La adrenalina se coló por cada una de sus venas y recorrieron todo su cuerpo. Daryl, a toda velocidad, competía contra el Lamborghini Aventador. Había vuelto a las carreras clandestinas. Un grito de excitación se escapó por su garganta cuando estaba a punto de llegar a la meta y su competidor era visible por el retrovisor. Llevaba semanas compitiendo cada noche, la emocionante adrenalina de la velocidad era lo único que competía con ella, y le ayudaba a olvidar por un momento lo que su corazón se negaba a olvidar. Volvió a la multitud entusiasta que hacían de aquellas carreras su estilo de vida y de jugosas ganancias. Daryl había ganado varios dólares gracias a su veloz Bugatti. Se había vuelto más temerario que nunca y era el fastidio de los demás competidores que ya comenzaban a mirarl

