Voló por la ciudad en línea recta hacia el sur una vez que hubo salido de la empresa de su jefe, cuando su oído súper sónico lo guió hasta algún punto del mar atlántico dónde se encontraba el avión sufriendo problemas. “¡Perfecto!” se dijo Rex Jon empezando a mirar a través de los cristales en busca de una persona, la verdadera razón de que estuviese allí. Y la vio: la doctora Camila Lambert, quien al verlo volar fuera de su ventana supo de inmediato que sería su fin, su rostro de pánico solo lo confirmó.
Los demás pasajeros, en cambio, se emocionaron y alegraron al ver a Rex Jon afuera de sus ventanas, pues sintieron el gran alivio y la esperanza de que llegó para aterrizar el avión y salvarlos a todos. ¡Pobres!, no tenían idea acerca de las verdaderas intenciones de Rex Jon.
Rex se alejó un poco del avión y observó el daño que presentaba: el ala del lado derecho estaba averiada y humo n***o comenzaba a salir desde su interior. Si el avión se cruza con una parvada de patos o sufre una fuerte turbulencia es probable que el ala no resista, así que, técnicamente, Rex solo está “adelantando” lo “inevitable”
Rex se posicionó frente al ala rota al mismo tiempo que cargaba su visión calórica, estaba dispuesto y a punto de dispararle al ala para terminar de romperla y así dejar que el avión se estrellara, pero su plan se vio interrumpido por Prometeo, quien apareció volando unos metros detrás de él.
– ¡Rex! –lo llamó– ¿viniste a ayudar?
Bill no tenía idea de los verdaderos planes de Jon, pero aun así se le fue acercando lenta y cautelosamente. Sabía que él y el Rey nunca tuvieron una buena relación, ni en el inicio ni precisamente ahora, además de que Jon se ponía competitivo cuando se trataba de “ser el héroe y salvar el día”. Aun así lo que pasó después no se lo esperó, no aún al menos, aunque tampoco fue nada nuevo para él que Rex lo recibiera tomándolo de su traje blanco y azul para darle un potente cabezazo que lo envió metros hacia abajo, mientras que el Rey se apresuraba a alcanzar el avión otra vez.
Rex perdió de vista a Prometeo intentando alcanzar el aeroplano nuevamente, una vez que lo logró quiso repetir y terminar el proceso de la primera vez, solo que en la primera vez Prometeo se acercó a él amistosamente, más en esta segunda oportunidad el Prometido arremetió contra Jon llevándoselo lejos, cual tren atropellando a un auto en medio del carril.
–Billy empujó a Rex más allá y le preguntó– ¿qué estás haciendo?
–Jon le dio a Bill una patada en la entre pierna, y siendo él ahora quien sujetaba al súper de blanco le dijo– atando cabos –y lo dejó caer mientras él regresaba por el avión.
Dolió, sí, casi tanto como le duele admitirlo, pero Prometeo no tiene tiempo para procesar el dolor, ahora es su turno de actuar. Enfocó su vista 10 veces mejorada que la del ser humano común y vio a Jon persiguiendo el avión varios kilómetros a la distancia. Pudo haber usado su súper velocidad otra vez para tratar de detenerlo, pero Jon se estaba comportando más agresivo de lo normal, lo cual le decía a Prometeo que su rival estaba en busca de algo más que solo ser el héroe. El Prometido entonces alzó una de sus manos y las ondas de energía comenzaron a fluir por el aire separando las nubes hasta llegar a dónde Rex y apartarlo del camino, pero estás también golpearon el avión en el proceso.
Aprovechando que al Rey ya no se le veía por ningún lado, Prometeo voló de prisa hacia la aeronave y colocándose frente a ésta intentó reducir su velocidad empujándola hacia atrás, sin embargo tuvo que detenerse de inmediato ya que el casco se estaba aboyando. Salió del camino del avión dejando que siguiera un rumbo incierto por un momento mientras Prometeo llamaba a su hermano por ayuda.
