Aun volando sobre el cielo del Atlántico se encontraba Rex Jon, quién había descubierto que “la perra con alas” era más difícil de matar de lo que pensó, y eso podían comprobarlo su labio roto y su hombrera dorada arrancada de su posición.
– ¿Dónde rayos estás? –preguntó a la nada esperando el siguiente ataque de su adversaria– ¡sal y pelea!, “¡Abelarda!”
– ¿Plaza Sésamo?, ¿en serio? –preguntó Lily batiendo sus alas con gracia detrás de Jon. El súper de rojo volteó hacía atrás quedando así frente a ella– ¿y cuál eres tú?, ¿la hadita que vuela?
Sintiendo su ira engrandecer por la clara burla, Rex Jon arremetió contra ella empujándola en el aire. Las alas de metal plateado de Lily comenzaron a rasgar cual garras la espalda de su atacante para que la soltara, sin embargo Rex tomó la cara de Lily con brusquedad y comenzó a calentar los orbes de sus ojos, iba a freírle la cabeza a la chica con su visión láser, pero Lily no lo dejaría.
Estampó la punta del hueso de su ala en la barbilla de Jon haciendo que disparara su láser hacia arriba, luego con sus dos alas lo empujó hacia atrás, y aun estando en el aire las batió con fuerza hacia afuera convirtiendo sus plumas en filosas cuchillas, así que cuando Jon intentó tomarla con brusquedad nuevamente, ella le clavó el filo de una en el pecho. No lo mató, pero sí le hizo daño. Jon enseguida trató de soltarse y apartar a la alada de él, pero Lily no se lo permitió tomándolo de la nuca y acuchillándolo una vez más.
En un movimiento desesperado por zafarse la mano de Jon terminó en el ala de Lily, y sin tener que esforzarse mucho hizo crujir el hueso cubierto de plata haciendo que ella gritara de dolor y lo soltara enseguida. Luego, y sin ningún tipo de remordimiento, Jon soltó su ala dejando que Lily cayera al mar. Pensó que en cualquier momento escucharía el agua golpearla, pero en lugar de eso vio como alguien la atrapaba en el aire y de repente desaparecían.
Lily miró hacia arriba a su rescatador y vio a Jace, Ironhead, luego de que ambos aparecieran a salvo en la playa más cercana. Con delicadeza él la bajó y la depositó en la arena.
– Tommy te envió, ¿verdad? –preguntó la chica desde su posición en la playa.
– Igual que a ti a ayudar a su hermano –respondió Jace– ¿estarás bien? –preguntó apuntando al ala rota.
– Cuando le rompa a ese imbécil su perfecta nariz con mi puño, estaré bien –dijo Lily con enojo mirando hacia el cielo nocturno.
– Bien –dijo Jace riendo un poco– estamos en “East Coast”, una de las costas de Inglaterra. Si el avión se estrelló a más de 300 kilómetros de su ruta original puede que Billy traiga a los pasajeros que salve aquí.
– Solo espero que Jon no valla a joder las cosas más de lo que ya están –dijo Lily encorvándose un poco.
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La parte buena era que Tommy tuvo razón en cuanto al choque, fue fuerte pero pudo resistirlo. La parte mala era que también tuvo razón en cuanto al avión: todo el cilindro sufrió rupturas y abolladuras, y estaba seguro de que más de un pasajero necesitará ayuda médica urgente, sin embargo Billy diría que hizo un buen trabajo amortiguando el golpe, ahora si tan solo su cuerpo pudiera despertar del estado inconsciente en que el trauma shock lo dejó y así poder salvar a los sobrevivientes sería estupendo.
Bill reunió toda su fuerza de voluntad y obligó a su cuerpo a reaccionar, una vez que estuvo consciente otra vez salió a la superficie rápidamente a tomar aire y se sumergió de nuevo para alcanzar el avión, romper la compuerta presurizada e ir sacando a las personas haciéndoles señas para que nadaran hacia la superficie, a los que no sabían nadar los llevó a súper velocidad a la orilla y regresó por los que faltaban.
