En unos segundos, la tensión se sentía pesada. La sombra entró junto a un hombre con una bolsa de víveres, como de costumbre, y un juguete para Arcángel. El niño, al verlo, levantó los brazos. Nikolai pensó que el niño pedía los brazos del desconocido, pero no. El hombre le tendió el juguete, y Arcángel lo ignoró, volviendo a jugar con el reloj de Nikolai. —¿Quién eres tú? ¿Acaso te acuestas con mi mujer que le traes el mandado? —escupió el Pantera. —Por favor, no digas malas palabras frente a Arcángel. No es necesario ser grosero —lo reprendió Serafín por primera vez. —Es el doctor Misael... —Cállate, Serafín. Le estoy hablando a él. Primero piensa cómo saldrás tú de toda esta mierda. —respondió Nikolai, tapando con sus manos los oídos del niño, que jugaba ajeno al drama de sus padres.

