Capítulo 5 (p1)

4898 Palabras
 —Bueno, ¿qué era eso tan importante que querías hablar conmigo? —Ambos amigos desayunaban junto a la gran vista a la bahía de Nueva York. —Quiero buscar la manera de incrementar mi capital. Al escuchar esas palabras Daryl se relajó al instante y bebió un sorbo de su café n***o. Ahora los huevos con tocino si le parecían apetitosos. Tomó los cubiertos y se dispuso a comer más relajado. —¿Acaso tus negocios no marchan bien...? Creí que te iba de maravilla. —Absolutamente. —Nyo hizo una pausa con su desayuno y se dirigió a Daryl haciendo gestos con la mano al hablar—: Ya sabes, soy un hombre que tiene grandes ambiciones, y si tengo la oportunidad de hacer crecer mi capital, pues lo haré sin dudarlo. —¿Y qué tienes en mente? —Tengo entendido que los negocios con la mafia resultan bastante beneficiosos, y sé que tú tienes contacto con ellos. Daryl levantó la cabeza de su plato con incredulidad. —¿No estarás hablando en serio? —Ey, bro, ¡por supuesto que hablo en serio! No estoy jugando. Daryl, al ver la determinación en la mirada de su amigo, continuó decidido a persuadirlo de desistir con esa loca y peligrosa idea. —Eso fue hace mucho, Nyo. Y solo fui un intermediario en sus negocios, jamás negocié directamente con ellos. Es gente peligrosa y difícil de llevar. Debes matar a uno para entrar en sus organizaciones y a otros cuantos para escalar posiciones. Y yo seré un granuja pero jamás un asesino. No me involucro con la mafia, prefiero ser un lobo solitario, y tú deberías hacer lo mismo. —Realmente no deseo entrar en sus organizaciones. Ya sabes que no trabajo para nadie más que para mí mismo. Yo hablo de hacer negocios con ellos. No te preocupes, bro. Tú me das un contacto y del resto me encargo yo. —¡Eso es imposible, bro! —contradijo Daryl sonriendo burlón—. No les interesa hacer negocios con nadie porque ya controlan la economía de la ciudad. Tienen a su gente infiltrada en todas partes; combustible, drogas, alcohol, secuestros, asesinatos, apuestas. El crimen organizado lo controla todo. Se infiltraron en los sindicatos y controlan el negocio del concreto. Ganan una gran tajada por cada construcción que se haga en la ciudad. Son el gran dolor de cabeza del Fbi, porque saben de sus negocios fraudulentos, pero no como operan. —¡Demonios! Realmente es gente astuta. —exclamó Nyo con resignación y dejó los cubiertos sobre la mesa. Su apetito se había esfumado junto con su ilusión. Daryl asintió satisfecho al ver que Nyo había entendido que no era una buena idea buscar a la mafia para hacer negocios. Y justo en ese momento sus ojos brillaron con malicia. Era la oportunidad que estaba esperando para desenmascarar a Rubí. Que insistente obsesión tenía con esa mujer. —Sabes una cosa..., —dijo Daryl con entusiasmo y apoyó los codos sobre la mesa para captar la atención del moreno—. Hay algo que podría interesarte. —¿Qué cosa? —preguntó Nyo con creciente interés. —¿Has oído hablar de la familia Giuliano en Nápoles? —¿Te refieres a la Camorra? —Exacto. Vincenzo Giuliano, nieto de Giusepe Giuliano, viene cada cierto tiempo a América para supervisar sus negocios y concretar otros nuevos. Y justo en estos momentos está en la ciudad por algunas semanas. Nyo apoyó su mano izquierda sobre su muslo formando un ángulo obtuso con el codo y se acarició el mentón con el índice y el pulgar de la derecha, consideraba la opción que le ofrecía Daryl. Los Giuliano era una de las familias más poderosas que pertenecían a la camorra de Nápoles: una organización criminal mafiosa de Italia. —No me parece una buena idea —anunció el moreno con desencanto—. ¿Cómo enviaré mercancía hasta Nápoles burlando el control aduanero? Daryl sonrió con superioridad. —Por mar, en horario conveniente para poder burlar todo tipo de control. Eso lo arreglas con Vincenzo, es abogado, y tiene miles de artimañas para esquivar el control aduanero y la fiscalía antimafia. Nyo