Capítulo 19

1127 Palabras
NARRA ELIZABETH —Aún sigo esperando que me digas el porqué estabas con tu ex —le susurré, mi voz apenas un murmullo mientras estaba recostada sobre su pecho. Sentía su respiración lenta, el calor de su piel bajo mi mejilla, pero aún así, algo dentro de mí ardía de dudas. Él guardó silencio un momento, como eligiendo bien las palabras, mientras sus dedos jugaban distraídamente con mi cabello. —Fue porque ella me llamó. Estaba borracha, le pedí a Marcus que me acompañara. No fui solo, Eli. Cuando llegamos, me vomitó encima... por eso fui después a casa de Marcus a cambiarme. Pasamos la noche hablando, nada más. Si piensas que dormí con ella o que hubo algo más, estás muy equivocada. Y cuando llegué por la mañana, tú saliste sin darme la oportunidad de explicar nada— Asentí despacio, aunque una parte de mí seguía dolida. No era tanto lo que había pasado, sino que yo no estuve allí. Que cuando él necesitó hablar con alguien, no fue conmigo. —¿Aún la amas? —pregunté, mi voz rota por el miedo a la respuesta. Lo abracé con más fuerza, casi como si mi cuerpo pudiera retenerlo a mi lado, aunque sus palabras me apartaran. Él respiró hondo. —Sinceramente, Eli... creo que nunca llegué a amarla. Pensaba que sí, durante años. Era fácil creerlo porque pasamos muchas cosas juntos. Pero con el tiempo me di cuenta que no era amor de verdad. Teníamos tanto bueno como malo... y demasiado malo. Contigo todo es diferente— —¿Diferente cómo? —quise saber, aunque temía la respuesta. —Con ella todo era distante, frío a veces. Las discusiones nos separaban, y buscábamos el calor en otras personas. Tú no. Tú quieres quedarte, quieres construir algo. El sexo contigo... —hizo una pausa, su voz más baja, casi ronca— contigo es diferente. Me haces sentir algo real. Me completas más de lo que nunca pensé que necesitaría— Me quedé callada, dejando que sus palabras calaran en mí. Cerré los ojos un momento. Lo quería tanto que dolía. Pero también sentía miedo, miedo de no ser suficiente. —Hay veces que siento que me ocultas muchas cosas —le confesé, mi voz apenas audible. Él suspiró, me rodeó con su brazo y apoyó su mentón sobre mi cabeza. —Porque hay cosas que sé que te harían daño, Eli. Cosas que preferiría no contarte para protegerte. Después de la última discusión, los dos dijimos cosas horribles. No quiero que volvamos a hacernos daño. Quiero que estés aquí, conmigo, y prometo que haré todo lo posible para que seas feliz a mi lado —dijo, besando mi frente. Sus palabras me calaban el alma. Y al mismo tiempo, me hacían sentir culpable por lo que había hecho con Maximilian, por todo lo que le estaba ocultando yo también. —Te quiero —le dije en un susurro que casi se perdió en el silencio. Él se quedó quieto, y entonces, como si lo saboreara, repitió: —Yo también te quiero— Me aparté un poco, sorprendida, para mirarlo. —¿Qué? —pregunté, sin poder evitar sonreír. Él se rió suavemente, su risa grave que tanto me desarma. —Que te quiero, Eli. Te lo digo completamente en serio. Ayer, al verla, me di cuenta de lo que realmente quiero. Tú eres la mujer que quiero en mi vida— —¿Y qué quieres? —susurré, conteniendo el aliento. Me miró con intensidad, esa mirada que me quemaba la piel. —Te quiero a ti— Y entonces me besó, despacio primero, luego con una pasión que me robó el aire. Me sentí temblar desde dentro. Él me empujó suavemente sobre la cama, quedé recostada mientras me subía el vestido hasta los pechos. Con una facilidad que me hizo ruborizarme, me quitó la ropa interior, dejando mi piel expuesta. Su lengua bajó lentamente por mi abdomen, hasta mi entrepierna. Con sus dedos separó mis labios vaginales, dejando al descubierto mi clítoris. Su lengua me acariciaba, primero suave, luego más intensa. Mi respiración se volvió irregular, y mordí mis labios para no gritar. Metió un dedo en mí, moviéndolo rítmicamente al compás de su lengua. Mi espalda se arqueó, sentí un calor crecer y expandirse, haciendo que todo desapareciera salvo su boca y sus manos. Le miré. Sus ojos claros se habían oscurecido, llenos de deseo. Su respiración era profunda. Sentía el control que tenía sobre mí, y lo deseaba más que a nada. Me puse de pie, temblorosa. Él se desnudó sin dejar de mirarme, su cuerpo perfectamente marcado. Me quitó el vestido por completo, nuestras pieles se rozaron y sentí un escalofrío que me recorrió de arriba abajo. —Me tienes completamente loco, Eli —susurró, su voz ronca. No quise que solo él me diera placer. Tomé su m*****o entre mis manos, duro, palpitante. Me arrodillé y lo metí en mi boca, primero despacio, luego más profundo. Chupé su cabeza, sentí el sabor salado en mi lengua. Él soltó un gemido grave que me hizo temblar de placer. —Eli... basta... —dijo casi sin aliento. Me tumbó sobre la cama, se colocó encima de mí, y de un solo movimiento me penetró. Grité, no de dolor, sino de puro placer. Mis uñas se clavaron en su espalda. Nuestras caderas se encontraron una y otra vez, el calor entre ambos era casi insoportable. No había prisa esta vez, solo deseo lento, intenso, como si quisiéramos memorizarnos el uno al otro. Llegué al clímax primero, mi cuerpo se tensó y sentí un vacío llenarse de repente. Él vino poco después, enterrando el rostro en mi cuello, respirando entrecortadamente. Nos quedamos abrazados, el sudor enfriándose sobre nuestras pieles. Acaricié su cabello, suave, mientras mi corazón aún latía desbocado. —¿Sabes? —dije, con voz ronca— Necesitamos otra noche así... salir, probar cosas nuevas. —¿Como qué? —preguntó, curioso. —No sé... algo diferente. Dejar que la noche nos sorprenda. Él sonrió, esa media sonrisa suya que tanto me vuelve loca. —De hecho, tengo algo en mente que creo que te encantará. —¿El qué? —pregunté, ansiosa. —Pronto lo sabrás —dijo, abrazándome más fuerte, como si temiera que desapareciera. Apoyé mi cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Y por un momento, quise creer que ese sonido era mío también. Pero mi mente volvió, aunque fuera solo un segundo, a Maximilian, al pacto que había sellado. Sentí un nudo en la garganta. Quería confesarlo, pero su calor me mantenía callada. "Te quiero, Dimitri", pensé. Aunque sepa que el tiempo traerá tormentas. Aunque mi corazón se queme por ello. Te quiero tanto... que me asusta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR