maldita fiesta de compromiso, viendo desde el auto con los ojos llenos de lagrimas. Me duele, sí. Pero no debería sorprenderme. Mi cabeza no entiende qué hago acá, pero el corazón... ese sí sabe. Tal vez necesitaba confirmar con mis propios ojos que esto es real, que ya no hay un nosotros. No tengo fuerzas para entrar. Sería absurdo seguir fingiendo que estoy bien, cuando por dentro siento que me estoy partiendo en dos. Si alguien me hubiera contado años atrás que terminaría así: sentada sola viendo cómo Cassian celebra su compromiso con otra, me habría reído sin pensarlo. Pero acá estoy. Y no tiene gracia. En el cole nunca fui la cerebrito del salón, pero hacía lo que tenía que hacer. No quería decepcionar a mis padres. Nunca fui popular. Era la

