Capítulo 10 (p1)

4701 Palabras
Rubí arrastró los pies y se apresuró a llegar a la entrada para atender al inesperado visitante lo más rápido posible y evitar que su plato de comida se enfriara. Se empinó para observar por la mirilla a la persona que estaba del otro lado. Atónita, apartó la mirada tan pronto como lo reconoció y negó incrédula. ¿Qué hace él aquí?, se preguntó. Volvió a mirar para comprobar que sus ojos no la estaban engañando, ahí estaba Daryl esperando que abriera la puerta. Rubí dudó y reflexionó detenidamente antes de abrir, ¿A qué podría haber ido a su departamento? Ninguna de las hipótesis que formuló su mente tuvo sentido y decidió no dejarlo pasar. Se dió media vuelta y se dispuso a regresar de puntillas y fingir que el departamento estaba solo. Como una graciosa caricatura, Rubí avanzó sigilosa procurando hacer el menor ruido posible. —Rubí, ábreme. Ya sé que estás adentro. Te escuché arrastrar los pies. Rubí se detuvo con la sensación de que las paredes se habían vuelto transparentes y Daryl podía observarla fácilmente escabulléndose de él. Cerró los ojos haciendo graciosas muecas de enfado. Ya no podía evitar la situación. —Ábreme —insistió Daryl—. Se trata de Nyo. —¿Nyo? —susurró Rubí. Hace semanas que no sabía nada de él, ¿le habría ocurrido algo? No pudo con la intriga. Se giró hacia la puerta, y antes de abrir, comprobó su vestimenta: era la peor de sus tenidas y Daryl había escogido precisamente ese día para llegar de sorpresa a su departamento. Suspiró rendida, ¿que más daba? no era como si ella deseara impresionarlo, y sin pensarlo más, quitó el seguro y abrió la puerta. Los ojos de Daryl se enfocaron en el rostro femenino y le pareció descubrir una nueva Rubí, una muy distinta a la mujer del bar. Conservaba su belleza y sus facciones delicadas, más la expresión de su rostro era diferente. A cara lavada, tenía un aspecto luminoso como el de una niña dulce e inocente, y su cabello estaba atado en un recogido desenfadado. Algunos de sus mechones se habían escapado y adornaban sus mejillas. "Qué encantadora", admitió Daryl con el pensamiento. Le gustó esta Rubí, más genuina y natural. Sus ojos comenzaron a descender lentamente para contemplar el cuadro completo. Por entre la abertura de su ancho tapado, podía distinguirse las curvas de su figura que la camiseta ceñida dibujaba a la perfección. Daryl sonrió cuando llegó a sus pies y vió sus pantuflas de gatitos. —Así me visto en casa —se excusó Rubí al notar que Daryl la detallaba con curiosidad. —Estás perfecta —le respondió mirándola a los ojos. A Rubí le pareció una ironía camuflada, un hombre como él jamás consideraría atractiva a una mujer vestida así. Pero las palabras de Daryl eran ciertas, tan ciertas, como su creciente atracción por ella—. ¿Puedo pasar? —pidió con tono sutil parecido a un ruego. —Adelante... —Se apartó del umbral y le permitió la entrada. Daryl avanzó hasta la sala y escaneó el departamento con la mirada. Lo recorrió por completo en unos pocos segundos. El espacio era exageradamente pequeño para su gusto, y es que en comparación con su mansión cualquier espacio parecía reducido. Sin embargo, la decoración era elegante con ese encantador toque que aportaba la sensibilidad femenina. —Bonito lugar... —Gracias... De pronto, la expresión de Daryl cambió en un segundo y la miró sorprendido como quien haya un tesoro valioso. —¿Estás cocinando comida puertorriqueña? Ella le sonrió. —Tienes buen olfato. —Crecí con ese aroma. Puedo reconocer fácilmente el olor de los tostones y las especias del sopón. —Esos olores eran más que simples aromas deliciosos. Estaban llenos de recuerdos de su infancia—.