se mostró nuevamente interesado y preguntó expectante: —Dime cuando y donde. Daryl sonrió con astucia. Estaba seguro que esta vez sus planes darían resultado. Vincenzo era un atractivo italiano de ojos verdes, absurdamente rico y poderoso. Ninguna mujer se resistía a él. Y Rubí no sería la excepción, sabía que en cuanto viera al atractivo millonario mostraría su verdadera cara. —Yo te diré cuando. Lo llamaré para hablarle de tu interés en hacer negocios y si a él le interesa lo invitaré a tu bar. Es aficionado del whisky y las mujeres hermosas. —Puedo pedirle a Genie que... —No le gustan las morenas —intervino Daryl sin permitirle terminar. —¿Por qué no le gustan las morenas? —cuestionó Nyo frunciendo el ceño. —No lo sé, cosa de italianos. Le gusta cualquier tipo de mujer, pero de piel clara. —No sabe lo que se pierde —declaró Nyo con absoluta satisfacción. —Genie no es la única mujer con la que cuentas... —insinuó Daryl con la intención de llevar a cabo sus planes con Rubí. —Si estás pensando en Rubí, ¡olvídalo! Jamás la involucro en mis negocios. No quiero que se vea afectada si llego a tener problemas con la policía. "Eres tan ingenuo", pensó Daryl con disimulo. Las cartas ya estaban echadas, y todo indicaba que él sería el ganador. Ya disfrutaba anticipadamente de su victoria. Que gran satisfacción sentía Daryl al salir aquella mañana del departamento de Nyo. Ahora solo debía buscar la ocasión para reunir de manera casual a Rubí con el italiano sin que Nyo estuviera presente.  El momento que esperaba Daryl se había dado más pronto y fácil de lo que él pensaba. Vincenzo había aceptado reunirse con Nyo para hablar de negocios y llegar a un posible trato si realmente le interesaba lo que Nyo tenía para ofrecer. La ocasión llegó un día en que Nyo tuvo que salir de emergencia del bar, algo normal en un hombre ocupado como él, dejando a Rubí vulnerable y a merced de los planes de Daryl. —Con permiso. —Rubí se levantó de la mesa que compartían los tres, minutos antes de la salida apresurada de Nyo. Ya estaba harta de las miradas y sonrisitas burlonas de Daryl, y se fue a la pista a bailar mientras regresaba Nyo. —Adelante, su majestad. Rubí apretó los puños de rabia y se apartó rápidamente antes de borrarle la estúpida sonrisa de un manotazo. Esa noche, Rubí se distinguía más que nunca con su vestido de brillos color plata que centelleaba bajo los reflectores. Era largo y de mangas largas, con cuello bote que dejaba ver la delicada piel de sus hombros. Una abertura fruncida en el costado dejaba ver parte de su muslo derecho al caminar. Un vestido sencillo y recatado en comparación con los modelos que lucían las demás damas. Sin embargo, Rubí se destacaba por sobre el resto. Su esencia era poderosa y su cuerpo contorneado le aportaba al vestido la sensualidad justa sin necesidad de mostrar demasiada piel. Caminó hasta la pista robando varias miradas y suspiros a su paso. Daryl aprovechó el momento para poner su plan en marcha y sacó el móvil de su bolsillo. —¿Pronto? (¿diga?) —¡Vincenzo, amigo! ¿Estás libre esta noche? —Depende... —Escucha esto: negocios, escocés y mujeres bellas. —¿Dónde estás? —En el bar de Nyo, te envío la ubicación por mensaje. Después de veinte minutos el italiano ya estaba en el bar. Las miradas femeninas fueron capturadas por ese misterioso y elegante hombre de metro noventa que acababa de llegar. A su paso dejaba una fragante estela italiana que enloquecía las feromonas femeninas. Su atractivo era diez veces superior a cualquiera de los presentes y también su estatura, fácil de distinguir entre la multitud. Su elegante traje oscuro, hecho a medida, realzaba su cuerpo masculino, y su abundante barba resaltaba sus ojos verdes, impenetrables como la esmeralda. Llevaba el cabello peinado hacia atrás de manera natural. —Ven, pidamos una copa. Nyo, está por llegar. —Daryl llevó al italiano a la barra para pedir su licor favorito—.