Días de paz prestada

1504 Palabras

La ciudad parecía más amable esos días. Serafín caminaba entre vitrinas relucientes con el cabello recogido y la mirada tranquila. A su lado, Nikolái cargaba a Arcángel en brazos como si temiera que el viento se lo robara. Los guardias los seguían a distancia, discretos, pero atentos: nadie se atrevía a mirar dos veces al Pantera cuando iba con su familia. Entraron a una tienda de decoración francesa. Las paredes olían a madera y perfume caro. —¿Blanco o marfil? —preguntó Serafín, sosteniendo dos muestras de pintura. —El que combine con tus ojos —respondió él, distraído, sin dejar de mirar cómo Arcángel le agarraba el dedo. Ella sonrió. —Mis ojos cambian, Nikolái. —Entonces pintaremos la habitación todos los años. La dependienta fingió no haber oído la broma. Los dos rieron, porque

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