¿Quién te enseñó la receta? —inquirió expectante. Deseaba tener algo en común con ella. —Lo aprendí en internet... —se apresuró en responder. —Ah... —murmuró Daryl sin poder ocultar su decepción. Los ojos de la joven esperaban pacientes a que Daryl comenzara a hablar, en cambio él, no dejaba de mirar su cocina. Rubí pudo deducir fácilmente sus pretenciones, y aunque no le hacía ilusión invitarlo a comer, Daryl había salvado su vida. Invitarlo a comer era lo mínimo que ella podía hacer en retribución. —¿Quieres comer... —aún no terminaba de formular la pregunta y Daryl ya iba camino a la cocina sin esperar una segunda invitación. —Con gusto me quedo a comer contigo. —Primero te lavas las manos —exigió Rubí caminando detrás de él. Daryl sonrió con nostalgia, esas palabras parecían un deja vú. Le preparó un lugar frente a ella, y se acercó al mueble para sacar un plato y le sirvió una porción generosa. El rostro de Daryl reflejaba la felicidad que sentía de comer una de las preparaciones típicas de su tierra. Tomó uno de los tostones y lo untó en la comida caliente. Sopló un par de veces para evitar quemarse y dió el primer bocado. Al sentir los sabores mezclándose en su boca, cerró los ojos para disfrutar con mayor intensidad los sabores de las especias, las aceitunas y de la salsa mezclados con el arroz y el pollo. —¡Cielos, no puede ser...! —manifestó casi con incredulidad—. Sabe igual al que preparaba... —Daryl calló súbitamente al comprender del rumbo que estaban tomando sus palabras. La información que estaba a punto de revelar pertenecía a su pasado que escondía celosamente. Precavido, levantó la mirada de su plato para ver si Rubí había notado alguna señal en sus palabras. Ella, con ojos curiosos, esperaba que continuara con el tema. Daryl carraspeó para esconder su incomodidad y prosiguió—: Quiero decir, esta preparación sabe igual a la que comía de niño. —Entonces te gustó —quiso saber ella y le regaló una sonrisa complacida. —Mucho, está delicioso. —Los pensamientos de Daryl volaron hasta aquellos recuerdos felices en que celebraba el Día de Reyes, junto a su Naná y su hermano Matt en una pequeña casa, humilde y sencilla, pero no carente de amor. —Me alegra que te haya gustado. Tómalo como una muestra de mi gratitud por haberme salvado la vida. Daryl no supo que lo satisfacía más: la exquisita comida que lo transportaba a los bellos recuerdos de su infancia o la sedosa voz de Rubí agradeciéndole mientras lo miraba a los ojos. —Si así serán las retribuciones, feliz me convierto en tu guardaespaldas —bromeó Daryl con una sonrisa seductora y cogió otro bocado—. ¡Mhmmm! —exclamó con satisfacción—. En verdad esto está muy bueno, Matt debería... Una vez más, se calló a media frase. —¿Matt? Quién es Matt. —Es... un amigo, fanático de la comida puertorriqueña —mintió Daryl que no compartía su vida personal con nadie, mucho menos con una mujer. Daryl y Rubí tenían mucho más en común de lo que ellos podían llegar a imaginar, y les tomaría tiempo llegar a descubrirlo: no había prisa. El amor algunas veces era así, se tomaba su tiempo para comenzar a actuar. Y ahí, en ese sencillo momento compartiendo la mesa y una sabrosa comida, sus corazones comenzaban a reconocerse sin que ellos lo pudieran advertir. –Me encantaría ofrecerte un poco más, pero no pensaba recibir visitas hoy —se disculpó Rubí al ver que su comensal ya terminaba su porción. —No te preocupes. Disfruté mucho la comida, gracias. —De nada. Ahora cuéntame, que querías decirme de Nyo. Daryl la miró con cautela. No sabía como abordar el tema, ni como reaccionaría Rubí frente a lo que tenía que revelar. —En realidad, no se trata de Nyo exactamente... —Daryl inspeccionó