El rugir del bólido ya no se se escuchaba por la calle de Rubí. Ahora, su celular vibraba con insistencia sobre su mesita de noche. Se inclinó ligeramente para saber quién llamaba: Era Daryl. Estuvo a punto de contestar sin siquiera pensarlo un segundo, pero se abstuvo justo antes de sucumbir. No podía abrirle la puerta otra vez y que todo acabara igual o peor que la última vez. Con Daryl todo era incierto, además, ella no debía olvidar que estaba con Nyo y no podía continuar engañándolo con otro hombre y mucho menos si se trataba de su mejor amigo. ¿En que acabaría todo si continuaba con ese peligroso juego? Ni siquiera lo quiso imaginar. Inspiró profundamente para darse ánimos y coraje. Resistirse a Daryl no era tarea sencilla y requería de todo su autocontrol. Pero la noche recién comen

