Bajo la mirada de la sombra

1757 Palabras

La noche había puesto un borde de plata en los aleros de la cabaña. Dentro, la chimenea moría en brasas; fuera, el mundo respiraba hondo y frío. Nikolái dormía con la calma de quien por primera vez se permite no estar de guardia: abrazaba a Serafín, su boca junto a su cabello, y el niño dormía en su cuna, ajeno a los mapas y a las deudas que flotaban sobre esa familia como una nube venenosa. Alekséi Sokolov respiró el humo con la misma parsimonia con la que contaba sus victorias. No llevaba capa ni estridencias: vestía traje oscuro, la camisa impecable, las manos limpias. Eso era parte del talento de Lesha: hacer que la traición entrase por la puerta principal vestida de cortesía. Se quedó en la penumbra del corredor, apoyado en la pared, y miró la escena con una expresión que no era odio

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