El Regreso al Hogar

1234 Palabras

Cuando Serafín cruzó la puerta de la habitación, la penumbra suave la envolvió. El olor a tabaco antiguo y a madera pulida llenaba el aire. Sobre la cama, Mijaíl, con las gafas bajas en la nariz, estaba absorto en un libro de páginas amarillentas. Sus canas caían sobre la frente como hilos de plata, y su postura, reclinada contra los cojines, irradiaba una calma frágil. Ella se acercó en silencio, pero el corazón le golpeaba con fuerza. Sus labios temblaban antes de pronunciar palabra. —Papá… lo siento —susurró, con la voz quebrada—. No sabía qué decir, yo estaba hecha un lío y me sentía más perdida que cuando en realidad lo estaba… Pero hoy estoy aquí para pedirte perdón, por causarte tanto dolor. No pudo contenerse más. Sus rodillas cedieron y cayó al suelo, con lágrimas rodando por s

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