Capítulo 4

1312 Palabras
Capítulo 4: Fuera de las Sombras La luz tenue del atardecer se filtraba por las persianas de mi apartamento, proyectando rayos anaranjados sobre el suelo de madera. El suave murmullo de la ciudad era apenas audible desde mi ventana, una constante en el telón de fondo de mis pensamientos. Me senté en el sofá, con mi laptop en el regazo y un café que ya se había enfriado a mi lado. El silencio dentro del apartamento contrastaba con el bullicio exterior, pero no lograba calmar el torbellino de emociones en mi interior. Llevaba horas revisando una y otra vez los archivos del caso de Joaquín. Todo lo que había conseguido hasta el momento eran los mismos informes que ya conocía de memoria. El asesinato de Marcos Hidalgo había sido brutal, directo. Los informes de la policía pintaban a Joaquín como un asesino sin escrúpulos, alguien que había matado a sangre fría. Pero algo en esa versión no encajaba. Recuerdo su mirada, esa mezcla de vulnerabilidad y desafío que me desconcertaba cada vez que lo veía. "No fue lo que parece", me había dicho. ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué estaba escondiendo? Tenía la sensación de que había algo más, algo que no estaba en los documentos, algo que solo él podía revelarme. Pero aún no estaba segura de cómo hacer que lo confiara todo. Suspiré, estirando mis piernas y cerrando los ojos por un momento. De alguna manera, había permitido que este caso me consumiera. Todo mi tiempo libre, toda mi energía, estaba volcada en intentar descifrar el enigma que era Joaquín Velarde. ¿Por qué me importaba tanto? Quizá porque había algo en él que me recordaba a mí misma, una lucha interna que no había logrado comprender del todo. El sonido del timbre interrumpió mis pensamientos. Me levanté y fui a abrir la puerta. Sabía perfectamente quién era antes de ver su rostro. Mi mejor amigo, Nicolás, se encontraba apoyado en el marco de la puerta, con una sonrisa amplia y un bolso de compras en la mano. —Espero que tengas vino, porque yo traigo sushi —dijo con su tono jovial habitual. —Nico, justo a tiempo —respondí, haciéndome a un lado para que entrara. Él entró en mi apartamento como si fuera su propia casa, dirigiéndose directamente a la cocina. Lo seguí, observando cómo sacaba los platos y ponía el sushi en la mesa. Nico había sido mi ancla desde mis días de universidad. Sabía todo sobre mí, lo bueno, lo malo, y lo complicado. Y sabía que, cuando estaba absorta en un caso, no me dejaba distraer por nada ni por nadie. —¿Sigues obsesionada con el caso de tu cliente misterioso? —preguntó, sirviéndose una copa de vino. Me dejé caer en la silla de la cocina, exhalando un suspiro frustrado. —Obsesionada es poco —le dije, cruzando los brazos—. No puedo sacarlo de mi cabeza. Hay algo en su caso que no cuadra, y no puedo entender qué es. —Hablemos claro, Sofía —dijo, levantando una ceja mientras me pasaba una copa—. ¿Es solo el caso lo que te tiene así, o es el tipo? Lo miré, sabiendo exactamente lo que estaba insinuando. Nico siempre había tenido esa habilidad para leerme, para notar cuando algo más estaba sucediendo debajo de la superficie. —Es complicado —admití, tomando un sorbo de vino—. Hay algo en él, Nico. No sé cómo explicarlo, pero siento que no es el monstruo que todos piensan. Claro, me dijo que lo mató, pero... no es tan simple. Nico frunció el ceño, masticando lentamente su sushi antes de responder. —Ya sabes lo que pienso de estas cosas. Te metes demasiado en la vida de tus clientes, y eso es peligroso. ¿Recuerdas lo que pasó con el último? —dijo, refiriéndose a un antiguo caso que terminó afectándome más de lo que debería. —Esto es