Capitulo 6

1038 Palabras
Capítulo 6: La confrontación ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ La prisión parecía más oscura hoy, como si una nube de incertidumbre se hubiera asentado sobre el edificio. Mientras caminaba por los pasillos, sentí una presión creciente en el pecho, y no tenía que ver con el caso legal que se avecinaba, sino con las mentiras que podían estar atrapándome. Sabía que Joaquín no había sido completamente honesto conmigo, y la idea de confrontarlo me inquietaba. Durante nuestras últimas reuniones, habíamos construido una extraña dinámica de confianza, una que ahora se tambaleaba con las nuevas pruebas en la mesa. ¿Por qué no me dijo nada sobre la tercera persona en la escena del crimen? Cuando entré en la sala de visitas, Joaquín ya estaba allí. Su postura era relajada, pero había algo en la forma en que sus manos, aunque esposadas, estaban más tensas de lo habitual. Sus ojos, que usualmente me miraban con esa mezcla de desafío y curiosidad, ahora eran más cautelosos. Sabía que algo había cambiado. ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ —Sofía —dijo con un tono más grave de lo habitual, mientras se enderezaba en su silla—. Me imaginaba que vendrías pronto. Me senté frente a él, tomando una bocanada profunda antes de soltar las palabras que había ensayado mentalmente durante todo el trayecto. —Joaquín, necesito que me digas la verdad. Toda la verdad. No más secretos, no más medias verdades. Las pruebas nuevas complican tu situación, y si no me hablas con total sinceridad, no podré ayudarte. Él levantó una ceja, claramente intrigado por mi tono. Era la primera vez que lo confrontaba de esta manera, y no parecía estar seguro de cómo reaccionar. ‎‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ ‎ —¿Pruebas nuevas? —preguntó, fingiendo ignorancia, pero sus ojos lo traicionaron. Saqué una carpeta del maletín y la abrí frente a él, mostrando la imagen de la sangre en la escena del crimen. No aparté la mirada de su rostro, buscando cualquier signo de reacción. —Esta sangre no es de Marcos Hidalgo. Es de alguien más. ¿Quién estaba allí contigo esa noche, Joaquín? Su mandíbula se tensó, y vi el cambio sutil en su expresión. Ya no era el hombre relajado que había fingido ser al inicio de la conversación. Sabía que lo había atrapado. —No es tan simple —murmuró, desviando la mirada hacia la mesa. —Hazlo simple para mí —exigí, mi tono más firme que nunca—. Estoy aquí para ayudarte, pero no puedo hacerlo si me sigues ocultando cosas. ¿Quién era la otra persona? Joaquín se quedó en silencio, sus manos jugando con las esposas, las cadenas tintineando suavemente en la sala. Sabía que estaba luchando consigo mismo, debatiendo si debía confiar en mí o no. Y aunque había una parte de mí que quería desesperadamente ayudarlo, otra parte comenzaba a dudar. ¿Qué tanto había mentido? Finalmente, soltó un suspiro profundo y levantó la mirada para encontrarse con la mía. —Había otra persona, sí. Pero no estaba allí para ayudarme. Estaba allí para asegurarse de que Marcos muriera. No fui yo quien lo planeó, Sofía. No soy el monstruo que crees. Sus palabras me sorprendieron, pero no tanto como el peso de lo que estaba diciendo. Todo lo que creía saber sobre este caso se estaba desmoronando frente a mí. —¿De qué estás hablando? —pregunté, mi voz apenas un susurro—. ¿Estás diciendo que alguien más quería que Marcos muriera? ¿Quién? Joaquín desvió la mirada de nuevo, claramente incómodo. —No puedo decirlo. No puedo arrastrarte a esto. —¡Ya estoy en esto! —exclamé, frustrada por su reticencia—. No puedes seguir ocultándome cosas, Joaquín. Necesito saber quién más estuvo involucrado, o no podré sacarte de aquí. Él se quedó en silencio de nuevo, su mirada fija en la mesa, y por un momento pensé que no iba a decirme nada más. Pero entonces, sus labios se movieron lentamente, como si le costara articular las palabras. —Es... alguien poderoso. Alguien que no quiere que la verdad salga a la luz. Mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que estaba tocando algo mucho más grande de lo que había imaginado. Esto no era solo un simple asesinato por venganza o por un ajuste de cuentas. Había algo más profundo, más oscuro detrás de todo esto. Y ahora, esa verdad estaba empezando a salir a la superficie. —Joaquín, tienes que confiar en mí. Si no lo haces, no podremos ganar esto. —No es solo mi vida la que está en juego, Sofía —dijo, sus ojos encontrándose con los míos, llenos de una gravedad que nunca antes había visto en él—. Es la tuya también. Y créeme, no quieres saber quién está detrás de todo esto. El aire en la sala se volvió más pesado, y sentí una sensación de peligro inminente. Pero a pesar de todo, no podía dar marcha atrás. Ya estaba demasiado comprometida en este caso, en él. Y si había algo que pudiera hacer para salvarlo, lo haría, sin importar el costo. —Lo sabré tarde o temprano, Joaquín. No puedes protegerme de esto. No puedes protegerte a ti mismo si no confías en mí. Él permaneció en silencio por un momento más, antes de inclinarse hacia adelante, sus ojos llenos de una mezcla de resignación y determinación. —Está bien, te lo contaré. Pero una vez que lo sepas, no hay vuelta atrás. Sabía que estaba a punto de entrar en un territorio peligroso, pero no me importaba. No podía detenerme ahora. —Dímelo, Joaquín. Y con esas palabras, todo comenzó a desmoronarse. Las verdades ocultas, los secretos enterrados. Estaba a punto de descubrir que este caso, y el hombre frente a mí, eran mucho más complejos de lo que jamás podría haber imaginado.
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