Apenas se estaba concentrando en su conexión psíquica con su gemelo cuando Rex Jon se lo llevó por delante y comenzaron a forcejear uno contra el otro en el aire.
– En verdad eres cómo una puta piedra en el zapato –escupió Jon con desprecio.
– El sentimiento es mutuo –dijo Billy antes de poner sus pies sobre el pecho de Jon y con gran impulso separarlos en lados contrarios.
Ya a una distancia considerable, pero pudiendo verse el uno al otro como si estuviesen a solo centímetros de distancia, permanecieron estáticos por un momento, con la vista fija en sus objetivos, y estudiando cual sería el siguiente movimiento del otro. Por supuesto, Rex Jon fue el primero en atacar calentando sus orbes azules con una potente luz roja en ellos.
Billy, dándose cuenta de lo que su adversario planeaba, no esperó el golpe y sacó su propio rayo blanco directo de sus ojos. Las dos visiones calóricas impactaron una contra la otra en el cielo creando una escena digna de los comics de Marvel, la cual se extendió más de lo que ambos planearon.
Usar la visión láser por tiempo indefinido era una cosa, pero usarla como escudo para otra visión láser era otra diferente y más si tu adversario poseía la misma fuerza y resistencia que tú. Es como si intentaras mover un bloque de cemento de 10 kilos tú solo y hubiese otra persona en el extremo contrario moviendo el mismo bloque contra ti, era una lucha de fuerza y resistencia.
Bill comenzó a cansarse y eso se notó en cuanto su rayo blanco comenzó a disminuir y echarse hacia atrás conforme Jon avanzaba. Parecía que el Rey llevaba la ventaja en la pelea, y por lo tanto siguió insistiendo en la fuerza de su rayo. No fue sino hasta que Bill sintió sus ojos llorosos que vio como unas enormes alas plateadas se llevaban a Jon lejos de su camino.
El Súper de blanco descendió lentamente unos centímetros mientras cerraba sus ojos con fuerza, luego dio una profunda respiración recuperando algo de compostura para finalmente girar y ver a Metal Lili llevándose a Rex lejos de él.
– ¡Ve por el avión! –le gritó la chica alada luego de empujar a Jon a la distancia y darse la vuelta solo un segundo. Prometeo asintió y voló en dirección a dónde recuerda que se fue el avión. No tuvo que esforzarse mucho por encontrarlo, solo tuvo que guiarse por los gritos desesperados de los pasajeros y dirigirse hacia allá.
Volando a un lado de la aeronave para ya no perderla de vista, volvió al plan inicial: llamar a su hermano por ayuda.
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Tommy se encontraba en VP dormido en un sillón junto a la cama de su hija porque así ella se lo había pedido, cuando de repente una frecuencia aguda comenzó a molestarlo en la parte de atrás de su cerebro haciendo que se despertara gradualmente. Cuando el cerebro del mayor de los Hatcher estuvo consciente, la aguda frecuencia se convirtió en un grito de auxilio desesperado con la voz de su hermano gemelo, lo cual despertó a Tommy por completo.
– ¿Billy? –preguntó Tommy ubicándose.
– ¡Necesito ayuda! –gritó el súper humano en respuesta.
– Mierda –dijo Tommy en voz baja cuidando de no despertar a Briana para luego levantarse del sillón y dirigirse a la salida– ¿qué necesitas?
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– ¡Intenté detener el avión pero empezó a abollarse! –Bill levantó la voz por encima de la turbina del avión y los gritos de los pasajeros que salían de la nave de metal y llegaban a sus oídos.
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– Es lógico –respondió Tommy cerrando la puerta del cuarto de su hija tras de sí y empezando a caminar por el pasillo– la presión de la nave contra ti, qué eres básicamente un bloque de titanio, a una velocidad de casi 200 kilómetros por hora es…
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– ¡Habla claro, Tom! –gritó Prometeo una vez más– ¡y rápido porqué está cosa se está cayendo!
– ¿El avión está cayendo? –escuchó Prometeo a través de la conexión psíquica que él y su hermano comparten.