¡Cubano! Dos escocés, por favor. —Non voglio perdere tempo, Ortega. —Vincenzo, ¡por favor! —protestó con una sonrisa de superioridad—, estamos en América. —Te digo que no me hagas perder mi tiempo —sentenció el italiano con voz atronadora, capaz de enardecer el deseo femenino. —Tranquilo, hombre. Hace un momento estaba aquí, se presentó una emergencia impostergable, en cualquier momento regresará. Disfruta mientras tanto de este fantástico ambiente. —Dos escocés a la orden. —Roberto puso dos vasos frente a los hombres y sirvió un poco de licor en cada uno. Daryl le agradeció inclinando ligeramente la cabeza. Vincenzo bebió un trago y se dió la vuelta para contemplar las hermosas mujeres que eran su debilidad. Tenía bastante donde escoger y sonrió con deleite al ver que varias lo observaban con descarado interés. Daryl estaba ansioso esperando el momento en que el italiano descubriera a Rubí bailando sola en la pista. Si es que realmente lo conocía bien, sabía que en cuanto viera a Rubí se interesaría inmediatamente por ella. Y no se equivocó. Pronto, el vestido centelleante de Rubí llamó la atención del atractivo hombre de enigmáticos ojos verdes, quien clavó la mirada directamente sobre ella. Estaba de espalda y su ondulado cabello largo seguía el movimiento de su cuerpo. Le fascinaban las mujeres de cabello largo. Tantas cosas que podía hacer con el cabello femenino. Todas las mujeres que había tenido les encantaba ser dominadas con el. Daryl captó enseguida la mirada lobuna de Vincenzo y sonrió extremadamente satisfecho. Todo estaba saliendo mejor de lo que había planeado. —¿Ves algo interesante? —preguntó Daryl con malicia. —Oh, claro que sí. —Bebió un trago más, y avanzó en dirección a la mujer que había llamado poderosamente su atención sin mirar hacía atrás.  Rubí estaba totalmente ajena a lo que sucedía a sus espaldas. Sabía que Daryl podía estar observándola y prefirió no mirar hacia la barra y concentrarse solo en la música. La ayudaba a relajarse y olvidar la presencia de cierta persona indeseada para ella. De pronto, Rubí soltó un gritito de sorpresa cuando una mano firme la tomó del brazo y la obligó a girarse bruscamente. Fue atraída sin contemplaciones, hasta un cuerpo duro como el mármol y otra mano se posó de manera indecente en el nacimiento de su trasero. El contacto era tan íntimo e indecoroso que, por un momento, Rubí pensó que era Nyo que había llegado, pero en cuanto alzó la mirada y vió el rostro masculino se dió cuenta de que, definitivamente, ese no era Nyo. El rostro ante ella, era el de un hombre increíblemente atractivo: sus labios rosados se dibujaban en hermosas curvas que se afinaban en las comisuras pareciendo sonreír constantemente. Una nariz romana y barba cuidadosamente perfilada incrementaban su masculinidad. Sus ojos de esmeralda la miraban fascinados, jamás había visto belleza igual. Pero había algo oscuro y siniestro en su mirada que le congeló la sangre y la llenó de temor. —¡Suélteme! —rogó forcejeando con el hombre de exquisita fragancia. Emanaba sensualidad poderosa como el imán. —Una mujer tan bella no debería bailar sola —Vincenzo estaba excitado con ese cuerpo de diosa y rostro angelical y la aferró más duro contra su cuerpo para impedirle escapar. Rubí se sentía completamente invadida. Estaba prisionera e indefensa ante el agarre posesivo de aquel extraño de aura atemorizante. Había perdido completamente su seguridad. Las ideas se confundían en su mente y las palabras tardaron en salir. —Suélteme, por favor —volvió a rogar. Era lo único que lograba articular. El puertorriqueño miraba la escena desde la barra complacido. Pero pronto su satisfacción se vió empañada por el rostro de pánico de Rubí. Realmente estaba aterrada tratando de liberarse del italiano que la inmovilizaba con fuerza contra su cuerpo. Esa no era la reacción que él estaba esperando, ¿No debería estar encantada y sonriente? ¿Por qué