el semblante de la bella mujer sentada frente a él: mantenía la expresión dulce y serena como una musa de Boticceli—. Más bien, se trata de ti. —¿De mí? —cuestionó con sospecha. Algo se traía Daryl entre manos. La señal de advertencia en los ojos avellanados era clara—. Puedes hablar... —accedió con cierta desconfianza. —¿Sabes dónde está Nyo en estos momentos y lo que está haciendo? Rubí cambió inmediatamente de expresión y se mostró reticente. Percibía la doble intención en las palabras de Daryl y decidió evitar el tema para protegerse. —¿A qué viene tu pregunta? —¿Lo sabes o no? —insistió Daryl con impaciencia. —Sí, lo sé —admitió de mala gana. —¿Y sabes con quién está? Rubí comprendió hacia donde se dirigía la conversación y se levantó inmediatamente de la mesa perdiendo el buen humor. Recogió los platos con una actitud indescifrable y los llevó al fregadero en completo silencio. Le fastidiaba que Daryl interviniera en sus asuntos personales, sobre todo porque no le había dado la confianza para hacerlo. El trigueño se levantó de su lugar y la siguió sin vacilar. Se empeñaba en hablar con ella a toda costa. Se detuvo junto a ella y analizó el perfil de su rostro detenidamente: su incomodidad era visible mientras fregaba los platos en total reserva. —Rubí… —insistió casi con exigencia. —Lo sé y no quiero hablar de eso contigo, Daryl... —le advirtió tajante. —No creo que sepas realmente lo que está sucediendo... —¡Ya lo sé! —lo interrumpió muy segura de conocer la verdad. Daryl la observó incrédulo. —¿Qué carajos dices...? ¿Lo sabes y aún así estás con él? —No te entrometas en lo que no te importa —exigió sin poder mirarlo a la cara. Rubí sabía que clase de hombre era Nyo y hasta que punto Genie estaba involucrada. Pero no hablaría de ese tema precisamente con él que era el mejor amigo de Nyo. —En verdad eres una idiota si estás con alguien que te engaña de la manera en que lo hace Nyo. Rubí tiró la esponja al fregadero y lo miró furiosa. —¡Y eso a ti en que te afecta! No te debe importar en lo más mínimo. —¡Abre los ojos! ¿Acaso no te das cuenta que Nyo te está usando para sacar provecho económico de ti? Te mira como si fueras su banco personal. Rubí se mordió la lengua para no responder y continuó lavando el mismo plato por enésima vez sin hacer caso de la insistencia de Daryl. No podía decirle como eran realmente las cosas. Era un secreto entre ella y Nyo. El mutismo en el que se aisló, frustró profundamente a Daryl que la examinaba confundido. ¿Cómo era posible que ella supiera lo que estaba pasando y se quedara sin hacer nada? Tenía que hacerla reaccionar de alguna manera. —Me equivoqué contigo. Creí que eras inteligente, Rubí, pero veo que eres igual o más estúpida que las demás. Esta vez Rubí perdió la paciencia y se dió la vuelta para encararlo. —¿¡Con qué derecho te atreves a ofenderme en mi propia casa!? —Se acercó a él desafiante sin importarle que Daryl era varios centímetros más alto—. ¿Por qué no muestras un poco de hombría y me dices de una buena vez porqué me odias tanto? —¿¡Qué yo te odio!? —¡Es evidente!, desde que te conozco no has hecho otra cosa que ofenderme con tus palabras y actitudes. ¡Anda, dime! ¡Qué fue lo que hice para ganarme tu desprecio! —¡Yo no te odio, Rubí...! —escupió entre dientes sin ser capaz de decir nada más, ¿cómo le explicaba el cambio radical de sus sentimientos hacia ella? —¡Oh, claro que sí! Te desagrada mi presencia, y no me lo puedes negar. ¡Anda! Sé más hombre y reconócelo. —¿¡Quieres saber lo que realmente odio!? —Daryl se acercó a ella amenazante y la obligó a retroceder hasta chocar con el fregadero. Intimidada, Rubí apretó la mandíbula para conservar su