Su talasofobia comenzó a hacerse visible mientras veía como la pesada máquina de metal más se hundía en lo profundo y oscuro del océano. En su penúltimo viaje a lo profundo del avión encontró a una adolescente luchando por desabrochar el cinturón de la que parecía ser su madre. Billy se acercó para ayudarla y romper el cinturón, pero cuando ambos la movieron pudieron ver el golpe y la sangre brotar de su cabeza, tomó su pulso solo para comprobar lo que ya sabía.
Con aquella mujer Billy podía contar con 11 muertos en sus manos. Tomó a la adolescente e intentó jalarla fuera de lo que quedó de la máquina de metal hacia la superficie, pero ella no quería abandonar a su madre. Bill no tuvo de otra más que tomarla de la cintura por la fuerza e ir a una “súper-velocidad-moderada” hacia la superficie, igual a cómo hizo con los demás sobrevivientes.
Fuera del agua es dónde se hallaba el caos. Había gente gritando o pataleando para mantenerse a flote, todos tienen frío, pues el agua está muy fría. Había histeria por dónde sea que mirara y miedo, mucho miedo, fue entonces que Billy flotó sobre ellos y Prometeo habló:
– ¡Conserven la calma! –gritó por encima de todos– la costa de “East Coast” en Inglaterra no está lejos. Puedo llevar cargados a varios de ustedes a la vez y volver por el resto, ¿bien?
– ¿Y los rescatistas? –preguntó alguien.
– Nos están esperando en la costa –dijo y bajó más al nivel de todos– muy bien. Llevaré primero a los niños y a los que no sepan nadar.
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Eran pasadas las 6 de la mañana cuando Tommy descubrió la ruta original del transporte aéreo, hizo los cálculos de dónde pudo haberse estrellado y cuál sería la costa más cercana a dicho punto, y finalmente él en su helicóptero junto con los rescatistas y guardacostas lograron llegar a “East Coast” en Inglaterra, dónde Bill y el grupo de sobrevivientes ya los esperaban.
Al ver a su hermano menor luego de aquella estresante noche, lo primero que hizo Tommy al verlo fue abrazarlo.
– Lo hiciste –le dijo a Prometeo– salvaste a esas personas.
– No a todas –dijo Bill sin mucho ánimo.
– No te hagas eso, Bill –dijo Tommy más como una orden que otra cosa– te lo dije, hay cosas que ni siquiera un súper puede evitar.
– Creí que podías ver el futuro –dijo Prometeo poniendo sus manos en su cintura.
– Veo probabilidades –respondió Tommy– y la probabilidad de pérdidas en esta misión fue casi del 100%, te lo dije.
– ¿Qué pasará ahora con esas personas? –preguntó Bill apuntando detrás de sí a los sobrevivientes del choque.
– Regresaran a Estados Unidos con sus familias o lo que quede de ellas –dijo Tom tratando de no sonar tan frío– irán a terapia, y en un par de años estarán bien –Bill asintió inexpresivo, sin estar seguro de aquella respuesta– ¿tú estarás bien? –preguntó Tommy mirando con cautela a su hermano.
– Aun si no se está bien hay que seguir adelante, ¿no? –dijo el súper en tono pesimista.
– Pero siempre podemos hablar de lo que nos molesta –dijo Tommy dándole una mirada molesta a su hermanito.
– Sí, lo sé –dijo Bill dándole una sonrisa triste a su hermano. Él sabía lo mucho que Tommy se preocupaba por él.
– Vamos. Regresemos a VP para que te seques y duermas un rato –dijo Tommy extendiendo su mano hasta el brazo de Billy para conducirlo al helicóptero, cuando una tercera voz se hizo presente:
– ¡Señor Thomas Hatcher! –ambos hermanos voltearon hacia el individuo– necesito ir en el helicóptero con ustedes.
– No tengo problema en compartir el transporte pero, ¿por qué no se va con los muchachos de rescate?, ellos incluso le avisaran a su familia de que está bien –dijo Tommy a la mujer que se les acercó.
– No puedo irme con ellos –dijo Camila Lambert– porque temo que Rex Jon regrese por mí…