entonces estaba a punto de llorar? —¡Maldita sea! —masculló con frustración por el intenso deseo que sintió en ese momento de protegerla. Bebió de su copa y caminó veloz hasta la pista de baile—. Vincenzo, suéltala —exigió en cuanto llegó hasta ellos. Varios miraban expectante la escena. No solo porque sabían que Nyo no permitía que nadie tocara a su chica, sino porque notaron el miedo en los ojos de Rubí. —Non mi va (no quiero) —se opuso el italiano desviando los ojos con desdén hacia Daryl. No tenía ni la más mínima intención de soltarla. Rubí seguía forcejeando inútilmente—. Estaba bailando sola. —¡Porque deseaba bailar sola! —exclamó Rubí con rabia. Al parecer Daryl conocía al sujeto y eso le devolvió un poco del coraje perdido. Vincenzo volvió a mirarla sorprendido de su coraje. Normalmente las mujeres no oponían resistencia alguna y aceptaban todo sin chistar. —Una hembra con carácter —declaró Vincenzo con placer—. No había tenido la fortuna de encontrarme con una mujer así. Creo que me divertiré mucho esta noche. El italiano le sonrió malévolo. A menudo los hijos de mafiosos sufren una especie de delirio de omnipotencia y creen que pueden disponer de ciudades enteras y de las personas que las habitan. Este era el caso de Vincenzo. Desde niño todo se le había dado a pedir de boca, incluida las mujeres. Y ahora estaba extasiado con la resistencia que oponía Rubí. Un juego excitante para él. —¡Vincenzo, suéltala! —insistió Daryl perdiendo la paciencia—. ¡Es la mujer de Nyo! La sonrisa se le borró al instante al atractivo italiano con aire de grandeza. —¿El que desea hacer negocios conmigo? —¡Sí, suéltala ya! En cuanto la liberó, Rubí se escondió detrás de la espalda de Daryl. Estaba jadeando de miedo. Y aunque sabía que Daryl no era de su confianza, ni ella de su agrado, lo prefería mil veces antes que a Vincenzo. —Mi scusi, signorina. Los Giuliano somos hombres de honor. Las mujeres de nuestros amigos o socios no se tocan. Rubí lo observó en silencio, sin responder. Era un hombre que despertaba sentimientos confusos, y en ella prevaleció el temor. —Ven, vamos a la barra. —Daryl puso una mano en el brazo de Vincenzo para animarlo a avanzar, y con el ceño fruncido le lanzó una breve mirada de soslayo a Rubí. Era la señal para que se alejara de inmediato. Ella lo comprendió enseguida y pasó rauda delante de ellos para refugiarse en el camerino de Nyo. Rubí daba vueltas desesperada al interior del camerino. Deseaba irse lo antes posible, pero el encuentro con ese hombre la tenía perturbada. ¿Qué tal si la seguía? No quería ni pensar lo que podía hacerle si caía en sus manos. De pronto, la puerta se abrió y Rubí miró ansiosa esperando ver a Nyo. —Permiso... —dijo Daryl entrando sigiloso y cerró suavemente. Rubí se giró de inmediato, dándole la espalda. No quería que la viera en ese estado, y avanzó hasta el mini bar. Daryl se quedó de pie junto a la puerta y la miró en silencio con precaución. Se sentía un poco culpable de verla así. Verdaderamente Rubí estaba muy afectada y atemorizada. ¿Por qué había reaccionado de esa manera? ¿No debería estar acostumbrada a ese tipo de situaciones?, se preguntó Daryl, y se dió cuenta que, tal vez, ella no era la mujer que él creía, y le concedió el don de la duda por primera vez. —¿Estás bien? —le preguntó Daryl con suavidad. No sabía que decir para tranquilizarla. Y además, necesitaba una coartada para no quedar como culpable delante de Nyo y fingió preocupación. —Sí... —respondió ella brevemente sin dirigirle la mirada. Estaba incómoda con su presencia. —Escucha... llamé a Nyo. Viene para acá. —Gracias... Rubí no entendía porqué motivo Daryl se había tomado la molestia de ir a verla para saber como estaba, ¿No se suponía que la odiaba? Se sentía tan insegura e incapaz de enfrentarse ahora a alguien como Daryl y sus duros cuestionamientos. Solo deseaba estar sola y se dió la vuelta con la intención de pedirle que se marchara. En ese preciso instante ocurrió algo que ninguno de los supo comprender. Se observaron en silencio, invadidos por una extraña sensación, como si se vieran por primera vez. Sin embargo, ambos eran demasiado orgullosos para admitir, incluso a sí mismos, que algo nacía dentro de ellos y lo descartaron al instante. La aversión pudo más esta vez. —Daryl, te voy a pedir que te re... La interrupción llegó desde la puerta y Rubí no pudo terminar la petición a Daryl para que saliera del camerino. Nyo entró agitado por las prisas y se detuvo junto a su amigo que se mantenía cerca de la entrada. Las palabras de su bro al teléfono lo habían alarmado. Percibió que el ambiente estaba tenso, y en la mirada de su chica pudo notar que algo no andaba bien con ella. —Daryl, ¿qué pasó? —Nyo interrogó primeramente a su bro. Tenía la misión de cuidar a su chica mientras el estaba ausente. —Llegó Vincenzo al bar. —¿Qué? —exclamó confundido—. Se suponía que nos reuniríamos durante la semana. —Así es, pero Vincenzo es un hombre impredecible. A los pocos minutos que saliste, me llamó ansioso por conocer tu bar y disfrutar de una copa. No pude negarme —mintió Daryl conservando un tono tranquilo y calculador. Rubí estaba atónita ante esos dos hombres que hablaban frente a ella sin incluirla en la conversación, como si de una niña indefensa se tratara. Y más coraje le dió al darse cuenta que ese italiano era conocido por ambos y que era el futuro socio de Nyo. Estaba completamente segura que nada bueno saldría de ello. —Ok, está bien. —Nyo le hizo un gesto con la mano para restarle importancia y animarlo a continuar con lo que realmente le interesaba en ese momento—. Dime que pasó con Rubí. —La vió bailando sola y..., quiso llevársela. —¡Demonios! ¡Siempre lo mismo, Rubí! —vociferó malhumorado perdiendo completamente la calma. La chica suspiró exasperada y se dió la vuelta nuevamente. No sólo tenía que soportar los malos comportamientos de los hombres que llegaban al bar, también tenía que lidiar con las injustas recriminaciones de Nyo y su manía de regañarla como a una niña cada vez que ocurría algo así. Daryl intervino tomando a Nyo del brazo y le susurro cerca del oído: —Ey, bro. Está asustada. Vincenzo fue un poco rudo con ella. —Daryl lo miró de manera significativa y Nyo comprendió a que se refería. Enseguida cambió de actitud. La miró con cautela, solo podía ver la gloriosa espalda de su chica y avanzó lentamente hasta ella. —Ey, nena..., ¿estás bien? —interrogó sutilmente frente a ella. —¡Nyo, no me digas que harás negocio con ese hombre! —respondió con otra pregunta un poco alterada. Sabía que a su moreno no le gustaría su intromisión, pero debía advertirle que aquella idea le parecía riesgosa. —Nena, te estoy preguntando si estás bien —insistió Nyo alzando una ceja exasperado. —¡Síí, Nyo. Estoy bien! —exclamó fastidiada de su actitud paternal—. Me asustó un poco su atrevimiento, eso fue todo. —Ok... —La observó en silencio procurando serenarse. —Nyo, no creo que hacer negocios con ese hombre sea una buena idea. No me da confianza. —Rubí, ya hemos hablado al respecto... —escupió irritado exaltándose otra vez. La chica resopló cansada de que Nyo jamás escuchara sus consejos. Esta vez tenía un presentimiento peor que los anteriores respecto a sus negocios fraudulentos. Por muy atractivo que fuera ese hombre italiano, Rubí sentía que algo muy oscuro y siniestro se escondía en su mirada. Su intuición había encendido todas las luces de alarma, advirtiéndole que debía mantenerse alejada de él. Sin embargo, tratar de convencer a Nyo era como pretender refrenar el viento con una mano, y prefirió hacer lo único que podía en esos casos de obstinación masculina. —Como quieras. Yo regresaré al departamento. No me siento segura con ese tipo presente en el bar. —Rubí, no puedes marcharte. Big Joe me pidió el día libre, y yo no quiero que regreses sola al departamento. ¿Por qué no esperas que termine mis negocios para irnos juntos? —¿Con ese tipo aquí? ¡Olvídalo! Tus negocios siempre los haces en tu camerino. Y yo me niego a esconderme de ese hombre porque no hice nada malo. De verdad, prefiero irme. Así trabajas tranquilo. Era inútil insistir. Nyo sabía que su chica no desistiría a su deseo de marcharse y miró a Daryl tratando de encontrar una solución que los dejara conforme a los dos. —Bro, ¿tú podrías llevarla al departamento? Daryl y Rubí abrieron los ojos alarmados. Ninguno de los dos estaba dispuesto a compartir un espacio tan reducido. Un silencio ensordecedor llenó el lugar. Uno que parecía interminable. Daryl estaba inmóvil mirando a su amigo con el deseo imperioso de decirle que por ningún motivo aceptaría. Lamentablemente, no podía negarse. No si deseaba mantener su coartada intacta. —Eh... sí, no hay problema... —vaciló poco convencido. Para Daryl era una completa exageración la actitud de Nyo. Esa mujer era perfectamente capaz de llegar sola al 50 West que quedaba a tan solo unas cuantas cuadras del bar. Estaba seguro que no se perdería por el camino. —¡No es necesario! —intervino ella con urgencia—. Puedo pedir un taxi. —Por favor, Rubí. Deja que te lleve Daryl. No quiero que te marches sola en este estado. Hay tantos hombres esperando verte vulnerable para intentar aprovecharse de ti... Daryl sintió que aquellas palabras era una especie de mensaje codificado entre ellos, lo supo por la manera en que se miraron; no pudo comprender su significado. —Lo siento, nena. Sé que te disgusta que tome decisiones sin consultarte... —insistió el moreno suavizando las palabras. —¡Odio que me trates como una niña, Nyo! —¡Lo sé! —confirmó indulgente—. Lo hago para protegerte, ¿lo sabes o no? —Sí, lo sé... —susurró rindiéndose a las dulces palabras de su guapo y protector mulato. Daryl contemplaba intrigado aquella escena. Se preguntaba porqué motivo Nyo protegía tanto a Rubí. Cambiaba drásticamente de actitud frente a ella. Parecía un tipo débil y dominable. Aunque después de lo que había pasado con Vincenzo, comprendía de cierta manera a su amigo. Esa mujer inspiraba un absurdo deseo de protección. —Estaré mucho más tranquilo si te lleva alguien de confianza. Sabes que vales mucho para mí, y no quiero que nadie te haga daño. —Nyo la tomó de los hombros con afecto. Rubí lo miró comprensiva. A pesar de que no le agradaba para nada la idea de que Daryl la llevara al departamento, no podía resistirse a aquellas dulces palabras y cedió a su petición. —Está bien, haré lo que me pides. —Esa es mi chica —declaró con orgullo y la besó. Daryl, incómodo, carraspeó para interrumpir el momento de romanticismo. No estaba dispuesto a ser el espectador frustrado. Durante unos quince minutos, Rubí esperó en el camerino a que Daryl presentara a los dos posibles socios que aún no se conocían. Luego, salió junto a Daryl del bar en completo silencio. Los dos estaban igual de incómodos, y malhumorados por la situación que ninguno había podido evitar. Caminaron por la calle nocturna, hasta que Daryl se detuvo junto a un deportivo n***o. De inmediato la alarma se desactivó con aquel característico sonido, y las luces parpadearon al mismo tiempo que se alzaron los pestillos de ambas puertas. Era un Bugatti Chiron, de color n***o y líneas doradas ubicadas estratégicamente por el contorno y por arriba del vehículo que le daban una elegancia insuperable a la potente máquina deportiva. Su diseño aerodinámico estaba pensado para alcanzar grandes velocidades en pocos segundos: 0-100 km/h en 2,5 segundos para ser exactos. Convirtiéndolo en el vehículo más rápido del mundo. —Está abierto... —dijo Daryl dando la vuelta por delante para subir en el. La satisfacción era fácilmente legible en su rostro. "Fanfarrón" se dijo para sí Rubí. Tomó la manilla y vaciló. La actitud arrogante de Daryl la hacía dudar. Estaba tan arrepentida de haber