diferente —respondí, aunque no estaba segura de si trataba de convencerlo a él o a mí misma. —¿Diferente cómo? —preguntó, dándome una mirada escéptica. Antes de que pudiera responder, la televisión en la sala, que había dejado encendida como ruido de fondo, captó mi atención. Las noticias de última hora interrumpieron el programa, mostrando una imagen de Joaquín Velarde en la pantalla. El titular rezaba: "Nuevo desarrollo en el caso Velarde". Nico y yo intercambiamos una mirada rápida antes de dirigirnos al sofá. Subí el volumen y me senté al borde del asiento. —...la familia del empresario asesinado, Marcos Hidalgo, ha presentado nuevas pruebas que podrían complicar aún más la defensa del acusado Joaquín Velarde. Fuentes cercanas al caso indican que estas pruebas refuerzan la teoría de que Velarde actuó con premeditación, lo que podría significar una condena mucho más severa en caso de ser encontrado culpable. Los detalles aún no han sido revelados, pero se espera que los fiscales presenten las pruebas en los próximos días... Mi corazón comenzó a latir con fuerza. ¿Pruebas nuevas? ¿Qué significaba eso? Mi mente corría a mil por hora, tratando de anticipar cuál podría ser ese nuevo ángulo que complicaría aún más la situación de Joaquín. No pude evitar sentir una oleada de preocupación. Si esas pruebas eran lo suficientemente sólidas, podría perder cualquier oportunidad de defenderlo. —Bueno, eso no suena bien —dijo Nico, siempre directo—. ¿Qué crees que van a presentar? —No lo sé, pero tengo que averiguarlo —respondí, levantándome de nuevo y caminando de un lado a otro por la sala—. No pueden seguir añadiendo pruebas sin más, no sin avisarme primero. Si hay algo nuevo, tengo que revisarlo. —Sofía, relájate un segundo —dijo Nico, levantando las manos como si intentara calmarme—. Sé que este caso te importa, pero tienes que ser cuidadosa. Te estás dejando llevar por este tipo. Y no me malinterpretes, sé que eres brillante y puedes manejar cualquier cosa que te lancen, pero... —¿Pero qué? —lo interrumpí, volviéndome hacia él—. ¿Crees que estoy perdiendo el control? Él me miró con una expresión suave, pero firme. —Creo que este tipo te está afectando más de lo que te das cuenta. Y quiero que seas honesta contigo misma sobre por qué. ¿Es solo el caso lo que te tiene tan involucrada, o hay algo más? Porque yo te conozco, Sofía. Y sé cuándo algo te está desbordando. Las palabras de Nico resonaron en mi mente, y por un momento, no supe qué responder. Estaba metida en algo más profundo de lo que me había dado cuenta, pero no podía retroceder ahora. Algo dentro de mí se negaba a dejar este caso ir, algo me empujaba a seguir buscando, a intentar salvar a Joaquín, aunque una parte de mí temiera lo que eso significaba. —No lo sé —admití finalmente, dejando caer mis hombros—. No sé qué es lo que me pasa con él, Nico. Pero no puedo dejarlo ir. Siento que hay más en su historia, algo que no estamos viendo, algo que podría cambiarlo todo. Nico suspiró y se acercó, dándome un suave abrazo. —Solo prométeme que no te perderás a ti misma en esto, ¿sí? Yo siempre estaré aquí para ti, pero necesitas cuidarte también. Asentí, agradecida por su apoyo. Mientras nos sentábamos de nuevo en el sofá, mi mente ya estaba planificando los siguientes pasos. Fuera lo que fuera, no dejaría que esas nuevas pruebas arruinaran lo poco que habíamos avanzado. Joaquín no era un hombre fácil de descifrar, pero había algo en él, algo que me impulsaba a seguir. Y aunque no sabía exactamente qué era, una parte de mí ya estaba comprometida en descubrir la verdad, sin importar lo que costara.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR