Al fin Nyo había tomado una decisión, y prefirió a Rubí antes que a Genie. Era cierto que en numerosas ocaciones Nyo sacaba provecho económico de la influencia que Rubí ejercía sobre los hombres, pero su chica era importante para él. La quería sinceramente, con ese extraño sentido del amor que poseen los hombres... en su mayoría.
—¿Y por cuánto tiempo? —objetó Rubí incrédula. Como ya conocía la verdadera relación entre ellos no se fiaba del todo—. ¿Hasta que se te pase el enojo con ella?
—No, Rubí. Esta vez es en serio. Realmente estoy desilucionado de Genie y de su conducta.
Nyo parecía sincero, más Rubí sabía el poder de convencimiento y la habilidad manipuladora que poseían las mujeres, las que Genie empleaba a la perfección y sólo sería cosa de tiempo para que la mulata regresara para persuadir a Nyo a que volviera con ella. Parecía una partida de ajedrez donde se enfrentaba la astucia de dos mujeres, sin embargo, la sagacidad masculina de un tercero haría jaque mate a la partida.
—Sé que te lo he dicho muchas veces, Rubí, pero... ¿puedes perdonarme? —Nyo se acercó a ella lentamente y se detuvo a unos cuantos centímetros esperando la respuesta de su chica.
Rubí miró fijamente sus ojos oscuros y en ese momento recordó cuando permitió que los labios de Daryl la besaran deseosos y se sintió culpable.¿Cómo no iba a perdonarlo? Sonrió avergonzada y asintió afirmativamente. Después de todo, necesitaba de su chico. Nyo la rodeó en un abrazo silencioso sin saber que palabras pronunciar, había sido tan injusto con ella.
—Debo reconocer —dijo ella liberándose de su abrazo luego de unos segundos—, que ahora tienes más facilidad para reconocer tus errores. Cuando te conocí no eras así.
—Tú eres la que influyó en mí —admitió Nyo con una sonrisa de lado—. Sé que no te gusta recordar tu pasado, Rubí, pero gracias a esa vida pasada eres la mujer que ahora está frente a mí.
Rubí cruzó los brazos en oposición, que más bien parecía un gesto de protección, y se dió media vuelta en dirección a la puerta.
—Yo no estoy de acuerdo con eso, Nyo —susurró en un hilo de voz.
El moreno se percató de su incomodidad y no quiso importunarla más.
—Está bien. No hablemos de momentos desagradables. Mejor hablemos de cuanto te extrañé...
El moreno obligó a Rubí a girarse suavemente ansioso por acariciarla y besarla después de tantos días de estar privado de ella. Rubí se dejó llevar, pero su corazón no se entregó. Persistía dentro de ella una extraña sensación, una añoranza y deseo que nunca antes había sentido. Cerró los ojos y en su mente apareció la imagen de Daryl y el momento apasionado que habían compartido juntos. Ese hombre había entrado en su vida como un lobo rapaz que asalta a su presa por sorpresa y tal parecía que su objetivo era adueñarse de sus pensamientos y deseos. Rubí esbozó una ínfima sonrisa. Qué irónico le seguía pareciendo todo, por supuesto que ella jamás permitiría que eso ocurriera.
En la habitación, el orden había desaparecido y sobre la cama descansaban los dos después de una intensa unión.
—¿Volverás al bar? —Nyo apoyó su cuerpo sobre su codo izquierdo y examinó el semblante de su chica con temor. Ella le devolvió la mirada extrañada.
—Claro que sí, por qué me lo preguntas.
—Pensé que ya no querrías volver.
—El próximo sábado estaré en tu bar como siempre —lo tranquilizó con su dulce sonrisa.
—Quiero que lleguemos juntos como la primera vez y tu ibas agarrada de mi brazo.
Rubí le sonrió ampliamente. Recordaba perfectamente ese día y lo nerviosa que estaba. Rodeó el cuello de su guapo moreno y lo atrajo hasta su boca para besarlo suavemente.
—Lo haremos tal como deseas —le susurró con la voz sedosa y complaciente.