aceptado. ¿Qué podía hacer? Ya estaba tan cerca de llegar al departamento, que era su único deseo en ese momento. Sin más, resopló resignada y se subió al deportivo de lujo. El interior tapizado en cuero rojo era asombroso y perfectamente impoluto. El olor a cuero nuevo era intenso, Rubí primera vez que subía a un automóvil de ese tipo. Todo en su interior llamaba su atención. Parecía tan sofisticado y lujoso. No sabía para que servía la mayoría de las funciones e hizo un esfuerzo para no dejar ver su sorpresa. —Cinturón... —pidió Daryl sin siquiera dirigirle la mirada y activó el gps. No le agradaba la idea de llevarla precisamente a ella, sobre todo si vivía tan cerca, pero al menos podría presumir de su poder adquisitivo ante aquella interesada mujer. —Ok... —respondió ella de mala gana. —Ruta con menos tráfico al 50 west —consultó Daryl en su navegador. —Calculando ruta 50 west... Rubí giró la cabeza al instante y lo miró sorprendida. —¿50 west...? —preguntó confundida—. ¿Por qué vamos al 50 west? Daryl, impaciente, le devolvió la mirada y sonrió burlón. —¿No sabes que es el edificio donde vives con Nyo? O acabas de sufrir amnesia temporal por culpa de ese italiano. Rubí hizo un gran esfuerzo para no perder la poca calma que le quedaba. No valía la pena gastar sus últimas energías con él. —Por supuesto que no lo he olvidado —"idiota" se quejó su mente—. Pero yo no vivo con Nyo... —declaró con frialdad. De la boca de Daryl no salió ninguna palabra. Estaba totalmente aturdido procesando la inesperada información. Se preguntó si Rubí le estaba tomando el pelo para hacerle creer que no era la chica que él pensaba. Ella le sostuvo la mirada sin titubear. —Ah... ¿no? —preguntó incómodo. Se equivocaba otra vez con ella. —No. —Y entonces... —Bay Ridge, Broklyn. Daryl no daba crédito. ¿De verdad vivía en ese barrio lleno de edificios con departamentos minúsculos para personas que no tenían el dinero suficiente para pagar un lugar más cómodo? No lo podía creer. Rubí miró hacía adelante dando por terminada la interacción entre ellos. El trayecto fue en absoluto silencio. Daryl mantenía la mirada fija en la carretera. Desconcertado, su cabeza imaginaba miles de hipótesis para justificar la información que acababa de conocer. ¿Rubí vivía sola?Realmente no se lo esperaba, mientras Rubí miraba por su ventana deseando llegar lo más pronto posible. El lujoso Bugatti Chiron no encajaba en la sencilla calle donde había estacionado. El edificio de ladrillos era de dos pisos, modelo que se repetía y se combinaba con otros edificios de tres, cuatro, y seis pisos cuadra tras cuadra. —¿Aquí vives? —inquirió Daryl inclinando la cabeza para poder mirar por la ventana de Rubí y apreciar mejor el lugar. Seguía escéptico. —Sí —respondió ella quitándose el cinturón de seguridad. —¿Y el alquiler lo pagas tú? —osó preguntar sin vergüenza. Rubí lo miró molesta. —¿Qué sentido tendría vivir sola si el alquiler no lo pagara yo? Daryl no podía negar la gran habilidad de esa mujer de cerrarle la bocota atrevida con clase, y no se atrevió a preguntar más. —Gracias... Agradeció Rubí, y sin esperar respuesta, bajó del deportivo y subió a su departamento bajo la atenta mirada de Daryl que esperaba comprobar, hasta el último momento, que todo se trataba de una mentira. Sin embargo, la luz que se encendió en la ventana del segundo piso y la silueta que se vió a través de ella corriendo las cortinas, indudablemente correspondía a Rubí. Ya no habían más dudas para Daryl, ella vivía ahí. La curiosidad se coló por una pequeña r*****a de su mente y aumento a tal grado que ya no podía ignorar el deseo de saber más de ella. —¿Quién eres, Rubí? —susurró intrigado. Definitivamente no era la mujer que el creía. ¿De dónde sacaba el dinero para pagar el alquiler de un departamento así? Lo iba a averiguar, y se marchó con más preguntas que respuestas.
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