valentía y no llorar. Sabía que las palabras mordaces de Daryl la herían con mayor facilidad que las demás. —¡Dilo! —lo desafió sin acobardarse. —¡Odio que le pertenezcas a otro! a uno que ni siquiera te merece. Rubí abrió los ojos alucinada, ¿acaso había escuchado bien? —¿Qué...? —balbuceó desconcertada. Esperaba de todo, menos la confesión que acababa de escuchar. —Odio que le pertenezcas a él. Odio mirarte de lejos y no poder tocarte. Rubí abrió la boca, pero no pudo decir nada. Los ojos avellana de Daryl la tenían prisionera. Eran como dos llamas que bailaban frenéticos sobre los suyos y encendían la pasión en su pecho. Daryl se acercó a ella con claras intenciones, y aunque Rubí intentó huir de esa mirada lobuna el mueble detrás se lo impidió. —Daryl, no... —le rogó para detenerlo. Sabía que no estaba bien dejarse seducir por el mejor amigo de su chico, pero por una ilógica razón, deseaba con todas sus fuerzas estar entre sus brazos y sentir el cálido contacto de su boca masculina. Daryl se detuvo sin retroceder ni un centímetro. Y como si las circunstancias forzaran la unión entre ellos, el tapado de Rubí se deslizó por su brazo dejándolo descubierto. Los ojos de Daryl recorrieron su piel desnuda con una lentitud tal que dejó un dulce cosquilleo a su paso. Fijó la mirada nuevamente en ella y sonrió con renovada satisfacción. —Estás sonrojada —susurro con suavidad. Era la primera vez que veía a Rubí sonrojarse y le fascinaba provocar ese efecto en ella. Esa mujer difícil de pertubar, no quedaba indiferente ante él. —¿Qué...? —Confundida, Rubí se llevó una mano a la mejilla. Estaba tan ocupada intentando calmar lo intensos latidos de su corazón, que no se había dado cuenta que tenía las mejillas encendidas. Daryl intentó acercarse a su boca. Rubí lo frenó con la mano sobre su pecho. El contacto de rechazo no lo desalentó, al contrario, avivaba su deseo por ella. Le tomó la mano con suavidad con un gesto íntimo, como deseando retenerla cerca de él. Sus manos quedaron entrelazadas, bailando al ritmo acompasado de su corazón. Temerario, Daryl intentó acercarse a ella otra vez. Rubí nuevamente lo rechazó apartando la cabeza. Sin embargo, era cada vez más difícil resistirse a su encanto masculino. Las sensaciones que Daryl despertaba en ella eran abrumantes. ¿Cómo era posible que ese hombre que hace unas semanas la odiaba, ahora estaba tratando de besarla? ¿Es que acaso la más vehemente pasión nacía en el fuego del desprecio? Ya estaba acorralada, Daryl la mantenía contra el mueble sin escapatoria alguna. Se acercó a sus labios tentadores y pudo rozarlos esta vez. Rubí cerró los ojos involuntariamente pues el deseo comenzaba a tomar dominio de su voluntad. Daryl notó su lucha interna y supo como debía proceder con ella: con paciencia y suavidad. Deseaba tomarse su tiempo con Rubí para poder disfrutar hasta del roce más mínimo. Le acarició los labios con los suyos, sin presionarla. Pedía delicadamente el consentimiento para probar del dulce néctar femenino. Y obtuvo respuesta, la boca de Rubí se abrió dándole la bienvenida. En el momento en que sus lenguas se encontraron, el beso pasó de la delicadeza al deseo incontenible. Rubí sintió como las manos masculinas invadían su cuerpo con exquisito placer. Una la sostenía por la nuca para impedir que se escapara. La otra se escabulló por debajo de su camiseta. Cada caricia le arrancaba a Rubí un suspiro, los que Daryl recibía con deleite en su boca y encendían la sangre que recorría sus venas. Con el deseo invadiendo su cuerpo, Daryl quiso más de ella y aprisionó sus caderas contra el mueble. Era una mujer adictiva y placentera. Se negaba a soltarla. Las intenciones de