– ¡Lo que escuchaste, maldita sea!, ¡¿qué hago para que se detenga?! –preguntó comenzando a caer en picada junto con el avión.
– No puedes detenerlo –dijo Tommy.
– ¿Qué?
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– A la velocidad que va el avión si choca contra algo se romperá –decía Tommy mientras caminaba de prisa por los pasillos de VP.
– ¡¿Entonces qué demonios hago?!
– Frenarlo para que se estabilice –respondió Tommy. Sus ojos se tornan de un azul celeste cuando está conectado con su hermano, y de un verde neón cuando utiliza su “poder más útil”, según él. En esta ocasión dejó que su ojo izquierdo permaneciera azul mientras que tornaba su ojo derecho en aquel verde neón que le permitía conocer las respuestas de cada cosa– debes posarte frente al avión y servir de parachoques. Empújalo hacia atrás, cuenta cinco segundos y suéltalo.
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– Okey –respondió Bill y fue a hacer lo dicho. Aumentó un poco su velocidad y se posó nuevamente al frente del avión para poner sus manos frente al casco y empujarlo hacia atrás. Apenas sintió la presión de la nave contra sus manos, pero si notó bien la abolladura en el metal que estás hicieron, por lo que comenzó a contar– 5, 4, 3, 2, 1 –contó y soltó el avión para volver a volar unos centímetros frente a él– ¡lo hice!, ¡¿ahora qué?!
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– ¿Dónde caerá el avión? –preguntó Tommy llamando a su personal nocturno.
– ¡En el puto océano! –respondió Billy siendo obvio.
– Okey, en el agua. Tú debes amortiguar la caída –dijo Tommy con elocuencia.
– ¡¿Cómo?!
– ¡Sé su parachoques, Bill!
– ¡Pero dijiste que está mierda se rompería!
– ¡Y se romperá!, hagas lo que hagas se romperá. A esa distancia y velocidad un impacto contra el agua es igual a un impacto contra la tierra –en eso llegó su guardia de seguridad– ¡necesito el helicóptero, ya! –ordenó a su guardia.
– ¡¿Qué?! –gritó-preguntó Bill.
– ¡Tú no!, tú debes ir al frente del avión y recibir el impactó. Será duro, pero lo soportarás. El avión se romperá y deberás ayudar a los más que puedas a salir –habló Tommy.
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– No te voy a engañar, Bill. Hay un 99,9% de probabilidad de que hayan bajas de civiles –eso lo desanimó, pero sabía que debía salvar a los más que pudiera.
– ¡Desciende rápido!, ¡veo el océano! –dijo el súper humano pegado a la punta del avión teniendo el océano casi en frente.
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– ¡Haz lo que te dije!, tengo mi helicóptero. Averiguaré la ruta que seguía el avión y nos veremos en tierra. Llevaré a los guardacostas y rescatistas –dijo Tommy antes de salir de su oficina rumbo a la azotea del edificio.
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Bill miró hacia lo que tenía en frente con temor, era el océano atlántico que se acercaba bastante rápido. La suma y el porcentaje que su hermano le dio lo asustaron y el ser el escudo entre la vida y la muerte de los cientos de pasajeros del vuelo lo aterraba aún más, pero si quería salvar a los más posibles debía pensar fríamente y hacer lo que Tommy le dijo. Volteó su cuerpo dando un giro de 60º quedando así de frente a la nariz del avión, y cerrando con fuerza sus párpados mientras posicionaba sus manos delante de la inmensa máquina, se preparó para recibir el impacto.
El terrible golpe de frente contra el océano atlántico lo atacó sin piedad, provocando así que estrellara sus manos y su propia cara contra la máquina de acero y que ésta recibiera las represalias del impacto, logrando así que el casco se averiara, las ventanas delanteras se rompieran en mil pedazos y el agua comenzara a filtrarse dentro de la nave. Exceptuando eso, el avión y la mayoría de sus pasajeros no sufrieron mayor daño gracias al soporte que Prometeo aportó...