Daryl eran claras, y atemorizada por el rumbo que iban tomando las circunstancias, Rubí lo empujó y se apartó de él. Lo deseaba. Pero no podía dejarse llevar de esa manera tan irracional. Caminó unos pasos hacia la ventana dándole la espalda a Daryl. Necesitaba calmar su respiración y recobrar el sentido. —Esto no está bien —reflexionó con una mano en la cabeza y la voz entrecortada—. Vete por favor. Daryl se acercó a ella e intentó tocarla para poder tranquilzarla. —No, no me toques. Sólo vete, Daryl —le impidió que se acercara. Si él la volvía a tocar, perdería completamente el control. Aunque Daryl deseaba insistir, decidió retirarse en silencio y respetar su deseo. Camino a la puerta sonrió con entera satisfacción. Había conseguido tocarla y hasta besarla. Sin embargo, lo que más le produjo satisfacción fue ver su reacción. Era evidente que Rubí se sentía culpable, y eso quería decir que no era su costumbre engañar a sus parejas, y como le complacía saberlo. Definitivamente, Rubí no era la mujer que él pensaba. Cada vez conocía algo fascinante de ella y estaba loco por descubrir más. En el momento en que Daryl cerró la puerta del departamento, Rubí se llevó una mano al pecho y la otra a los labios. Ambos le ardían deseosos por más. ¿Qué estaba pasando con ella? ¿Por qué ese hombre tenía el poder de hacer latir su corazón de esa manera tan salvaje e indomable? Daryl subió en su deportivo y no fue capaz de arrancar de inmediato. El íntimo momento compartido con esa hermosa mujer, lo importunaban de manera insistente y debió hacer una pausa para recobrar el sosiego. Cerró los ojos y se dejó invadir por esa deliciosa sensación de tenerla en sus brazos. Rubí era sublime, adictiva, dulce y sensual, todo a la vez. Había superado todas sus expectativas ampliamente. El olor de su perfume, la suavidad de su piel y sus cabellos, el dulce sabor de su boca y sus excitantes gemidos eran capaces de enloquecerlo de deseo. Ahora la sonrisa de satisfacción en su rostro parecía perpetua y pasarían varios días antes de que se pudiera borrar de sus labios. Que giro tan sorpresivo e insospechado había tomado la dirección de sus rumbos. Rubí era la más desconcertada con el drástico cambio de los sentimientos de Daryl por ella. Cada vez que recordaba la forma en que él la había besado y lo que había sentido con sus caricias tiernas y apasionadas a la vez, el corazón le latía con frenesí. Todo se sentía tan ilógico para ella. Estaba segura que no tenía sentimientos hacia Daryl, aún así, su cuerpo reaccionaba a su contacto y no tenía la fuerza para rechazarlo. Era un deseo violento e impetuoso. Pero el haberse dejado llevar por esa vehemente pasión, traería consecuencias irremediables a sus vidas, consecuencias que ninguno llegaba siquiera a sospechar, y que inevitablemente, repercutirían en terceros. EL amor es el sentimiento más grande que un ser humano puede llegar a experimentar, pero a veces, se debe pagar un alto costo para obtenerlo.  —¿Qué demonios te pasa? —Nada... ¿Por qué preguntas? —No has dejado de sonreír como un maldito idiota. Daryl, no había podido borrar el recuerdo de aquel momento en que besó a Rubí. A pesar de que eran varios los días que habían transcurrido, permanecía vívido en su memoria. Ahora Nyo lo observaba con cierta sospecha mientras bebían una copa en el camerino del bar. Daryl ansiaba volver a verla, pero sólo se había encontrado con el genio malhumorado de su bro. —Quiero que me digas la verdad, Daryl —Los ojos del mulato se oscurecieron de manera inquietante y taladraron el rostro alborozado de su amigo. La mente calculadora de Daryl encendió todas las alarmas al instante. —La verdad sobre que... —tanteó terreno con precaución. —¿Que pasó exactamente con Rubí? El trigueño abrió los ojos alarmado, ¿Acaso Nyo ya estaba enterado de lo sucedido entre él y Rubí? ¿y si ella se lo había contado? "Maldición", renegó Daryl dentro de sí. Había estado tan hipnotizado con la boca de Rubí aquel día en su departamento, que ni siquiera había pensado en esa posibilidad. Bebió del líquido dorado de su copa para mantener la sangre fría y respondió con actitud tranquila: —No ha pasado nada con Rubí... —¡No me mientas, Daryl! —objetó el mulato perdiendo la poca calma que le quedaba—. Tú insinuaste algo ese día que me descubriste con Genie. Quiero que seas tú quien me diga que fue lo que pasó realmente ese día en tu mansión. —Ah... te refieres a eso... —suspiró aliviado. Había estado a punto de echarse la soga al cuello por cuenta propia. —¿De qué otra cosa podría estar hablando? —ironizó Nyo ya cabreado de que Daryl siguiera actuando como idiota. Parecía tener la cabeza en otro lado—. Quiero los detalles, Daryl. Todos los detalles —exigió. —Pues... tu adorada Genie empujó deliberadamente a Rubí a la piscina —soltó sin más—. Al principio pensamos que se trataba de una jugarreta entre ellas, pero luego nos dimos cuenta que Rubí no era capaz de mantenerse a flote. En serio, bro, cuando vi a tu chica luchando por su vida me lancé a la piscina sin pensarlo dos veces. Nyo no daba crédito a las palabras de Daryl y lo contempló atónito sin decir nada. —¿Por qué te sorprende? —quiso saber Daryl extrañado por la reacción de Nyo. —La versión de Genie con la de Rubí son diametralmente opuestas. —Y tú le creíste a Genie —afirmó el puertorriqueño agudizando la mirada. Nyo asintió avergonzado—. Y por eso Rubí ahora no viene al bar... —acertó nuevamente y Nyo volvió a asentir—. Bro, en serio estás en problemas, ¡carajo, Nyo! ¡te lo advertí! —¡Ya lo sé! —respondió el moreno exasperado—. No creí que Genie fuera capaz de hacer una cosa así. Me dijo que había sido un accidente que intentó evitar, y yo creí en su palabra. —No, bro. No fue un accidente. Cuando Rubí fue por sus cosas Genie se interpuso en su camino y de un momento a otro la lanzó a la piscina. Rubí ni siquiera alcanzó a reaccionar. —Es exactamente lo que dijo Rubí —reconoció con pesar. —Pues tu chica no mintió. —No creo que Genie lo haya hecho con mala intención —Nyo intentó justificarla como hacía siempre—. Ella no estaba enterada de que Rubí no sabe nadar. Está celosa y tal vez quiso molestarla un rato. Ya sabes como son las mujeres cuando están celosas. —Estoy completamente seguro de que no se trató de una jugarreta —contradijo Daryl con tono grave—. Genie no mostró ni una pizca de arrepentimiento cuando saqué a Rubí del agua, al contrario, parecía orgullosa por lo que había hecho. Esa mujer es malvada, Nyo, y perjudicará tu relación con Rubí si tú no le pones un atajo definitivo. Era casi conmovedor escuchar los consejos que Daryl le daba a Nyo, si no hubiera sido porque días atrás había besado a su chica sin importarle su amistad de años con él. Aunque parecía tener una actitud cínica, en realidad, Daryl se encontraba en una encrucijada y se debatía entre su amistad sincera con Nyo, y los sentimientos cada vez más fuertes que sentía por Rubí. Al final, prevalecería el sentimiento más dominante. —Hablaré con Rubí y aclararé todo —Nyo arrugó el ceño y bebió de su copa en completo hermetismo. Daryl tenía miles de preguntas rondando en su cabeza. La relación entre ellos era extraña, ambos parecían guardar un secreto que no estaban dispuestos a revelar. —De ahora en adelante sé más precavido, o ella terminará por cansarse y te dejará —sugirió Daryl aparentando indiferencia. —No lo hará. —¿Cómo estás tan seguro? cuando una mujer se cansa no da más oportunidades. —A Rubí no le conviene dejarme —insinuó de manera misteriosa. Daryl confirmó sus sospechas: algo escondían ellos dos, lo que agudizó su interés por ella y reflexionó en silencio. Todo le parecía confuso y sospechoso. Rubí estaba enterada de las aventuras de Nyo y no hacía nada al respecto, y por otro lado, Nyo parecía estar muy seguro de su relación con ella. ¿Qué clase de poder ejercía Nyo sobre Rubí? ¿O sería que su relación era solamente por conveniencia? Todo era un misterio, y Daryl era brillante descifrando enigmas. Los ojos le centellearon de excitación, ansioso por descubrir la verdad. Su mirada color ámbar era la de un lobo rapaz buscando el momento preciso para arrebatarle la presa a su oponente. Al día siguiente, Rubí preparaba el material para estudiar durante la tarde de domingo cuando fue interrumpida por una llamada en su celular. Sacó el teléfono de su bolsillo y contempló perpleja el nombre que anunciaba la pantalla: Nyo. —¿Sí? —¿Estás en tu departamento? —Sí... —¿Puedes abrirme? Estoy parado frente a tu puerta... —Oh... está bien. —Rubí salió de su habitación y caminó sorprendida hasta la entrada para abrirle a Nyo. Él jamás la visitaba y Rubí pensó que si su chico se había tomado la molestia de llegar hasta allí era porque realmente tenía algo importante que decir. Abrió la puerta y ante ella se materializó la imagen desaparecida de su moreno. —Hola... —saludó Nyo y fijó la mirada en el rostro perplejo de Rubí. —Hola... —respondió ella notando la seriedad en su expresión—. Que sorpresa verte por aquí. Nyo asintió lentamente. —¿Me permites entrar? Necesito hablar contigo. —Sí, pasa. —A Rubí se le cortó la respiración. El matiz de gravedad que percibió en las palabras de su chico le hicieron pensar lo peor. "Es el fin", intuyó. Nyo entró en silencio y reconoció el lugar que había visto un par de veces. Con las manos en los bolsillos se paró cerca de la mesita del pequeño salón, el lugar le parecía asfixiante. —¿Tienes algo de beber? —pidió para ganar algo de tiempo. —Sólo agua —respondió ella en tono de disculpa. —Agua está bien... Rubí fue hasta la cocina por una botella de agua tónica y se la trajo a Nyo quien bebió en silencio bajo la atenta mirada de su chica que lo examinaba de pie junto al sofá. Parecía confundido y evitaba hacer contacto visual con ella. Para Rubí fue notoria su incomodidad y decidió adelantarse: —Está bien, Nyo. Si ya tomaste una decisión yo la aceptaré. —No es lo que piensas... —Nyo dejó la botella sobre la mesita y se atrevió a mirarla de frente esta vez. —Ah... ¿no? —Rubí guardó silencio y esperó a que Nyo comenzara a hablar. —Daryl me contó como sucedieron las cosas ese día en su mansión. Para Rubí no pasó desapercibido la descarga electrizante que sintió en el vientre cuando escuchó nombrar a Daryl. Inspiró profundamente para ignorar esa inoportuna reacción y dibujó una sonrisa forzada por la tristeza que le causaban las palabras de Nyo. —De modo que decidiste creerle a Genie y a Daryl antes que a mí. —La voz dulce y aterciopelada de la joven adquirió un tono apagado. Nyo tensó la mandíbula percibiendo su malestar. —Lo siento, nena. Pero a ellos los conozco mucho antes de conocerte a ti. Rubí dirigió la mirada hasta un punto vago de la alfombra y asintió desilucionada. —Y por eso me equivoqué —confesó el moreno sin dejar de mirarla. Los ojos negros de la hermosa mujer regresaron a Nyo y pestañeó varias veces con sorpresa. Nyo continuó—: Quiero que sepas que le prohibí la entrada a Genie al bar y corté todo contacto con ella.
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